—Ahora me toca a mí marcharme —pensó Raskolnikov—. ¡Bien, Sofya Semyonovna, ya veremos lo que va usted a decir ahora!
Y emprendió el camino hacia la habitación de Sonia.
—Ahora me toca a mí marcharme —pensó Raskolnikov—. ¡Bien, Sofya Semyonovna, ya veremos lo que va usted a decir ahora!
Y emprendió el camino hacia la habitación de Sonia.