Codal
nydus/Aspects of the NovelPublic
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VIII. Patrón y Ritmo

por fin, muy adelantada. Pero no había conservado una gran noción de los puntos de contacto; pues no estaba en la naturaleza de las cosas en Woollett que el más fresco de los capullos se hallara en la misma cesta que la más marchita de las manzanas de invierno. > > … No obstante, sentía ahora, mientras estaba sentado con la encantadora muchacha, el notable crecimiento de una confianza. Porque era encantadora, bien mirado, y no menos por su visible hábito y práctica de libertad y fluidez. Era encantadora, se daba cuenta, a pesar de que, de no haberla encontrado así, la habría hallado algo que habría corrido el peligro de expresar como «graciosa». Sí, era graciosa, la maravillosa Mamie, y sin ni siquiera soñarlo; era afable, era nupcial —sin jamás, que pudiera averiguar hasta el momento, un novio que lo respaldara—; era hermosa y corpulenta, desenvuelta y habladora, suave y dulce y casi desconcertantemente tranquilizadora. Vestía, si se nos permitiera hacer tal distinción, menos de señorita que de anciana —de haberse podido suponer en Strether a una anciana tan entregada a la vanidad—; la complejidad de su peinado carecía además de la soltura de la juventud; y tenía un aire maduro de inclinarse un poco, como para animar y premiar, mientras sostenía pulcramente frente a sí un par de manos llamativamente pulidas: la combinación de todo lo cual mantenía en torno a ella el encanto de sus «recepciones», la situaba de nuevo perpetuamente entre los ventanales y al alcance del tintineo de los platos de helado, y sugería la enumeración de todos los nombres, especímenes gregarios de un solo tipo, que ella se

¡Mamie! Es otro tipo a lo Henry James; casi todas las novelas contienen una Mamie —la señora Gereth en The Spoils of Poynton, por ejemplo, o Henrietta

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