# ESBOZOS
La Compañía Judía está inspirada en parte en las directrices de una gran compañía de adquisición de tierras. Podría llamarse una Compañía Charta Judía, aunque no puede ejercer poder soberano y tiene cometidos distintos de los puramente coloniales.
La Sociedad Judía se fundará como una sociedad anónima sujeta a la jurisdicción inglesa, estructurada conforme a las leyes inglesas y bajo la protección de Inglaterra. Su centro principal estará en Londres.
Todavía no puedo decir cuán grande debe ser el capital de la Compañía; dejaré ese cálculo a nuestros numerosos financieros. Pero para evitar ambigüedades, lo fijaré en mil millones de marcos (alrededor de 50.000.000 de libras esterlinas o 200.000.000 de dólares); puede ser mayor o menor que esa suma.
La forma de suscripción, que será aclarada más adelante, determinará qué fracción del monto total debe pagarse de inmediato.
The Jewish Company es una organización de carácter transicional.
Se trata estrictamente de una empresa comercial y debe distinguirse cuidadosamente de la Sociedad de los Judíos.
La Sociedad Judía convertirá, ante todo, en dinero en efectivo todos los intereses adquiridos dejados por los judíos que partan. El método adoptado evitará la ocurrencia de crisis, asegurará la propiedad de cada hombre y facilitará esa migración interna de los ciudadanos cristianos que ya ha sido indicada.
# BIENES INTRANSFERIBLES
Los bienes no transferibles que entran en consideración son edificios, terrenos y conexiones comerciales locales. La Compañía Judía no asumirá al principio más que las negociaciones necesarias para efectuar la venta de estos bienes. Estas ventas judías se llevarán a cabo libremente y sin ninguna caída grave en los precios. Los establecimientos sucursales de la Compañía en varias ciudades se convertirán en las oficinas centrales para la venta de propiedades judías, y cobrarán por las transacciones únicamente la comisión necesaria para garantizar su estabilidad financiera.
El desarrollo de este movimiento puede ocasionar una caída considerable en los precios de la propiedad territorial, y es posible que con el tiempo haga imposible encontrar un mercado para ella. En esta coyuntura, la Compañía emprenderá otra rama de sus funciones.
Se hará cargo de la gestión de las haciendas abandonadas hasta el momento en que pueda disponer de ellas de la manera más ventajosa. Cobrará los alquileres de las casas, arrendará tierras e instalará a administradores de negocios —estos últimos, debido a la supervisión requerida, siendo también, de ser posible, inquilinos—.
La Compañía procurará por doquier facilitar la adquisición de tierras a sus arrendatarios, que son cristianos. En efecto, reemplazará gradualmente a sus propios funcionarios en las sucursales europeas por sustitutos cristianos (abogados, etc.); y estos no han de convertirse en ningún caso en servidores de los judíos; están destinados a ser agentes libres para la población cristiana, de modo que todo pueda llevarse a cabo con equidad, imparcialidad y justicia, y sin poner en peligro el bienestar interno del pueblo.
Al mismo tiempo, la Compañía venderá fincas o, mejor dicho, las cambiará. A cambio de una casa ofrecerá una casa en el nuevo país; y por tierra, tierra en el nuevo país; procurándose que todo sea trasladado, si es posible, al nuevo suelo en el mismo estado en que se encontraba en el antiguo.
Y esta transferencia será una fuente grande y reconocida de beneficio para la Compañía. «Allá» las casas ofrecidas en cambio serán más nuevas, más hermosas y con comodidades más modernas, y las fincas rústicas de mayor valor que las abandonadas; pero le costarán a la Compañía comparativamente poco, porque habrá comprado el terreno a muy bajo precio.
# ADQUISICIÓN DE TERRENO
El territorio que la Sociedad de los Judíos obtenga mediante el derecho internacional debe, por supuesto, ser adquirido de forma privada.
Las disposiciones tomadas por los particulares para su propio establecimiento no entran dentro del ámbito de esta cuenta general. Pero la Compañía requerirá grandes extensiones para sus propias necesidades y las nuestras, y estas deberá asegurarlas mediante una compra centralizada. Negociará principalmente para la adquisición de dominios fiscales, con el gran objetivo de tomar posesión de esta tierra «allá afuera» sin pagar un precio demasiado alto, del mismo modo que vende aquí sin aceptar uno demasiado bajo. Un encarecimiento forzoso de los precios no debe tomarse en consideración, porque el valor de la tierra será creado por la Compañía mediante la organización del establecimiento en conjunto con la Sociedad de Judíos supervisora. Esta última velará por que la empresa no se convierta en un Panamá, sino en un Suez.
La Compañía venderá terrenos para la construcción a precios razonables a sus funcionarios, y les permitirá hipotecarlos para la edificación de sus viviendas, deduciendo la cantidad adeudada de sus salarios o cargándola a su cuenta como un emolumento incrementado.
This will, in addition to the honors they expect, will be additional pay for their services.
Todos los inmensos beneficios de esta especulación de tierras irán a parar a la Compañía, que está obligada a recibir esta prima indefinida a cambio de haber asumido el riesgo de la empresa.
Cuando la empresa entrañe algún riesgo, los beneficios deben concederse libremente a quienes lo han asumido. Pero bajo ninguna otra circunstancia se permitirán beneficios.
La moralidad financiera consiste en la correlación entre el riesgo y el beneficio.
# EDIFICIOS
La Compañía cambiará, pues, casas y haciendas. A cualquiera que haya observado el aumento en el valor de la tierra a través de su cultivo debe quedarle claro que la Compañía obtendrá necesariamente ganancias en su propiedad inmobiliaria. Esto puede verse mejor en el caso de las parcelas cerradas tanto en la ciudad como en el campo.
