«Tengo muchísima dificultad para empezar a escribir mi parte de estas páginas, pues sé que no soy inteligente», gorjea Esther, y continúa en este tono con constancia y competencia, mientras se le permita sostener la pluma. En cualquier momento, el autor de su existencia puede arrebatársela y salir corriendo a tomar notas él mismo, dejándola sentada sabe Dios dónde y empleada en lo que no nos
Lógicamente, Casa desolada está hecha pedazos, pero Dickens nos arrastra de un lado a otro con tal energía que no nos importan los cambios de perspectiva.
Los críticos son más dados a poner objeciones que los lectores. Celosos de la eminencia de la novela, son un tanto propensos a buscarle problemas que le sean peculiares y la diferencien del drama; sienten que debe tener sus propios apuros técnicos antes de ser aceptada como un arte independiente; y como el problema del punto de vista es sin duda peculiar de la