A pesar de estas precauciones que los hacendados urdieron contra mí, desataron una agitación maliciosa. Todo tipo de falsedades aparecieron en la prensa sobre mis colaboradores y sobre mí. Pero mi extrema cautela y mi insistencia en la verdad, aun en el más mínimo detalle, embotaron el filo de su espada.
Los hacendados no escatimaron esfuerzos para difamar a Brajkishorebabu, pero cuanto más lo difamaban, más crecía en la estima de la gente.
En situaciones tan delicadas como esta, no creí conveniente invitar a ningún líder de otras provincias. Pandit Malaviyaji me había enviado la seguridad de que, siempre que lo necesitara, bastaba con avisarle, pero no quise molestarlo.
Evité así que la lucha adquiriera un cariz político. Sin embargo, envié a los líderes y a los principales periódicos informes ocasionales, no para su publicación, sino meramente a título informativo.
Había observado que, incluso cuando el fin pudiera ser político, si la causa era no política, se la perjudicaba al conferirle un cariz político y se la ayudaba al mantenerla dentro de su límite no político. La lucha de Champaran fue una prueba de que el servicio desinteresado al pueblo en cualquier ámbito acaba por ayudar políticamente al país.