Las áreas no edificadas aumentan de valor gracias al cultivo circundante. Los hombres que llevaron a cabo la ampliación de París hicieron una especulación exitosa con terrenos que resultó ingeniosa en su simplicidad; en lugar de levantar nuevos edificios en las inmediaciones de las últimas casas de la ciudad, compraron terrenos adyacentes y comenzaron a construir en las afueras de estos.
Este orden inverso de construcción aumentó el valor de los solares con extraordinaria rapidez y, tras haber completado el anillo exterior, edificaron en el centro de la ciudad sobre estos solares de altísimo valor, en lugar de levantar continuamente casas en la periferia.
¿Construirá la Compañía sus propios edificios o contratará a arquitectos independientes? Puede hacer ambas cosas, y así lo hará.
Tiene, como se mostrará en breve, una inmensa reserva de fuerza de trabajo, que no será explotada al límite por la Compañía, pero, transportada a condiciones de vida más brillantes y felices, no resultará, sin embargo, costosa.
Nuestros geólogos habrán tenido en cuenta el suministro de materiales de construcción al seleccionar los emplazamientos de las ciudades.
¿Cuál ha de ser el principio de construcción?
# CASAS PARA OBREROS
Las viviendas de los obreros (que incluyen las viviendas de todos los operarios) serán erigidas por cuenta y riesgo exclusivo de la Compañía.
No se parecerán ni a esos melancólicos barracones de obreros de las ciudades europeas, ni a esas miserables hileras de chabolas que rodean las fábricas; presentarán sin duda un aspecto uniforme, porque la Compañía debe construir económicamente allí donde proporciona en gran medida los materiales de construcción, pero las casas unifamiliares con pequeños jardines estarán unidas en grupos atractivos en cada localidad.
La conformación natural de la tierra despertará el ingenio de nuestros jóvenes arquitectos, cuyas ideas aún no han sido coartadas por la rutina; y aunque el pueblo no comprenda toda la importancia del plan, al menos se sentirá a gusto en sus grupos dispersos.
El Templo será visible desde largas distancias, pues es solo nuestra antigua fe la que nos ha mantenido unidos.
Habrá escuelas luminosas, atractivas y saludables para los niños, dirigidas según los sistemas modernos más aprobados.
Habrá escuelas de continuación para obreros, que los educarán en un mayor conocimiento técnico y les permitirán familiarizarse con el funcionamiento de la maquinaria.
Habrá lugares de diversión de cuya correcta conducta será responsable la Sociedad de los Judíos.
Nos estamos refiriendo, sin embargo, meramente a los edificios por el momento, y no a lo que pueda tener lugar dentro de ellos.
Dije que la Compañía construiría viviendas para obreros a bajo costo. Y a bajo costo, no solo debido a la proximidad de abundantes materiales de construcción, no solo debido a la propiedad de los terrenos por parte de la Compañía, sino también debido a la no remuneración de los obreros.
Los agricultores estadounidenses trabajan según el sistema de ayuda mutua en la construcción de casas. Este sistema, infantimente amistoso y tan tosco como las casas de troncos levantadas, puede desarrollarse sobre bases mucho más finas.
# TRABAJADORES NO CUALIFICADOS
Nuestros obreros no cualificados, que al principio vendrán de los grandes reservatorios de Rusia y Rumanía, deberán, por supuesto, prestarse mutua asistencia en la construcción de casas. Al principio se verán obligados a construir con madera, porque el hierro no estará disponible de inmediato. Más adelante, los edificios originales, inadecuados y improvisados serán reemplazados por viviendas superiores.
Nuestros obreros no cualificados erigirán primero estos refugios de mutuo acuerdo; y después se ganarán sus casas como propiedades permanentes mediante su trabajo, no de inmediato, sino tras tres años de buena conducta.
De este modo aseguraremos hombres enérgicos y capaces, y estos hombres recibirán una formación práctica para la vida mediante tres años de trabajo bajo una buena disciplina.
Dije antes que la Compañía no tendría que pagar a estos trabajadores no calificados.
¿De qué van a vivir?
En conjunto, me opongo al sistema de pago en vales (Truck system),[A] pero habrá que aplicarlo en el caso de estos primeros colonos. La Compañía provee para ellos de tantas maneras, que bien puede hacerse cargo de su manutención.
En cualquier caso, el sistema del Truck se aplicará únicamente durante los primeros años, y beneficiará a los obreros al impedir que sean explotados por pequeños comerciantes, caseros, etc. La Compañía conseguirá así que sea imposible desde un principio que los de nuestra gente, que aquí se ven obligados a ser buhoneros y mercaderes ambulantes, se re establezcan en los mismos oficios allá. Y la Compañía también mantendrá alejados a los borrachos y a los hombres disolutos.
¿Entonces no habrá ningún pago de salarios durante el primer periodo de liquidación? Por supuesto que habrá salarios por horas extraordinarias.
# EL DÍA DE LAS SIETE HORAS
La jornada de siete horas es la jornada laboral ordinaria.
Esto δεν implica que cortar leña, cavar, romper piedras y otras cien tareas cotidianas deban realizarse únicamente durante siete horas.
En efecto, no. Habrá catorce horas de labor, realizándose el trabajo en turnos de tres horas y media; la organización de todo esto tendrá un carácter militar; habrá órdenes, ascensos y pensiones, explicándose más adelante los medios mediante los cuales se proveerán dichas pensiones.
