—Es una historia muy larga y prolija —dijo la muchacha—. Me llamo Monica Deane. Mi padre era el rector de Little Hampsley, en Suffolk. Murió hace tres años, y mi madre y yo nos quedamos en una situación muy precaria. Empecé a trabajar de institutriz, pero mi madre se convirtió en una enferma crónica y tuve éramos desesperadamente pobres, que cuidar de ella. Éramos desesperadamente pobres, pero un día recibimos una carta de un abogado en la que se nos informaba de que una tía de mi padre había muerto y me lo había dejado todo. A menudo había oído hablar de esta tía, que se había peleado con mi padre muchos años atrás, y sabía que era muy adinerada, así que parecía que nuestros problemas por fin habían terminado. Pero las cosas no salieron tan bien como esperábamos. Heredé la casa en la que ella había vivido, pero tras pagar uno o dos pequeños legados, no quedó nada de dinero. Supongo debió de perderlo durante la guerra, o quizá había estado viviendo de sus ahorros. Aun así, teníamos la casa, y casi de inmediato tuvimos la oportunidad de venderla a un precio bastante ventajoso. Pero, tal vez de forma insensata, rechacé la oferta. Vivíamos en un alojamiento diminuto pero caro, y pensé que sería mucho más agradable vivir en la Red House, donde mi madre podría tener habitaciones cómodas y recibir huéspedes de pago para cubrir nuestros gastos.
“Me mantuve fiel a este plan, a pesar de una nueva y tentadora oferta por parte de los caballeros que querían comprar. Nos mudamos y puse un anuncio para huéspedes de pago. Durante un tiempo todo fue bien, tuvimos varias respuestas a nuestro anuncio, la vieja criada de mi tía se quedó con nosotras y ella y yo, entre las dos, hacíamos el trabajo de la casa. Y entonces empezaron a suceder estas cosas inexplicables”.
“¿Qué cosas?”
“Las cosas más extrañas. Todo el lugar parecía embrujado. Los cuadros se caían, la vajilla volaba por la habitación y se rompía, una mañana bajamos y encontramos todos los muebles