Dinámica
El mundo tuvo que esperar mil ochocientos años hasta que los físicos matemáticos griegos encontraron sucesores.
En los siglos XVI y XVII de nuestra era, grandes italianos, en particular el artista Leonardo da Vinci (nacido en 1452, fallecido en 1519) y Galileo (nacido en 1564, fallecido en 1642), redescubrieron el secreto, ya conocido por Arquímedes, de relacionar las ideas matemáticas abstractas con la investigación experimental de los fenómenos naturales.
Entre tanto, el lento avance de las matemáticas y la acumulación de conocimientos astronómicos precisos habían situado a los filósofos naturales en una posición mucho más ventajosa para la investigación.
Asimismo, la altanera autoafirmación de aquella época, su avidez de experiencia personal, llevó a sus pensadores a querer comprobar por sí mismos lo que sucedía; y el secreto de la relación entre la teoría matemática y el experimento en el razonamiento inductivo fue descubierto en la práctica.
Fue un acto eminentemente característico de la época que Galileo, un filósofo, dejara caer los pesos desde la torre inclinada de Pisa.
Siempre hay hombres de pensamiento y hombres de acción; la física matemática es el producto de una época que combinó en unos mismos hombres los impulsos hacia el pensamiento con los impulsos hacia la acción.
Este asunto de la caída de pesos desde la torre marca de forma pintoresca un paso esencial en el conocimiento, nada menos que el paso hacia la primera adquisición de ideas correctas sobre la ciencia de la dinámica, la ciencia fundamental de todo el tema.
El punto particular en disputa era si los cuerpos de diferentes pesos caerían desde la misma altura en el mismo tiempo. Según un dictamen de Aristóteles, universalmente seguido hasta esa época, el peso más pesado caería más rápido. Galileo afirmó que caerían en el mismo tiempo y demostró su punto dejando caer pesos desde lo alto de la torre inclinada.
Las aparente excepciones a la regla surgen todas cuando, por alguna razón, como una levedad extrema o una gran velocidad, la resistencia del aire es importante. Pero, prescindiendo del aire, la ley es exacta.
El exitoso experimento de Galileo no fue el resultado de una mera corazonada afortunada. Surgió de sus ideas correctas en relación con la inercia y la masa. La primera ley del movimiento, tal como la enunciamos ahora siguiendo a Newton, es: todo cuerpo continúa en su estado de reposo o de movimiento uniforme en línea recta, a menos que sea obligado a cambiar ese estado por fuerzas impresas. Esta ley es más que una fórmula seca: es también un peán de triunfo sobre los herejes vencidos. El punto en cuestión puede entenderse suprimiendo de la ley la frase «o de movimiento uniforme en línea recta».