Un hombre sano puede hacer una gran cantidad de trabajo concentrado en tres horas y media. Tras un intervalo de la misma duración —que dedicará al descanso, a su familia y a su formación bajo guía—, volverá a estar completamente fresco para trabajar. Tal labor puede hacer maravillas.
El día de siete horas implica por tanto catorce horas de trabajo conjunto; más de eso no se puede meter en un día.
Estoy convencido de que es perfectamente posible introducir esta jornada de siete horas con éxito. Son bien conocidos los intentos realizados en este sentido en Bélgica e Inglaterra. Algunos economistas políticos avanzados que han estudiado el asunto declaran que bastaría con una jornada de cinco horas. La Sociedad de los Judíos y la Compañía Judía realizarán, en cualquier caso, nuevos y amplios experimentos que beneficiarán a las demás naciones del mundo; y si la jornada de siete horas demuestra su viabilidad, se introducirá en nuestro futuro Estado como la jornada laboral legal y regular.
Mientras tanto, la Compañía siempre concederá a sus empleados la jornada de siete horas; y siempre estará en condiciones de hacerlo.
La jornada de siete horas será la consigna para convocar a nuestro pueblo en todas partes del mundo. Todos deben venir voluntariamente, porque la nuestra debe ser en verdad la Tierra Prometida...
Quien trabaje más de siete horas recibe su pago adicional por horas extras en efectivo.
Al ver que todas sus necesidades están cubiertas, y que aquellos miembros de su familia que no pueden trabajar son atendidos por instituciones filantrópicas trasplantadas y centralizadas, puede ahorrar un poco de dinero.
La economía, que ya es una característica de nuestro pueblo, debe fomentarse en gran medida, porque, en primer lugar, facilitará el ascenso de los individuos a grados superiores; y, en segundo lugar, el dinero ahorrado proporcionará un fondo de reserva inmenso para futuros préstamos.
El tiempo extra solo se permitirá con certificado médico, y no deberá exceder las tres horas. Pues nuestros hombres se precipitarán a trabajar en el nuevo país, y el mundo verá entonces qué pueblo tan industrioso somos.
No describiré el modo de llevar a cabo el sistema de pago en especies (Truck system), ni, de hecho, los innumerables detalles de ningún proceso, por miedo a confundir a mis lectores.
A las mujeres no se les permitirá realizar ningún trabajo arduo ni horas extras.
Las mujeres embarazadas serán relevadas de todo trabajo y la camioneta les proporcionará alimentos nutritivos. Queremos que nuestras futuras generaciones sean hombres y mujeres fuertes.
Educaremos a los niños como queramos desde el principio; pero tampoco entraré en detalles sobre esto.
Mis observaciones sobre las viviendas de los obreros, y sobre los jornaleros y su modo de vida, no son más utópicas que el resto de mi proyecto.
Todo cuanto he expuesto ya se está poniendo en práctica, solo que a una escala infinitamente pequeña, sin que nadie lo note ni lo comprenda. La "Assistance par le Travail", que llegué a conocer y comprender en París, me prestó un gran servicio en la solución de la cuestión judía.
# ALIVIO POR EL TRABAJO
El sistema de socorro mediante el trabajo que se aplica actualmente en París, en muchas otras ciudades francesas, en Inglaterra, en Suiza y en América, es algo muy pequeño, pero capaz de la mayor expansión.
¿Cuál es el principio del socorro mediante el trabajo?
El principio es: proporcionar a todo hombre necesitado un trabajo fácil y no cualificado, como picar leña o cortar sarmientos para encender las estufas en los hogares de París.
Esto es una especie de trabajo penitenciario antes del delito, hecho sin pérdida de reputación. Su propósito es evitar que los hombres recurran al delito por necesidad, proporcionándoles trabajo y poniendo a prueba su disposición para realizarlo.
Nunca se debe permitir que el hambre empuje a los hombres al suicidio; pues tales suicidios son la más profunda deshonra de una civilización que permite que los hombres ricos arrojen manjares a sus perros.
El socorro por medio del trabajo proporciona así ocupación a todos. Pero el sistema tiene un gran defecto: no hay una demanda suficientemente grande para la producción de los trabajadores no cualificados empleados, de ahí que se produzca una pérdida para quienes los emplean; aunque es verdad que la organización es filantrópica y, por lo tanto, está preparada para la pérdida.
Pero aquí el beneficio radica únicamente en la diferencia entre el precio pagado por la obra y su valor real. En lugar de darle al mendigo dos sueldos, la institución le proporciona un trabajo en el que pierde dos sueldos. Pero al mismo tiempo convierte al mendigo inútil en un honrado ganapán, que tal vez se haya ganado 1 franco con 50 céntimos.
- ¡150 céntimos por 10!
- Es decir, ¡el receptor de una benevolencia en la que no hay nada humillante la ha multiplicado por quince!
- Es decir, ¡quince mil millones por mil millones!
La institución ciertamente pierde 10 céntimos. Pero la Compañía Judía no perderá ni un solo mil millones; obtendrá enormes beneficios de este gasto.
Hay también un aspecto moral. El pequeño sistema de ayuda mediante el trabajo que existe actualmente preserva la rectitud a través de la industria hasta el momento en que el desempleado encuentra un puesto adecuado a sus capacidades, ya sea en su antiguo oficio o en uno nuevo.
Se le permite unas pocas horas al día con el propósito de buscar un lugar, en cuya tarea las instituciones le ayudan.
El defecto de estas pequeñas organizaciones, hasta ahora, ha sido que se les ha prohibido entrar en competencia con los comerciantes de madera, etc.
