No tengo la audacia de esperar que mis lectores sean tan numerosos como aquellos que me han escuchado. Pero prefiero llegar a los pocos que realmente desean aprender, antes que a los muchos que vienen a divertirse.
En cuanto al libro, debe hablar por sí mismo. Las observaciones explicativas no hacen sino restar valor a las ideas expuestas. Sin embargo, deseo anticiparme a dos objeciones que sin duda se plantearán. Una se refiere al ensayo sobre el ANARQUISMO; la otra, a MINORÍAS CONTRA MAYORÍAS.
«¿Por qué no dices cómo funcionarán las cosas bajo el Anarquismo?» es una pregunta con la que he tenido que enfrentarme miles de veces. Porque creo que el Anarquismo no puede, de manera coherente, imponer un programa o método férreo al futuro.
Contra lo que toda nueva generación tiene que luchar, y lo que menos puede superar, son las cargas del pasado, que nos atrapan a todos como en una red. El Anarquismo, al menos tal como yo lo entiendo, deja a la posteridad en libertad para desarrollar sus propios sistemas particulares, en armonía con sus necesidades. Nuestra imaginación más vívida no puede prever las potencialidades de una raza liberada de restricciones externas.
¿Cómo puede, entonces, alguien pretender trazar una línea de conducta para los que vendrán? Nosotros, que pagamos caro cada aliento de aire puro y fresco, debemos guardarnos de la tendencia a encadenar el futuro. Si logramos despejar la tierra de la basura del pasado y del presente, legaremos a la posteridad la herencia más grande y segura de todas las épocas.
La tendencia más desalentadora y común entre los lectores es arrancar una sola frase de una obra como criterio de las ideas o la personalidad del escritor.