Esta es quizá una forma indirecta de decir lo que todo escolar británico sabía, que el historiador registra, mientras que el novelista debe crear. Aun así, es un rodeo provechoso, pues pone de relieve la diferencia fundamental entre las personas en la vida cotidiana y las personas en los libros. En la vida cotidiana nunca nos entendemos los unos a los otros; no existe ni la clarividencia completa ni la confesión total. Nos conocemos de manera aproximada, por signos externos, y estos sirven bastante bien como base para la sociedad e incluso para la intimidad. Pero las personas en una novela pueden ser comprendidas por completo por el lector, si el novelista así lo desea; su vida interior, así como la exterior, puede quedar al descubierto. Y esta es la razón por la que a menudo parecen más definidas que los personajes de la historia, o incluso que nuestros propios amigos; se nos ha dicho todo cuanto se puede decir sobre ellos; incluso si son
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III. Personas
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