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nydus/Aspects of the NovelPublic
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Fantasía

estuviera pasando. El conductor, que en ese momento está de pie en la acera, no puede ocultar su sorpresa, pero cuando su autobús vuelve san y salvo a la tierra, cree más prudente subirse a su asiento y alejarse como de costumbre. Los autobuses no giran lentamente por los aires—así que no lo hacen. Flecker acepta entonces el anillo. Su carácter, aunque levemente esbozado, es individual, y esa definición hace que el libro atrape.

Prosigue con una tensión creciente, una serie de pequeños sobresaltos. El método es socrático. El muchacho empieza pensando en algo obvio, como un Rolls-Royce. ¿Pero dónde va a meter esa maldita cosa? O una hermosa dama. ¿Pero qué pasa con su carte d’identité? ¿O dinero? Ah, eso ya se parece más; es casi un mendigo. Digamos un millón de dólares. Se dispone a girar el anillo para pedir este deseo —solo que, puestos a pedir, dos millones parecen más seguros— o diez —o—, y el dinero estalla en la locura, y ocurre lo mismo cuando piensa en una larga vida: morir en cuarenta años —no, en cincuenta— en cien—, horrible, horrible. Entonces se le ocurre una solución. Siempre ha querido ser un gran pintor. Bien, lo será al instante. ¿Pero qué clase de grandeza? ¿La de Giotto? ¿La de Cézanne? Ciertamente no; la suya propia, y no sabe cuál es, así que este deseo resulta asimismo imposible.

Y ahora una horrible anciana empieza a perseguir sus días y sus sueños. Le recuerda vagamente a la muchacha que le dio el anillo. Conoce sus pensamientos y siempre se le acerca sigilosamente por las calles para decirle: «Querido muchacho, querido muchacho, desea la felicidad». Con el tiempo nos enteramos de que ella es la verdadera bruja; la muchacha era una conocida humana de la que se valía para entrar en contacto con Flecker. La última de las brujas, muy solitaria. Las demás se suicidaron durante el siglo XVIII; no soportaron sobrevivir en el mundo de Newton, donde dos y dos son cuatro, y ni siquiera el mundo de Einstein está lo suficientemente descentralizado como para revivirlas. Ella ha resistido con la esperanza de destruir este mundo, y quiere que el muchacho pida la felicidad porque un deseo así jamás se ha pedido en toda la historia del anillo.

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