Los madereros son electores; protestarían, y tendrían razón en protestar. También se ha prohibido la competencia con el trabajo penitenciario del Estado, pues el Estado debe ocupar y alimentar a sus criminales.
De hecho, hay muy poco margen en una sociedad de antigua tradición para la aplicación con éxito del sistema de "Asistencia por el Trabajo".
Pero hay lugar en una nueva sociedad.
Pues, sobre todo, requerimos un número enorme de trabajadores no cualificados para hacer el primer trabajo rudo de asentamiento, para abrir caminos, plantar árboles, nivelar el terreno, construir ferrocarriles, instalaciones telegráficas, etcétera.
Todo esto se llevará a cabo de acuerdo con un plan amplio y previamente establecido.
# COMERCIO
El trabajo llevado al nuevo país creará naturalmente comercio. Los primeros mercados abastecerán únicamente las necesidades absolutas de la vida; ganado, grano, ropa de trabajo, herramientas, armas —por mencionar solo algunas cosas—. Estas nos veremos obligados al principio a obtenerlas de los Estados vecinos, o de Europa; pero nos volveremos independientes tan pronto como sea posible. Los empresarios judíos pronto se darán cuenta de las perspectivas de negocio que ofrece el nuevo país.
El ejército de funcionarios de la Compañía introducirá gradualmente necesidades de vida más refinadas. (Los funcionarios incluyen a los oficiales de nuestras fuerzas de defensa, que siempre constituirán aproximadamente una décima parte de nuestros colonos varones. Serán lo suficientemente numerosos como para sofocar amotinamientos, ya que la mayoría de nuestros colonos tendrá una inclinación pacífica).
Los refinados requerimientos de vida introducidos por nuestros funcionarios en buenas posiciones crearán un mercado correspondientemente mejorado, que continuará mejorándose a sí mismo.
El hombre casado mandará a buscar a su esposa e hijos, y el soltero a sus padres y parientes, tan pronto como se establezca un nuevo hogar "allá". Los judíos que emigran a Estados Unidos siempre proceden de esta manera. Tan pronto como uno de ellos tiene el pan de cada día y un techo bajo el cual guarecerse, manda a buscar a los suyos; porque los lazos familiares son fuertes entre nosotros.
La Sociedad de Judíos y la Compañía Judía se unirán para cuidar y fortalecer aún más a la familia, no solo en el aspecto moral, sino también en el material. Los funcionarios recibirán una paga adicional al contraer matrimonio y por el nacimiento de los hijos, pues necesitamos a todos los que están allí y a todos los que vendrán después.
# OTRAS CLASES DE ALOJAMIENTOS
He descrito anteriormente solo las viviendas de los obreros construidas por ellos mismos, y he omitido toda mención a otras clases de viviendas. Me ocuparé de estas ahora.
Los arquitectos de la Compañía construirán también para las clases de ciudadanos más pobres, siendo pagados en especie o en efectivo; se erigirán unos cien tipos diferentes de casas y, por supuesto, se repetirán.
Estos hermosos tipos formarán parte de nuestra propaganda. La solidez de su construcción estará garantizada por la Compañía, la cual, en efecto, no obtendrá beneficio alguno al vendérselos a los colonos por una suma fija.
¿Y dónde estarán situadas estas casas? Eso se mostrará en la sección dedicada a los Grupos Locales.
Viendo que la Compañía no desea ganar nada con las obras de construcción, sino únicamente con el terreno, le convendrá que tantos arquitectos como sea posible construyan mediante contrato privado.
Este sistema aumentará el valor de la propiedad inmobiliaria e introducirá el lujo, el cual sirve para muchos propósitos. El lujo fomenta las artes y las industrias, allanando el camino hacia una futura subdivisión de las grandes propiedades.
Ricos judíos que ahora se ven obligados a ocultar cuidadosamente sus objetos de valor y a celebrar sus sombríos banquetes tras cortinas bajadas, podrán disfrutar de sus posesiones en paz, «allá».
Si cooperan en la realización de este plan de emigración, su capital quedará rehabilitado y habrá servido para promover una empresa sin parangón.
Si en el nuevo asentamiento los judíos ricos empiezan a reconstruir sus mansiones, que en Europa se contemplan con ojos tan envidiosos, pronto se pondrá de moda vivir por allá en hermosas casas modernas.
# ALGUNAS FORMAS DE LIQUIDACIÓN
La Sociedad Judía está destinada a ser la receptora y administradora de los bienes intransferibles de los judíos.
Sus métodos de procedimiento pueden imaginarse fácilmente en el caso de casas y fincas, pero ¿qué métodos adoptará en la transferencia de negocios?
Aquí se pueden encontrar innumerables procedimientos factibles, de los cuales no todos pueden desarrollarse en esta reseña.
Pero ninguno de ellos presentará grandes dificultades, pues en cada caso el propietario del negocio, cuando decida voluntariamente emigrar, acordará con los funcionarios de la Compañía en su distrito la forma más ventajosa de liquidación.
Esto se organizará con mayor facilidad en el caso de los pequeños empresarios, en cuyos oficios la actividad personal del propietario es de importancia primordial, mientras que las mercancías y la organización son de consideración secundaria.
La Compañía proporcionará un determinado campo de operaciones para la actividad personal del emigrante, y sustituirá sus bienes por una porción de terreno, con préstamo de maquinaria. Se sabe que los judíos se adaptan con notable facilidad a cualquier forma de ganarse la vida, y aprenderán rápidamente a desarrollar una nueva industria.
