—¿Debemos ir de puerta en puerta y contar los pasos? —dijo Lambert.
—¡No, no! ¡Averígüenlo, muchachos, averígüenlo! —exclamó alegremente Balbus, mientras ponía plumas, tinta y papel ante sus desdichados discípulos, y salía de la habitación.
—¡Vaya! ¡Va a ser un buen trabajo! —dijo Hugh.
"¡Ya lo creo!", dijo Lambert.