he odiado—, ¡las mujeres gordas y los perros gordos son una abominación ante los ojos del Señor, y por desgracia suelen ir juntos! Es una idiosincrasia mía, lo sé—pero así son las cosas—, jamás logro llevarme bien con una mujer gorda”.
—La moda le sienta bien, señor Stavansson —dijo Tommy con sequedad—; y cada cual tiene su propia aversión predilecta: la del difunto lord Roberts eran los gatos.
“Ojo, no digo que Lady Susan no sea una mujer perfectamente encantadora; puede que lo sea, pero nunca me ha caído bien. Siempre he sentido, en lo más hondo, que desaprobaba nuestro compromiso, y estoy seguro de que influiría en Hermy en mi contra si le fuera posible. Te cuento esto por lo que vale. Tómalo como un prejuicio, si quieres.
Bueno, continuando con mi historia, soy ese tipo de bruto obstinado al que le gusta hacer su santa voluntad. No salí de Pont Street hasta que le saqué los nombres y direcciones de la gente con la que probablemente se hospedarían Hermy y los suyos. Luego tomé el tren correo hacia el norte.”
—Veo que es usted un hombre de acción, señor Stavansson —dijo Tommy, sonriendo.
“Lo del caso me cayó como una bomba. Señor Blunt, ninguno de estos malditos había visto ni rastro de Hermy. De las tres casas, solo una la esperaba —Lady Susan debió de haber metido la pata con las otras dos—