Hay, sin embargo, una pregunta que toca nuestro tema y que solo un psicólogo podría responder. Pero hagámonosla. ¿Se alterará el proceso creativo en sí mismo? ¿Adquirirá el espejo una nueva capa de azogue? En otras palabras, ¿puede cambiar la naturaleza humana? Consideremos esta posibilidad por un momento; tenemos derecho a semejante desahogo.
Es divertido escuchar a los ancianos sobre este tema. A veces un hombre dice con tono seguro: «La naturaleza humana es la misma en todas las épocas. El hombre primitivo de las cavernas late en lo hondo de todos nosotros. La civilización... ¡bah!, una mera capa de barniz. No se pueden alterar los hechos». Habla así cuando se siente próspero y satisfecho. Cuando se siente deprimido y le preocupan los jóvenes, o se pone sentimental con ellos bajo el pretexto de que tendrán éxito en la vida cuando él ha fracasado, entonces adopta el punto de vista contrario y dice misteriosamente: «La naturaleza humana no es la misma. He presenciado cambios fundamentales en mi propio tiempo. Hay que afrontar los hechos». Y sigue así día tras día, afrontando los hechos alternativamente y negándose a alterarlos.
Todo lo que haré es plantear una posibilidad. Si la naturaleza humana cambia, será porque los individuos logran mirarse a sí mismos de una manera nueva. Aquí y allá, algunas personas —muy pocas, pero algunos novelistas están entre ellas— intentan hacer esto. Toda institución e interés creado se opone a tal búsqueda: la religión organizada, el Estado, la familia en su aspecto económico, no tienen nada que ganar, y solo cuando las prohibiciones externas se debilitan puede llevarse a cabo; la historia la condiciona hasta ese punto. Tal vez los buscadores fracasen, tal vez sea imposible que el instrumento de la contemplación se contemple a sí mismo, tal vez si es posible signifique el fin de la literatura imaginativa —lo cual, si le entiendo bien, es la opinión de ese agudo investigador que es el Sr. I. A. Richards—. De cualquier modo, por ahí se encuentra el movimiento y hasta la combustión para la novela, pues si el novelista se ve a sí mismo de manera diferente, verá a sus personajes de manera diferente y el resultado será un nuevo sistema de iluminación.