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Capítulo XVII: El socialismo como un peligro para los obreros

ley de Estados Unidos, muchos de los revolucionarios aparentemente moderados se quitarían las máscaras y se declararían sin vacilar a favor del plan más radical de propiedad estatal.

Sin embargo, aun cuando el Estado proyectado permitiese la propiedad privada de pequeñas granjas, sus propietarios estarían descontentos porque ya no se les permitiría contratar jornaleros para trabajar los campos.

Ciertos socialistas conservadores, en efecto, manifiestan estar dispuestos a tolerar el empleo de uno o dos braceros. Pero no solo la Plataforma Nacional de 1908 y la enmienda aprobada por referéndum del partido el 7 de septiembre de 1909 se oponen a la explotación, o al empleo de mano de obra asalariada en la producción de bienes, sino que innumerables artículos en periódicos, libros y revistas socialistas denuncian la explotación con el mayor énfasis.

Por lo tanto, si el Estado socialista permitiera a los agricultores que gozan del favor del gobierno poseer pequeñas granjas, no podrían contratar mano de obra para explotarlas. Si el agricultor cayera enfermo, sus cosechas se arruinarían. No se podría aprovechar ninguno de los grandes inventos útiles para la agricultura, ni los métodos científicos de trabajo y gestión. El agricultor individual, así limitado, podría alimentarse a sí mismo, a su esposa, a sus hijos, a su caballo, a su vaca, a su cerdo, pero muy poco más.

En el Estado socialista surgiría un gran descontento ya sea por la tolerancia o por la prohibición de las pequeñas empresas.

Si se permitieran, sin poder contratar mano de obra, tendrían que competir con el gobierno.

Si se prohíben, un gran número de personas se vería obligado a trabajar para el gobierno, tras perder pequeñas tiendas o comercios en los que habían estado interesadas durante años.

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