El banquero judío internacional que no tiene patria, sino que los enfrenta a todos entre sí, y el proletariado judío internacional que deambula de tierra en tierra en busca de un tipo peculiar de oportunidad económica, no son frutos de la imaginación, salvo para el no judío que prefiere una perezosa laxitud mental.
De estas clases de judíos, una o ambas están en el centro de los problemas que perturban al mundo hoy.
- El problema de la inmigración es judío.
- La cuestión del dinero es judía.
- El enredo de la política mundial es judío.
- Los términos del Tratado de Paz son judíos.
- La diplomacia del mundo es judía.
- La cuestión moral en el cine y los teatros es judía.
- El misterio del negocio del licor clandestino es judío.
Estos hechos son tan desafortunados como desagradables para el judío, y le corresponde directamente a él lidiar con los hechos, y no perder el tiempo intentando destruir a quienes definen los hechos.
Estos hechos son interpretados por el judío y el antisemita con extraños extremos de ceguera. El judío nunca capta el punto de vista del mundo en absoluto; siempre capta el punto de vista del antisemita; y el antisemita se equivoca igualmente al captar siempre el punto de vista del judío.
Lo que ambos necesitan es captar el punto de vista de la sociedad, que es el que se expone en la presente serie de artículos.
Decir que el problema de la inmigración es judío no significa que deba prohibirse la entrada de los judíos a ningún país; significa que deben arraigarse a un país con una ciudadanía leal, como sin duda algunos lo hacen, y como sin duda la mayoría no lo hace.
Decir que la cuestión del dinero es judía no significa que los judíos deban salir de las finanzas; significa que deben librar a las finanzas de la idea judía que siempre ha consistido en usar el dinero para estrangular a los hombres y a las empresas, en lugar de usar las finanzas para ayudar a los negocios en general.
Decir que el estancamiento de la política mundial es judío no significa que a los judíos, como seres humanos, se les deba negar voz en los asuntos; significa que deben renunciar a intentar hacer que el mundo gire en torno a la nación judía como su eje.
Describir la influencia del judío en el teatro no es exigir que abandone el teatro, sino exigir que libere al teatro de su idea de que el sensualismo es entretenido.
El problema judío deben resolverlo primero los judíos; si no, el mundo tendrá que resolverlo por ellos. Pueden seguir en los negocios, digamos que en el teatro, por ejemplo, si dejan de arruinar el teatro; si no dejan de hacerlo, el teatro les será arrebatado tan ciertamente como que el día sigue a la noche. El mundo ha sido paciente y el mundo será justo, pero el mundo conoce el límite de la imposición.
No es la verdadera judería del judío, ni tampoco el nacionalismo del judío, lo que está siendo juzgado, sino su internacionalismo antinacional.
Un judío mosaico verdadero —no un judío talmúdico— sería un buen ciudadano. Un judío nacionalista sería al menos lógico. Pero un judío internacional ha demostrado ser una abominación, porque su internacionalismo se centra en su propio nacionalismo racial, el cual a su vez se funda en su arraigada creencia de que el resto de la humanidad le es inferior y, por derecho, su presa.
Los líderes judíos podrán prodigar todos los tópicos que posean, el hecho que no pueden negar es que el judío ha considerado durante siglos a los «goyim» por debajo de él y legítimamente su botín.
El internacionalismo del judío es confesado por él en todas partes. Escuchemos a un banquero alemán; imaginemos la voz lenta y untuosa con la que dijo:
“Somos banqueros internacionales. ¿Que Alemania perdió la guerra?, ¿y qué?, ese es asunto del ejército. Somos banqueros internacionales”.
Y esa era la actitud de todos los banqueros judíos internacionales durante la guerra. ¿Las naciones estaban en conflicto? ¿Y qué? Era como un combate entre Dempsey y Carpentier en Nueva Jersey, o un partido de béisbol en Chicago —un asunto de los combatientes— «nosotros somos banqueros internacionales».
Una nación se ve maniatada por tipos de cambio artificiales; otra por la succión de dinero fuera de sus canales de comercio; ¿qué le importa eso al banquero internacional?: él juega su propio juego. Las vacas flacas hacen que caigan más ciruelas del árbol en las cestas de los banqueros internacionales que cualquier otro tipo de época. Las guerras y los pánicos son las cosechas de los banqueros internacionales judíos.
Los ciudadanos se despiertan sobresaltados al descubrir que hoy en día ni siquiera a las naciones blancas se les permite verse mutuamente si no es a través de ojos judíos.