De este modo, una serie de pequeños comerciantes se convertirá en pequeños terratenientes. De hecho, la Compañía estará dispuesta a asumir lo que parece ser una pérdida al hacerse cargo de la propiedad intransferible de los emigrantes más pobres; pues con ello inducirá al cultivo libre de extensiones de tierra, lo cual eleva el valor de las extensiones adyacentes.
En las empresas medianas, donde las mercancías y la organización igualan, o incluso superan, en importancia a la actividad personal del gerente, cuya mayor vinculación tampoco es transferible, son posibles diversas formas de liquidación.
He aquí una oportunidad para esa migración interior de los ciudadanos cristianos hacia las posiciones evacuadas por los judíos. El judío que parte no perderá su crédito comercial personal, sino que se lo llevará consigo y le sacará buen provecho en un nuevo país para establecerse. La Compañía Judía le abrirá una cuenta bancaria corriente.
Y puede vender el fondo de comercio de su negocio original, o entregarlo al control de administradores bajo la supervisión de los funcionarios de la Compañía. Los administradores pueden alquilar el negocio o comprarlo, pagándolo en cuotas. Pero la Compañía actúa temporalmente como curadora de los emigrantes, supervisando, a través de sus funcionarios y abogados, la administración de sus asuntos, y velando por la correcta recaudación de todos los pagos.
Si un judío no puede vender su negocio, o encomendarlo a un apoderado, o desea renunciar a su gestión personal, puede quedarse donde está. A los judíos que se queden no les irá peor, pues se verán libres de la competencia de aquellos que se marchen y ya no escucharán el grito antisemita: «¡No compres a los judíos!».
Si el empresario emigrante desea continuar con su antiguo negocio en el nuevo país, puede hacer los preparativos para ello desde el mismo comienzo. Un ejemplo ilustrará mejor lo que quiero decir.
- La firma X lleva a cabo un gran negocio de tejidos.
- El jefe de la firma desea emigrar.
- Comienza por establecer una sucursal en su futuro lugar de residencia y enviar muestras de sus existencias.
- Los primeros colonos pobres serán sus primeros clientes; a estos les seguirán emigrantes de una clase superior, que requieren productos de mayor calidad.
- X envía entonces productos más nuevos y, con el tiempo, embarca los más novedosos.
- La sucursal empieza a ser rentable mientras la principal aún existe, de modo que X termina teniendo dos casas comerciales rentables.
- Vende su negocio original o se lo entrega a su representante cristiano para que lo administre, y se marcha a hacer cargo del nuevo.
Otro y mayor ejemplo: Y e Hijos son grandes comerciantes de carbón, con minas y fábricas propias. ¿Cómo ha de liquidarse una propiedad tan enorme y compleja?
- Las minas y todo lo relacionado con ellas podrían, en primer lugar, ser adquiridas por el Estado en el que se encuentran.
- En segundo lugar, la Compañía Judía podría hacerse cargo de ellas, pagando por ellas en parte con tierras, en parte en efectivo.
- Un tercer método podría ser la conversión de «Y e Hijo» en una sociedad anónima.
- Un cuarto método podría ser la continuidad en la explotación del negocio por parte de los propietarios originales, quienes regresarían a intervalos para inspeccionar su propiedad, en calidad de extranjeros y, como tales, bajo la protección de la ley en todo Estado civilizado.
Todas estas sugerencias se llevan a cabo a diario. Un quinto y excelente método, y que podría ser particularmente provechoso, me limitaré a indicarlo, porque los ejemplos existentes de su funcionamiento son actualmente pocos, por muy dispuesta que esté la conciencia moderna a adoptarlos. Y e Hijo podrían vender su empresa al cuerpo colectivo de sus empleados, los cuales formarían una sociedad cooperativa, de responsabilidad limitada, y tal vez pagarían la suma requerida con la ayuda del Tesoro del Estado, el cual no cobra altos intereses.
Los empleados irían devolviendo así gradualmente el préstamo que el Gobierno, la Compañía Judía o incluso Y e Hijo les hubiesen adelantado.
La Compañía Judía estará preparada para llevar a cabo la transferencia de los asuntos más pequeños en pie de igualdad con los más grandes. Y mientras los judíos emigran silenciosamente y establecen sus nuevos hogares, la Compañía actúa como el gran órgano de control que organiza la salida, se hace cargo de las posesiones abandonadas, garantiza la correcta marcha del movimiento con su propia propiedad visible y tangible, y proporciona seguridad permanente a quienes ya se han establecido.
# VALORES DE LA COMPAÑÍA
¿Qué garantía ofrecerá la Compañía de que el abandono de los países no provocará su empobrecimiento y producirá crisis económicas?
Ya he mencionado que los antisemitas honestos, al preservar su independencia, se unirán a nuestros funcionarios para controlar la transferencia de nuestros bienes.
Pero los ingresos del Estado podrían resentirse por la pérdida de un sector de contribuyentes que, aunque poco apreciados como ciudadanos, son muy valorados en las finanzas. El Estado debería, por tanto, recibir una compensación por esta pérdida.
Esto lo ofrecemos indirectamente al dejar en el país empresas que hemos construido mediante la agudeza judía y la industria judía, al permitir que nuestros conciudadanos cristianos ocupen los puestos que hemos evacuado y al facilitar así el ascenso de numerosas personas hacia una mayor prosperidad de un modo tan pacífico y de una manera sin igual.
La Revolución Francesa tuvo un resultado más o menos similar, a pequeña escala, pero fue provocado por el derramamiento de sangre en la guillotina de cada provincia de Francia, y en los campos de batalla de Europa. Además, los derechos hereditarios y adquiridos fueron destruidos, y solo los compradores astutos se enriquecieron mediante la adquisición de propiedades del Estado.
