Una y otra vez el mismo motivo, EL HOMBRE NO ES NADA, LOS PODERES LO SON TODO. Así, Jehová solo toleraba al hombre bajo la condición de una rendición total. El hombre puede tener todas las glorias de la tierra, pero no debe tomar consciencia de sí mismo. El Estado, la sociedad y las leyes morales entonan el mismo estribillo: El hombre puede tener todas las glorias de la tierra, pero no debe tomar consciencia de sí mismo.
El anarquismo es la única filosofía que le alumbra al hombre la conciencia de sí mismo; la que sostiene que Dios, el Estado y la sociedad no existen, que sus promesas son nulas y sin efecto, ya que solo pueden cumplirse mediante la subordinación del hombre.
El anarquismo es, por tanto, el maestro de la unidad de la vida; no solo en la naturaleza, sino en el hombre. No hay conflicto entre los instintos individuales y los sociales, del mismo modo que no lo hay entre el corazón y los pulmones:
el uno, receptáculo de una preciosa esencia vital; el otro, depósito del elemento que mantiene dicha esencia pura y fuerte.
El individuo es el corazón de la sociedad, pues conserva la esencia de la vida social; la sociedad son los pulmones que distribuyen el elemento para mantener la esencia vital —es decir, al individuo— pura y fuerte.
"Lo único valioso en el mundo —dice Emerson— es el alma activa; todo hombre la lleva dentro. El alma activa ve la verdad absoluta, enuncia la verdad y crea".
En otras palabras, el instinto individual es lo valioso en el mundo. Es el verdadero alma que ve y crea la verdad viva, de la cual ha de surgir una verdad aún mayor, el alma social renacida.