El romano es un ave de gran tamaño, con un pico largo y macizo y grandes patas; algunas de las subrazas de romanos tienen el cuello muy largo, otras las alas y la cola muy largas, otras la cola singularmente corta.
El barbado está emparentado con el mensajero, pero, en lugar de un pico largo, tiene uno muy corto y ancho.
El buchón tiene el cuerpo, las alas y las patas muy alargados; y su buche, de desarrollo descomunal y que se ufana en inflar, bien puede despertar asombro e incluso risa.
El turbit tiene un pico corto y cónico, con una línea de plumas invertidas a lo largo del pecho; y tiene la costumbre de dilatar continuamente, de manera ligera, la parte superior del esófago.
El jacobino tiene las plumas tan invertidas a lo largo de la parte posterior del cuello que forman una capucha, y posee, en proporción a su tamaño, plumas de las alas y de la cola alargadas.
El trompetero y el reidor, como sus nombres indican, emiten un arrullo muy diferente al de las otras razas.
El pavita tiene treinta o incluso cuarenta rectrices en la cola, en lugar de doce o catorce, el número normal en todos los miembros de la gran familia de las palomas: estas plumas se mantienen extendidas y se llevan tan erguidas que, en los buenos ejemplares, la cabeza y la cola se tocan; la glándula uropigial está totalmente atrofiada.
Podrían especificarse otras varias razas menos definidas.
En los esqueletos de las distintas razas, el desarrollo de los huesos de la cara, en longitud, anchura y curvatura, difiere enormemente. La forma, así como la anchura y longitud de la rama de la mandíbula inferior, varía de un modo sumamente notable.