La Sociedad Judía ofrecerá a los Estados que entren en su esfera de actividad ventajas tanto directas como indirectas. Ofrecerá a los Gobiernos la primera opción sobre los bienes judíos abandonados y concederá a los compradores condiciones muy favorables. A su vez, los Gobiernos podrán aprovechar esta apropiación amistosa de tierras para llevar a cabo determinadas mejoras sociales.
La Compañía Judía prestará toda la ayuda a los Gobiernos y Parlamentos en sus esfuerzos por dirigir la emigración interior de los ciudadanos cristianos.
La Sociedad Judía también pagará fuertes impuestos. Su oficina central estará en Londres, con el fin de hallarse bajo la protección legal de una potencia que en la actualidad no es antisemita. Pero la Sociedad, si cuenta con apoyo oficial y semioficial, proporcionará en todas partes una amplia base impositiva. Con este fin, establecerá en todas partes sucursales gravables. Además, pagará aranceles dobles en la doble transferencia de mercancías que efectúa. Incluso en transacciones en las que la Sociedad no sea en realidad más que una agencia inmobiliaria, aparecerá temporalmente como compradora y constará como poseedora momentánea en el registro de la propiedad inmobiliaria.
Estos son, por supuesto, asuntos de puro cálculo. Habrá que considerar y decidir en cada lugar hasta dónde puede llegar la Compañía sin correr ningún riesgo de fracaso. Y la Compañía misma conferirá libremente con los ministros de Hacienda sobre los diversos puntos en disputa.
Los ministros reconocerán el espíritu amistoso de nuestra empresa y, en consecuencia, ofrecerán todas las facilidades que estén a su alcance y sean necesarias para la exitosa realización de esta gran empresa.
Mayores y directos beneficios recaerán sobre los Gobiernos por el transporte de pasajeros y mercancías, y donde los ferrocarriles sean propiedad del Estado, los rendimientos serán inmediatamente reconocibles. Donde estén en manos de compañías privadas, la Compañía Judía obtendrá condiciones favorables para el transporte, del mismo modo que lo hace todo remitente de mercancías a gran escala.
El flete y el transporte deben abaratarse lo más posible para nuestra gente, porque cada viajero pagará sus propios gastos. Las clases medias viajarán con billetes de Cook, las clases más pobres en trenes de emigrantes.
La Compañía podría hacer un buen negocio mediante rebajas en pasajeros y mercancías; pero aquí, como en cualquier otro lugar, debe atenerse a su principio de no intentar elevar sus ingresos a una suma mayor que la que cubra sus gastos de explotación.
En muchos lugares los judíos tienen el control del transporte; y las empresas de transporte serán las primeras necesitadas por la Compañía y las primeras en ser liquidadas por esta. Los propietarios originales de estos negocios entrarán al servicio de la Compañía o se establecerán de manera independiente «allá».
Los recién llegados sin duda requerirán su asistencia, y siendo la suya una profesión lucrativa, que pueden y de hecho deben ejercer allí para ganarse la vida, una buena cantidad de estos espíritus emprendedores partirá.
Es innecesario describir todos los detalles comerciales de esta monstruosa expedición. Deben ser desarrollados juiciosamente a partir del plan original por muchos hombres capaces, que deben aplicar sus mentes a lograr el mejor sistema.
# ALGUNAS DE LAS ACTIVIDADES DE LA EMPRESA
Muchas actividades estarán interconectadas. Por ejemplo: la Compañía introducirá gradualmente la fabricación de bienes en los asentamientos, los cuales, por supuesto, serán extremadamente primitivos en sus inicios.
La ropa, la ropa blanca y el calzado se fabricarán ante todo para nuestros propios emigrantes pobres, a quienes se les proporcionarán trajes nuevos en los distintos centros de emigración europeos. No recibirán estas prendas como limosna, lo cual podría herir su orgullo, sino a cambio de las viejas: cualquier pérdida que la Compañía sufra en esta transacción se registrará como pérdida comercial. Quienes carezcan absolutamente de recursos saldarán su deuda con la Compañía trabajando horas extras a un jornal justo.
Las sociedades de emigración existentes podrán prestar una valiosa ayuda en este sentido, pues harán por los colonos de la Compañía lo que antes hicieron por los judíos que partían. Las formas de dicha cooperación se encontrarán fácilmente.
Hasta las ropas nuevas de los pobres colonos tendrán un significado simbólico. «Ahora estáis empezando una nueva vida». La Sociedad de los Judíos cuidará de que, mucho antes de la partida y también durante el viaje, se fomente un espíritu serio a la par que festivo mediante oraciones, conferencias populares, instrucción sobre el propósito de la expedición, instrucciones sobre cuestiones de higiene para sus nuevos lugares de residencia y orientación en lo que respecta a su futuro trabajo. Pues la Tierra Prometida es la tierra del trabajo. A su llegada, los emigrantes serán recibidos por nuestros altos funcionarios con la debida solemnidad, pero sin regocijo insensato, pues la Tierra Prometida aún no habrá sido conquistada. Pero estas pobres gentes ya deberían ver que están en su casa.
Las industrias de la confección de la Sociedad no producirán, por supuesto, sus mercancías sin la debida organización. La Sociedad de los Judíos obtendrá de las filiales locales información sobre el número, las necesidades y la fecha de llegada de los colonos, y comunicará toda esta información a su debido tiempo a la Compañía Judía. De este modo será posible proveer para ellos con toda precaución.
