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Capítulo XI. Rusia roja de sangre y negra de crimen

"Sabemos mucho sobre el terror en Petrogrado, y considerablemente menos sobre Moscú. La razón es evidente. Hallamos el telón caído sobre las actividades de la Comisión Extraordinaria Panrusa, que tenía su sede en Moscú. En un informe de la reunión del Comité Ejecutivo del Sóviet de Moscú, que tuvo lugar el 16 de octubre, leemos: »'El informe de la labor de la Comisión Extraordinaria Panrusa fue leído en una sesión secreta del Comité Ejecutivo. Pero el informe y el debate sobre el mismo se celebraron a puerta cerrada y no serán publicados.' [«Izvestia», 17 de octubre de 1918.] "El tipo de decisiones adoptadas por los bolcheviques de Moscú a puerta cerrada y el terror en masa practicado en Moscú y en toda Rusia bajo la dirección de la Comisión Extraordinaria Panrusa están bien ilustrados por Evgueni Trupp, un destacado socialista-revolucionario y miembro de la Asamblea Constituyente Panrusa, quien escribió lo siguiente en el diario socialista-revolucionario «Zemlia i Volia» (Tierra y Libertad) del 3 de octubre de 1918: »'Tras el asesinato de Uritski en Petrogrado, 1.500 personas fueron arrestadas; 512, incluidos 10 socialistas-revolucionarios, fueron fusiladas. Al mismo tiempo, 800 personas fueron arrestadas en Moscú. Se desconoce, sin embargo, cuántas de ellas fueron fusiladas. En Nizhni Nóvgorod, 41 fueron fusiladas; en Yaroslavl, 13; en Astracán, 12 socialistas-revolucionarios; en Sarapul, un miembro del Comité Central del Partido de los Socialistas-Revolucionarios, I. I. Teterkin; en Penza, unos 40 oficiales; en Kuznetsk la gente es fusilada en masa a diario; todo esto es tan solo una gota en el océano. No tengo información exacta sobre el número de personas fusiladas en otras ciudades.' ... »'A pesar de todas estas y otras tropelías, el 6 de septiembre tuvo lugar una demostración de la Guardia Roja en Moscú. Sus principales demandas eran "hechos en lugar de palabras" y "terror rojo implacable en la lucha contra la burguesía". ... »'Los últimos días de mi estancia en Moscú y en la Rusia soviética en general estuvieron llenos de terror rojo. Una multitud gris, silenciosa y abatida, con rostros pálidos y aterrados y ojos llenos de inquietud, se desplazaba por las calles. "Tales o cuales personas han sido arrestadas hoy". "Este o aquel número ha sido fusilado". "No duermas en casa, te están buscando". "¿Sigues vivo?". "¿Por qué no te vas de aquí?" eran expresiones intercambiadas apresuradamente. »'No se oían conversaciones; tan solo susurros silenciosos en los rincones. Todos temblaban. Todos estaban llenos de horror ante el terror salvaje. Había espías por todas partes. En los lugares apropiados se podían ver sus familiares figuras. »'Estos espías se deslizan sigilosamente por las estaciones, mezclándose con las muchedumbres de la Guardia Roja, en los trenes y en todos los rincones sucios y templados, empujando siempre hacia adelante. Durante el viaje uno siente que si su rostro o tal vez su atuendo, o su opinión expresada descuidadamente, no les agrada, puede ser retenido en cualquier momento. Uno siente que cada pasajero oculta algo en su interior. Guarda silencio; ya hablaremos más tarde cuando hayamos pasado los cordones de espionaje'».
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