El hombre no está exento de esta ley de la selva. Las naciones intrigan y luchan por la tierra —de la cual la riqueza es solo el símbolo— y la potencia de una nación se mide por su capacidad de avanzar hacia el territorio de su vecino. Ese mismo impulso impulsa al individuo. Una medida de la diferencia entre los hombres en cuanto a la eficiencia es la cantidad de espacio que cada uno puede dominar: * uno tiene una casa con terreno en alguna localidad donde cada pulgada cuadrada tiene un valor apreciable; * otro, alguna parte fraccionaria de una pensión en los barrios bajos. Cuando este concurso incruento, pero no por ello menos mortal, por el espacio se agudiza, como en los barrios superpoblados de las grandes ciudades, el ingenio del hombre se pone a prueba para idear formas eficaces de aumentar su potencia espacial, y se expande en dirección vertical. Esta extensión tridimensional, tipificada en el túnel y en el rascacielos, no es sino la última fase de una conquista del espacio que comenzó con la línea del sendero del pionero a través de un desierto vírgen.
# SECUENCIAS DIMENSIONALES
No solo la naturaleza geometriza en todas partes, sino que lo hace de un modo particular, en el cual descubrimos secuencias dimensionales. Consideremos la transformación de los estados sólido, líquido y gaseoso, el uno en el otro, bajo la influencia del calor. Un sólido, puesto en movimiento libre, solo puede seguir una línea, como es el caso de una pelota lanzada. Un líquido tiene el poder añadido de la extensión lateral. Su tendencia, al ser interceptado, es extenderse en las dos dimensiones de un plano, como en el caso de un panqueque; mientras que un gas se expande universalmente en