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nydus/June MoonPublic
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Prefacio

En el año 1898 hubo 201 accidentes viales fatales en la ciudad de Nueva York. De estos, ochenta y ocho fueron causados por vehículos de tracción a sangre y 113 por tranvías. En este último total se incluye a las personas que murieron de vejez mientras esperaban tranvías que no tenían el cartel de «Solo Cocheras». El año siguiente trajo el automóvil a la metrópolis estadounidense y las estadísticas atribuyen una víctima mortal a su llegada, frente a 103 muertes por vehículos de tracción a sangre y 167 por tranvías. No fue sino hasta 1913 que el automóvil se puso a la cabeza como arma letal, para no ser superado jamás. Después de 1918, los caballos y los tranvías prácticamente renunciaron a intentarlo, y las cifras del año pasado muestran que la cuestión ha dejado de ser una competencia para convertirse en una broma: 1.075 muertes por automóviles, 64 por tranvías y 14 por vehículos de tracción a sangre.

Se calcula que, de haber seguido luchando los carruajes de caballos y los tranvías y de haber mantenido su liderazgo inicial sobre los automóviles, para el año 1970 toda la población de la ciudad de Nueva York habría sido aniquilada sin que ello hubiera supuesto ningún daño.

The World Almanac, de donde se extrajo esta información, nos da un solo rayo de esperanza. En el distrito más grande de Nueva York, Brooklyn, hubo mil nacimientos menos y mil trescientas muertes más en 1928 que en 1927. También puede consolar a cierta gente saber que solo cincuenta mil neoyorquinos más hablan yidis y hebreo que inglés y céltico.

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