percibimos que estas criaturas que desde la distancia parecían planas sobre la superficie de la tierra, están en realidad erguidas en ángulos rectos respecto a su plano, y que están dotadas del poder de mover sus miembros en tres dimensiones. En efecto, la capacidad del hombre para recorrer la superficie de la tierra depende enteramente de su poder de movimiento tridimensional. Observad que con cada transferencia de nuestra atención de unidades mayores a menores, parecemos estar tratando con un poder de movimiento en una dimensión adicional.
Mirando ahora en pensamiento no al cuerpo del hombre, sino en su interior, comprendemos un universo ordenado inmensamente vasto en proporción a ese extremo físico que llamamos electrón, como el firmamento es inmensamente vasto en proporción a una sola estrella.
Se ha sugerido que en lo infinitamente diminuto de los cuerpos orgánicos hay un poder de movimiento en una cuarta dimensión. Si es así, tal movimiento tetradimensional puede ser la causa próxima del fenómeno del crecimiento —de aquellos cambios químicos y renovaciones mediante los cuales un organismo es capaz de expandirse en el espacio tridimensional, así como por un poder de movimiento tridimensional (el acto de caminar) el hombre es capaz de recorrer su espacio bidimensional: la superficie de la tierra.
Y MÁS ALLÁ
Prosigamos aún más. Detrás de tal cambio orgánico —supuesto tetradimensional— se encuentra la determinación de cierta voluntad de vivir, la cual se manifiesta a la conciencia como pensamiento y como deseo. En estos la idea del espacio no interviene: los concebimos como situados en el tiempo. Pero si existen desarrollos de otras dimensiones del espacio, es posible