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nydus/The International Jew, Volume III: Jewish Influences in American LifePublic
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XLIII. Los judíos y el grito de «persecución religiosa»

lectura, baños, dispensarios, proyecciones de cine o cualquier otra cosa que describieran como «el pequeño soborno de los embaucadores conversos que buscan que sus ricos donantes abran las puertas del cielo y encuentren la salvación para sus pecados convirtiendo a un judío de débil criterio».

Por cierto, todos los judíos conversos son débiles mentales o criminales, si hemos de creer a los cientos de declaraciones en ese sentido aparecidas en los periódicos judíos. ¡Los judíos son, sin excepción, personas superiores hasta que se hacen cristianos; entonces enteraos de lo que son por boca de los líderes judíos!

Entre los nombres bonitos para esta labor de bienestar social se encuentran

«Agujeros de Jesús», «trampas de la misión», «atrapajudíos», «robaniños».

Sucedió que uno de los ayudantes de la Misión Evangélica de Chicago era director de una escuela pública de Chicago. Los judíos armaron un gran escándalo en su contra, lo denunciaron por considerarlo no apto para enseñar a los niños y culpable de «la bajeza moral de comer alimentos provistos por impuestos de los cuales una gran parte proviene de judíos, cuyos hijos buscan apartar de su religión paterna y a cuyos hombres y mujeres pretenden degradar convirtiéndolos en mentirosos e hipócritas».

Todo porque un hombre competente estaba dispuesto a atender a los indagadores judíos, o tal vez a llevar algunos de los beneficios de la civilización al ghetto abandonado. Si este maestro de escuela fuera lo suficientemente cristiano como para tener conciencia, renunciaría —dijeron los vociferantes judíos—, y con ese matiz infalible de oscuridad mental añadieron: «Lo que se hace en secreto en estos antros, por supuesto, solo se puede adivinar».

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