muchos casos, donde los judíos indigentes y desatendidos pueden recibir ayuda y consejo. La jactancia de cómo «el judío se ocupa de los suyos» recibe un golpe debido a la extrema necesidad que ha llamado a la labor asistencial cristiana a los asentamientos
Este odio anuló el buen juicio de manera tan absoluta que en 1911 el asambleísta Heyman presentó ante la legislatura del estado de Nueva York un proyecto de ley que convertía en un delito castigable con multa o prisión el atraer o tentar a un menor de dieciséis años para que ingresara en una misión religiosa, escuela dominical o iglesia ¡sin el consentimiento por escrito de los padres o tutor del menor!
El lenguaje denota una parte del desprecio en el que la labor de bienestar emprendida por las instituciones cristianas en favor de la clase más necesitada de niños en América es tenido por los líderes entre los judíos; no por las masas de los judíos mismos, sin embargo, excepto cuando son aterrorizados por sus líderes.
En San Luis, la solicitud para la creación de una asociación de cristianos judíos (Jewish Christian Association) fue objetada. Los judíos conversos querían una asociación propia. Manifestaban que habían sido ostracizados por los judíos y deseaban organizar y poseer su propio lugar de reunión.
Un árbitro se pronunció en contra de la concesión del registro bajo el argumento de que «sería contrario al amplio espíritu de libertad religiosa garantizado por la constitución de Misuri».
El árbitro fue, por supuesto, aleccionado por judíos. En nombre de la libertad religiosa, estos judíos se opusieron a dar a una asociación la libertad suficiente para predicar el evangelio.
En Toronto, los líderes judíos emitieron una proclama dirigida a toda la comunidad judía de la ciudad en la que prohibían el uso de salas de