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nydus/El Grande OrientePublic
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XXIV

bestial proyecto y tenga una víctima... poco le importa lo demás.

—Yo no quiero que haya víctimas —dijo Regato comprendiendo que era mejor hablar con franqueza—. Lo que quiero es que Vinuesa no corra peligro, y que si ha de haber sacrificio recaiga en la cabeza de alguno de tantos pillos como llenan esta cárcel y la de Villa. Contaba con eso y cuento todavía.

—¿Y qué papel debo yo desempeñar en esto? —preguntó Monsalud con cierta perplejidad—. Porque usted me habla en el tono del que solicita ayuda.

—Exactamente. El alcaide de la cárcel es hombre con quien no se puede contar. Usted, que ha venido aquí por una intriga; usted, que ha venido aquí con el exclusivo objeto de salvar a un hombre, es quien puede hacer esta buena obra.

—¿Cómo? —preguntó Salvador deseando saber hasta dónde iba el diabólico entendimiento del agente secreto de Su Majestad.

—Aprovechando la borrachera que tomará hoy al mediodía, según su santa costumbre, el señor Alcaide...

—¿Para poner en libertad a Vinuesa?

—Eso no puede ser, porque los milicianos no lo permitirían. Soy listo y comprendo que si fuera posible este modo de escapar, ya lo habría usted intentado en favor de Gil.

—Seguramente.

—Lo que yo quiero es que mude usted a Vinuesa de calabozo.

—Le buscarán.

—No le buscarán, si se pone otro en su lugar.

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