# PROMOCIÓN DE INDUSTRIAS
Los deberes de la Compañía Judía y de la Sociedad de Judíos no se pueden mantener estrictamente separados en este esbozo. Estos dos grandes organismos tendrán que trabajar constantemente al unísono, dependiendo la Compañía de la autoridad moral y el apoyo de la Sociedad, así como la Sociedad no puede prescindir de la asistencia material de la Compañía.
Por ejemplo, en la organización de la industria textil, la cantidad producida se mantendrá al principio bajo control para preservar un equilibrio entre la oferta y la demanda; y dondequiera que la Compañía emprenda la organización de nuevas industrias, deberá tomarse la misma precaución.
Pero la iniciativa individual jamás debe ser coartada por la Compañía con su fuerza superior.
Solo trabajaremos colectivamente cuando las inmensas dificultades de la tarea exijan una acción común; respetaremos escrupulosamente, siempre que sea posible, los derechos del individuo.
La propiedad privada, que es la base económica de la independencia, será desarrollada libremente y respetada por nosotros. Nuestros primeros trabajadores no cualificados tendrán de inmediato la oportunidad de ascender hasta convertirse en propietarios privados.
El espíritu empresarial debe, sin duda, ser fomentado de todas las maneras posibles. La organización de las industrias será promovida mediante un sistema juicioso de aranceles, el uso de materias primas baratas y la institución de una junta para recopilar y publicar estadísticas industriales.
Pero este espíritu de empresa debe ser alentado con sensatez, y se debe evitar la especulación arriesgada.
Toda nueva industria debe anunciarse durante un largo periodo antes de establecerse, para así prevenir el fracaso por parte de aquellos que pudiesen desear iniciar un negocio similar seis meses más tarde.
Siempre que se funde un nuevo establecimiento industrial, debe informarse a la Compañía, para que todos los interesados puedan obtener información de ella.
Los industriales podrán hacer uso de agencias de trabajo centralizadas, las cuales solo recibirán una comisión lo suficientemente grande como para garantizar su continuidad. Los industriales podrían, por ejemplo, solicitar por telegrama 500 peones para tres días, tres semanas o tres meses. La agencia de trabajo reuniría entonces a estos 500 peones de todas las fuentes posibles y los enviaría de inmediato para llevar a cabo la empresa agrícola o industrial. De este modo, los grupos de obreros serán trasladados sistemáticamente de un lugar a otro como si de un cuerpo de tropas se tratara.
Estos hombres, por supuesto, no serán explotados, sino que trabajarán únicamente siete horas al día; y, a pesar de su cambio de localidad, conservarán su organización, cumplirán su tiempo de servicio y recibirán órdenes, ascensos y pensiones. Algunos establecimientos podrán, por supuesto, obtener sus trabajadores de otras fuentes, si lo desean, pero no les resultará fácil hacerlo. La Sociedad podrá impedir la introducción de esclavos laborales no judíos mediante el boicot a los empleadores obstinados, la obstrucción del tráfico y varios otros métodos. Por lo tanto, habrá que aceptar a los trabajadores de siete horas, y así llevaremos a nuestra gente de manera gradual, y sin coacción, a adoptar la jornada normal de siete horas.
# ESTABLECIMIENTO DE TRABAJADORES CALIFICADOS
Es evidente que lo que puede hacerse con los trabajadores no cualificados puede hacerse aún más fácilmente con los obreros cualificados. Estos trabajarán bajo normas similares en las fábricas, y la agencia central de trabajo los proporcionará cuando sea necesario.
Los operarios independientes y los pequeños empresarios deben recibir una enseñanza esmerada a causa de los rápidos progresos de las mejoras científicas, deben adquirir conocimientos técnicos aunque ya no sean hombres muy jóvenes, deben estudiar la fuerza del agua y apreciar las fuerzas de la electricidad.
Los trabajadores independientes también deben ser descubiertos y abastecidos por la agencia de la Sociedad. La sucursal local se dirigirá, por ejemplo, a la oficina central: «Necesitamos tantos carpinteros, cerrajeros, vidrieros, etc.». La oficina central publicará esta demanda y los hombres idóneos se presentarán allí para solicitar el trabajo. Estos viajarían entonces con sus familias al lugar donde se les requiriera y permanecerían allí sin sentir la presión de una competencia indebida. Se les proporcionaría así un hogar permanente y confortable.
# MÉTODO PARA RECAUDAR CAPITAL
El capital necesario para la constitución de la Compañía se había estimado anteriormente en una cifra que parecía absurdamente elevada. El monto que realmente sea necesario será fijado por los financieros y, en cualquier caso, constituirá una suma muy considerable.
Hay tres maneras de reunir esta suma, todas las cuales la Sociedad las tomará en consideración. Esta Sociedad, el gran «Gestor» de los judíos, estará formada por nuestros mejores y más rectos hombres, quienes no deben obtener ninguna ventaja material de su membresía.
Aunque la Sociedad no pueda poseer al principio más que autoridad moral, esta autoridad bastará para establecer el crédito de la Compañía Judía a los ojos de la nación. La Compañía Judía no podrá triunfar en su empresa a menos que haya recibido la sanción de la Sociedad; por lo tanto, no se formará con un grupo cualquiera e indiscrimnado de financieros.
Porque la Sociedad evaluará, seleccionará y decidirá, y no dará su aprobación hasta tener la certeza de la existencia de una base sólida para la ejecución concienzuda del proyecto. No permitirá experimentos con medios insuficientes, pues esta empresa debe triunfar al primer intento. Cualquier fracaso inicial comprometería toda la idea durante muchas décadas venideras, o incluso podría hacer que su realización fuera permanentemente imposible.
