Kingston—Comentarios instructivos sobre la historia antigua de Inglaterra—Observaciones instructivas sobre el roble tallado y la vida en general—Triste caso del joven Stivvings—Reflexiones sobre la antigüedad—Me olvido de que voy al timón—Interesante resultado—El laberinto de Hampton Court—Harris como guía.
Era una mañana gloriosa, de finales de primavera o principios de verano, según se prefiera, cuando el delicado brillo de la hierba y del follaje adquiere un tono verde más intenso; y el año se asemeja a una hermosa doncella, que tiembla con extraños latidos que despiertan al borde de la feminidad.
Las pintorescas calles secundarias de Kingston, allí donde bajaban hasta la orilla del agua, se veían muy pintorescas bajo la luz del sol fulgurante; el río centelleante con sus barcazas a la deriva, el camino de sirga arbolado, los villas bien cuidadas de la otra orilla, Harris, con una chaqueta roja y naranja, esforzándose a los remos, los vistazos lejanos del viejo y gris palacio de los Tudor, todo componía una estampa soleada, tan brillante pero serena, tan llena de vida y, sin embargo, tan apacible que, a pesar de