de la bolsa; * y entonces vuelvo a empacar y lo olvido, y tengo que subir corriendo a buscarlo en el último momento y llevarlo a la estación de tren, envuelto en mi
Por supuesto que tuve que sacar hasta el último objeto mortal ahora, y, por supuesto, no pude encontrarlo.
Rebusqué entre las cosas dejándolas en un estado muy parecido al que debieron de tener antes de que el mundo fuera creado, cuando reinaba el caos. Por supuesto, encontré las de George y las de Harris dieciocho veces seguidas, pero no pude encontrar la mía.
Volví a colocar las cosas una por una, levanté cada objeto y lo sacudí. Entonces la encontré dentro de una bota. Volví a hacer el equipaje una vez más.
Cuando hube terminado, George preguntó si el jabón estaba dentro. Dije que me importaba un bledo si el jabón estaba dentro o si no lo estaba; y cerré la bolsa de golpe y la abroché, y descubrí que había metido mi bolsita de tabaco dentro, y tuve que volver a abrirla. Quedó cerrada definitivamente a las 10:05 p.m., y entonces quedaban las cestas por hacer.
Harris dijo que querríamos ponernos en marcha en menos de doce horas, y pensó que era mejor que él y George se encargaran del resto; y yo acepté y me senté, y ellos se pusieron a ello.
Empezaron con aire jovial, con la evidente intención de enseñarme cómo se hacía. No hice ningún comentario; me limité a esperar.
Cuando ahorquen a George, Harris será el peor empacador del mundo; y miré los montones de platos y tazas, teteras, botellas y tarros, empanadas, horninillos, pasteles, tomates, etc., y sentí que aquello pronto se pondría emocionante.