Los tres métodos para captar capital son: (1) A través de grandes bancos; (2) A través de bancos pequeños y privados; (3) Mediante suscripción pública.
El primer método para captar capital es:
- A través de los grandes bancos.
La suma requerida podría recaudarse entonces en el menor tiempo posible entre los grandes grupos financieros, una vez que hubieran debatido la conveniencia del procedimiento. La gran ventaja de este método sería que evitaría la necesidad de desembolsar los mil millones (ateniéndonos a la cifra original) de inmediato y en su totalidad.
Una ventaja adicional sería que el crédito de estos poderososfinancistas también serviría a la empresa. Muchas fuerzas políticas latentes yacen en nuestro poder financiero, ese poder que nuestros enemigos afirman que es tan eficaz. Podría serlo, pero en realidad no lo es. Los judíos pobres solo sienten el odio que este poder financiero provoca; su uso para aliviar su suerte como colectivo aún no lo han sentido.
El crédito de nuestros grandes financieros judíos tendría que ponerse al servicio de la Idea Nacional. Pero si estos caballeros, que se sienten bastante satisfechos con su suerte, no se muestran dispuestos a hacer nada por sus hermanos judíos que son injustamente responsabilizados de las grandes posesiones de ciertos individuos, entonces la realización de este plan ofrecerá la oportunidad de trazar una clara línea de distinción entre ellos y el resto de los judíos.
A los grandes financieros, por otra parte, ciertamente no se les pedirá que reúnan una cantidad tan enorme por puros motivos filantrópicos; eso sería esperar demasiado.
Se espera, por el contrario, que los promotores y accionistas de la Compañía Judía hagan un buen negocio, y podrán calcular de antemano cuáles probablemente serán sus posibilidades de éxito.
Pues la Sociedad de Judíos estará en posesión de todos los documentos y referencias que puedan servir para definir las perspectivas de la Compañía Judía. La Sociedad habrá investigado en particular con exactitud el alcance del nuevo movimiento judío, a fin de proporcionar a los promotores de la Compañía información completamente fiable sobre la cantidad de apoyo que pueden esperar.
La Sociedad también proveerá a la Compañía Judía de estadísticas judías modernas y exhaustivas, realizando así la labor de lo que en Francia se denomina una "societé d'études", la cual emprende todas las investigaciones preliminares previas a la financiación de una gran empresa.
Aun así, es posible que la empresa no reciba la valiosa ayuda de nuestros magnates adinerados. Estos tal vez intenten incluso oponerse al movimiento judío por medio de sus agentes secretos. A semejante oposición responderemos con implacable determinación.
Suponiendo que estos magnates se contenten simplemente con rechazar este plan con una sonrisa:
¿Está, por lo tanto, acabado?
No.
Porque entonces el dinero se recaudará de otro modo: mediante un llamamiento a los judíos moderadamente ricos. Los bancos judíos más pequeños tendrían que unirse en nombre de la Idea Nacional contra los grandes bancos hasta quedar aglutinados en una segunda y formidable fuerza financiera.
Pero, desgraciadamente, esto requeriría al principio una gran cantidad de financiación —ya que los 50.000.000 de libras tendrían que suscribirse en su totalidad antes de empezar la obra; y, como esta suma solo podría recaudarse muy lentamente, habría que realizar todo tipo de operaciones bancarias y conceder préstamos durante los primeros años.
Podría ocurrir incluso que, en el transcurso de todas estas transacciones, se olvidara su objetivo original; los judíos medianamente ricos habrían creado un nuevo y gran negocio, y la emigración judía caería en el olvido.
La idea de recaudar dinero de esta manera no es de ningún modo impracticable. Ya se ha probado el experimento de reunir dinero cristiano para formar una fuerza de oposición a los grandes bancos; que también se les pudiera oponer con dinero judío no se le había ocurrido a nadie hasta ahora.
Pero estos conflictos financieros provocarían todo tipo de crisis; los países en los que ocurrieran sufrirían, y el antisemitismo se generalizaría.
Este método no es, por tanto, recomendable. Me heLIMITADO a sugerirlo porque surge en el curso del desarrollo lógico de la idea.
Tampoco sé si los bancos privados más pequeños estarían dispuestos a adoptarlo.
En cualquier caso, incluso la negativa de los judíos medianamente ricos no pondría fin al proyecto. Por el contrario, tendría entonces que emprenderse con verdadera seriedad.
La Sociedad de Judíos, cuyos miembros no son hombres de negocios, podría intentar fundar la Compañía mediante una suscripción nacional.
El capital de la Compañía podría ser aumentado, sin la intermediación de un sindicato, mediante suscripción directa por parte del público.
No solo los judíos pobres, sino también los cristianos que querían deshacerse de ellos, aportarían una pequeña cantidad a este fondo. Se establecería así una nueva y peculiar forma de plebiscito, mediante la cual cada hombre que votara a favor de esta solución a la Cuestión Judía expresaría su opinión suscribiendo una cantidad estipulada. Esta estipulación produciría seguridad. Los fondos suscritos solo se harían efectivos si su suma total alcanzaba la cantidad requerida; de lo contrario, los pagos iniciales serían devueltos.
Pero si la totalidad de la suma requerida se reúne mediante suscripción popular, entonces cada pequeña cantidad quedaría respaldada por el gran número de las demás pequeñas cantidades.
Todo esto requeriría, por supuesto, la asistencia expresa y definitiva de los Gobiernos interesados.