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nydus/Historia de TlaxcalaPublic
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Capitulo I.

Sabida y divulgada no sin gran temor y espanto, las gentes se turbaron no por temor de perder sus tierras, reynos y señoríos, sino por entender que el mundo era acabado, que todas las ge- neraciones de él habían de perecer y que era llegada la fin, pues los dioses habían bajado del cielo y no había que pensar en otra cosa, sino * que era llegado * el acabamiento y consumación del mundo, y que todo había de perecer y acabarse; y hasta los hombres poderosos buscaron lugares abscondidos y caver- nas de la tierra para absconder á sus hijos y mujeres, con gran- des bastimentos hasta que bajase la ira de los dioses, y que las señales de atrás que habían visto eran ya cumplidas con esta venida, y que aquellas señales y terremotos que en la tierra ha- bían parecido, no habían sido otra cosa sino avisos que los dio- ses enviaban para que los hombres se enmendaran: que más de siete años continuos antes de esta venida habían visto dentro del sol una espada de fuego que lo atravesaba de parte á parte, una asta que de él salía y una bandera de fuego resplandecien- tes, que estas cosas no podían pronosticar sino la total destruc- ción y acabamiento del mundo. Era tanto el llanto y alboroto de las gentes, que vivían desesperadas.

Vista por la República Mexicana tanta novedad, procuró sa- ber por razones evidentes, si estas gentes eran los dioses de lo alto ó hombres humanos, y ansí por mando y acuerdo de Motheuzoma despacharon gentes muy secretamente á Gempoalla para que le trajesen verdadera relación de lo que había, no embargante que por sus hechiceros, encantadores y adivinos sabían que era gente nueva y no dioses, sino hombres, aunque sus hechizos y encantamientos no los podía comprender, por cuya causa no se determinaban á decir que fuesen hombres, pues las fuerzas de sus encantamientos se perdían contra estas gentes; y al fin llegados los mensajeros y espías de Motecuhzo- ma, supieron muy de raíz cómo eran hombres, porque comían, dormían y bebían y apetecían cosas de hombres. Llevaron una espada, una ballesta y otra nueva más extraña, y era que traían consigo una mujer que era hermosa como diosa, porque habla- ba la lengua mexicana y la de los

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