suyo propio; y por eso verán que un lomo dorado o un gran margen rara vez le servían de incentivo para comprar. Le bastaba con tener el libro.... Él mismo no era un mero nomenclador, versado únicamente en portadas, sino que había hecho ese uso justo y loable de sus libros que correspondería a todos aquellos que presumen de coleccionistas....
Permítame decir esto de él por conocimiento propio, que nunca escatimó su dinero en adquirir, ni su tiempo o esfuerzo en hojear ningún libro que creyera que pudiera serle de alguna manera instructivo; y teniendo la dicha de una memoria siempre fiel, siempre solícita, que nunca le abandonó, aunque atacada por frecuentes y graves enfermedades, y por la peor de todas las dolencias, la vejez, su deseo de conocimiento le acompañó hasta el final, y prosiguió sus estudios con igual vigor y aplicación hasta el extremo mismo de su vida.
Tenía trece Caxtons, que se vendieron en total por menos de dos guineas, menos de lo que estos libros obtuvieron en la venta de Richard Smith.
Un curioso volumen de Opúsculos, que consistía en “The Bellman’s Night Walks” (1632), “The Bellman of London” (1608), “Life of Ned Browne”, “Cut Purse”, etc., se vendió por 2 chelines y 8 peniques; la “Anatomie of Abuses” (1585) de Stubbe, por 8 peniques; y los “Five Hundred Points of Good Husbandry” (1590) de Tusser, por 4 peniques.
A pesar de estos bajos precios, el monto total de la venta fue de £1600, una vez deducidos los gastos de la venta —4 chelin por libra = £320—.
Al catálogo se le cargaron 2 chelines y 6 peniques.
La última venta del siglo XVII de la que se tiene registro es la de John Lloyd, obispo de St. Davids, vendido en 1699 por John Bullord en el Tom’s Coffee-House.