criatura que se pasa un tercio de su tiempo en la oscuridad. Es la limitada visión diurna del historiador, que el novelista evita en otros contextos. ¿Por qué no habría de comprender o reconstruir el sueño? Pues recordemos que tiene derecho a inventar, y sabemos cuándo inventa de verdad porque su pasión nos hace flotar por encima de las improbabilidades. Sin embargo, no ha copiado el sueño ni lo ha creado. Es tan solo una amalgama.
Amor. Todos vosotros sabéis cuán enormemente abulta el amor en las novelas, y probablemente convendréis conmigo en que les ha hecho daño y las ha vuelto monótonas.
¿Por qué se ha trasplantado esta experiencia concreta, especialmente en su forma sexual, en cantidades tan generosas?
Si pensáis vagamente en una novela, pensáis en un interés amoroso—en un hombre y una mujer que desean unirse y tal vez lo consiguen. Si pensáis vagamente en vuestra propia vida, o en un grupo de vidas, os quedáis con una impresión muy diferente y más compleja.