Los capítulos podrían resumirse en la oración de Moisés: «Muéstrame tu gloria», o en la exclamación de Pablo: «¡Oh la profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios!». Es una teología no de la cabeza, sino del corazón.
Hay una profunda perspicuidad, sobriedad de estilo y una catolicidad de perspectiva que resulta refrescante. El autor incluye pocas citas, pero conoce a los santos y místicos de los siglos: Agustín, Nicolás de Cusa, Tomás de Kempis, von Hügel, Finney, Wesley y muchos más. Los diez capítulos escrudiñan el corazón y las oraciones al final de cada uno son para el aposento, no para el púlpito. Sentí la cercanía de Dios mientras los leía.
He aquí un libro para todo pastor, misionero y cristiano devoto. Trata sobre las cosas profundas de Dios y las riquezas de Su gracia. Sobre todo, tiene la nota fundamental de la sinceridad y la humildad.
Samuel M. Zwemer
Ciudad de Nueva York