Cuando supuestamente los Estados Unidos le hablan a Francia, ¿a través de quién le hablan? ¡Todo lo que Francia ve es a Otto H. Kahn! ¿Por qué tiene que representar un judío a los Estados Unidos de América ante Francia?
Cuando supuestamente Francia le habla a los Estados Unidos, ¿a través de quién se hace? A través de Viviani, judío en cada pensamiento y método. Ahora se habla de enviar a Millerand, otro judío.
Gran Bretaña envía a Lord Reading. Alemania envió al Dr. Dernberg. Y a otros países los Estados Unidos enviaron a Morgenthau, Strauss, Warburg y a judiejos de menor categoría.
Causa cierta sorpresa enterarse de que Foch viene a Estados Unidos. No hemos visto a un francés desde que Joffre nos visitó. Es bueno ver a hombres de la raza blanca cruzar el mar como para asegurarnos de que todavía viven hombres blancos en esos países.
Los asuntos de la Conferencia de Paz fueron manejados por judíos; ¿se ha llegado a un punto en el que la diplomacia internacional también va a convertirse en un monopolio judío? ¿Deben llevarse a cabo las conversaciones especiales entre Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos a través de intérpretes judíos, mientras los anglosajones y los verdaderos franceses realizan el trabajo rutinario de las embajadas, o será posible que las naciones no judías se vean de vez en cuando a través de representantes no judíos?
El internacionalismo no es una convicción judía, sino un recurso comercial judío. Es de lo más lucrativo. En la diplomacia y en la estación de inmigrantes, el internacionalismo rinde frutos. Los judíos interpretan de nación a nación en los altos ritos de las conversaciones especiales entre gobiernos; los intérpretes judíos pululan también en los puertos de todos los países, allí donde pululan los pobres.
Se declaró el otro día en la Cámara de los Lores que la mayor parte de los problemas en Palestina eran causados por intérpretes judíos. Se denunció que la administración judía añadió un idioma adicional a la lista oficial con el fin de hacer indispensables a los intérpretes judíos.
Recorre el gobierno de Estados Unidos, donde se guardan los secretos del impuesto sobre la renta, donde se guardan los secretos de la Reserva Federal, donde se guardan los secretos del Departamento de Estado, y encontrarás a judíos sentados en el mismo lugar en el que la judería internacional desea que estén, y donde nada se oculta a su conocimiento.
Ve al extranjero y regresa a tu país
un judío te abrirá la puerta para dejarte entrar, o la cerrará
para impedirte el paso —según elija—.
—¿Iba a ir a Detroit mientras esté aquí? —le preguntó un agente gubernamental judío a un caballero que entraba al país de visita hace unas semanas.
—Tal vez vaya a Detroit —fue la respuesta.
«Bueno, ve al maldito Dearborn Independent y diles que un judío te dejó entrar a este país», dijo el agente del gobierno.
Lo que respondió el visitante se sabe, pero es mejor no citarlo. El Comité Judío Estadounidense podría chillar que se estaba incitando a la gente a los pogromos.
El incidente, sin embargo, no es más que una muestra de lo que ocurre todos los días. La verdad sobre la cuestión judía en los Estados Unidos es quizás la única forma de verdad que no puede decirse indiscriminadamente.
Los banqueros judíos internacionales se consideran a sí mismos de manera similar «dejando» que las naciones hagan esto o aquello, viendo a las naciones no como patrias sino como clientes, y como clientes en el sentido judío. Si un ejército gana o pierde, si un gobierno triunfa o fracasa, ¿qué importa eso?, ese es su asunto; «somos banqueras internacionales» y ganamos, pierda quien pierda.
Para los banqueros judíos internacionales, la guerra no ha terminado. El período de las hostilidades reales y las emergencias de las naciones no fue más que la apertura del negocio. El efectivo disponible fue desnatado entonces —todo el dinero en efectivo que tenía el mundo. Es verdad, una parte tuvo que distribuirse entre la gente como salarios y bonificaciones de guerra, para mantener la lucha en marcha, pero esto se recuperó pronto por medio de altos precios, escasez artificial y la orgía de extravagancia organizada y estimulada deliberadamente entre la población. Terminada esa fase, el dinero desapareció.
¿Hay alguna broma más trágica que la diligentemente diseminada en este país: «Estados Unidos tiene más oro que cualquier otro país del mundo»?
¿Dónde está? ¿Hace cuánto que no ve una pieza de oro? ¿Dónde está todo ese oro?, ¿está encerrado en el Tesoro del Gobierno de los Estados Unidos?
Vaya, ese gobierno está endeudado, intentando economizar desesperadamente, ¡no puede pagar una bonificación a los veteranos porque las finanzas del país no pueden soportarlo! ¿Dónde está ese oro? Puede que esté en Estados Unidos, pero no pertenece a Estados Unidos.
