abajo la figura yacente del desconcertado desconocido—. ¿Qué van a hacer con él?
—Podría ir a buscar a un pasma ahora mismo —dijo Albert con la mejor disposición.
Pero Tommy, al levantar la vista, captó un leve movimiento negativo de la cabeza de la muchacha, y actuó en consecuencia.
—Esta vez lo dejaremos pasar —observó—. No obstante, me tomaré el placer de echarlo a patadas escaleras abajo, aunque solo sea para enseñarle cómo debe comportarse ante una dama.
Le quitó la cuerda, puso a la víctima de pie de un tirón y lo empujó con presteza a través de la oficina exterior.
Se escuchó una serie de aullidos chillones y luego un golpe seco. Tommy