El agricultor estadounidense, y aquellas industrias estadounidenses que no estaban «al tanto» de las artimañas de los banqueros judíos internacionales, y que se vieron ahogadas por pequeños préstamos, se preguntan dónde está todo ese dinero.
Además, Europa, que sufre de toda carencia posible, nos mira y se pregunta dónde está el dinero.
Este despacho de un periódico de Londres puede arrojar luz sobre el asunto: (las cursivas son nuestras)
“Hoy se sabe que nuevos cargamentos de oro por un valor total de 2.800.000 dólares han sido consignados a Kuhn, Loeb & Company, Nueva York, lo que eleva a casi 129.000.000 la cantidad importada por dicha firma desde que comenzó el movimiento. En círculos bancarios responsables se expresa la creencia de que parte de la moneda alemana recientemente importada por la firma proviene de Rusia, en lugar de Alemania, como se supone generalmente”.
Este despacho, unido a uno publicado en un artículo anterior que mostraba a Warburg & Company de Alemania haciendo arreglos con Kuhn, Loeb & Company de Nueva York para un préstamo de 5.000.000 de dólares a Noruega, no carece de luz sobre la cuestión: ¿Dónde está el dinero?
El sistema bancario internacional judío puede describirse fácilmente.
Primero, está el cuartel general internacional judío. Este se encontraba en Alemania. Tenía ramificaciones en Rusia, Italia, Francia, Gran Bretaña y los estados sudamericanos. (La judería sudamericana es muy amenazante).
Alemania y Rusia fueron los dos países destinados al castigo por parte de los banqueros internacionales judíos porque estos dos países eran los más conscientes del judío. Han sido castigados; esa tarea está hecha.
El cuartel general político judío, en lo que respecta a los asuntos internos de los judíos, también estaba ubicado en Alemania, pero el cuartel general que trataba con los «goyim» estaba en Francia.
Se ha afirmado que el centro político del judaísmo ha sido trasladado a los Estados Unidos. Pero estas afirmaciones han sido hechas por judíos estadounidenses cuyos deseos tal vez hayan sido los padres de tal pensamiento. Durante la administración de Wilson fue posible para un judío pensar y esperar esto, pero los asuntos han cambiado ligeramente.
La destitución de los judíos estadounidenses del movimiento sionista a instancias de los judíos orientales indica que, si el centro político del judaísmo mundial se ha desplazado a los Estados Unidos, el poder sigue estando en manos de extranjeros residentes aquí. El centro sigue estando en el judaísmo; los Estados Unidos son meramente una casilla en el tablero de ajedrez mundial del judaísmo.
Pero, cualesquiera que sean los centros del mundo financiero y político, cada país se maneja por separado.
En todos los países —los Estados Unidos, México y las repúblicas de América del Sur; en Francia, Inglaterra, Italia, Alemania, Austria—, sí, y en Japón—, hay una firma bancaria judía internacional que se sitúa a la cabeza del grupo en ese país.
Así, la principal firma judía en los Estados Unidos es Kuhn, Loeb & Company, de la cual uno de los miembros es Paul M. Warburg, hermano de M. Warburg & Company, de Hamburgo; y otro de sus miembros es Otto H. Kahn, residente sucesivo de Alemania, Gran Bretaña y los Estados Unidos, y autoproclamado portavoz financiero de los Estados Unidos ante Francia y la Gran Bretaña.
La Gran Bretaña y Francia rara vez ven a un portavoz estadounidense especial que no sea judío. Tal vez esa sea la razón por la cual nos corresponden enviándonos judíos, pensando quizás que los preferimos.
Paul M. Warburg fue el inventor, perfeccionador y director del Sistema de la Reserva Federal de los Estados Unidos. No es el único judío en el Sistema de la Reserva Federal, pero fue el principal judío allí. Su mente contó muchísimo.
Había otros en el gobierno de guerra, por supuesto;
- Bernard M. Baruch;
- Eugene Meyer, Jr.;
- El regimiento de judíos de Hoover;
- Felix Frankfurter;
- Julius Rosenwald—cientos de ellos, y en todas partes;
pero el grupo financiero por sí solo está recibiendo nuestra atención en este momento, y no tienen tanto éxito notable sacando al país de la dificultad financiera como lo fueron en otras líneas de esfuerzo.
El Sistema de la Reserva Federal puede no ser un mal sistema, a pesar de que cede las funciones monetarias del gobierno a corporaciones financieras privadas, pero existen todo tipo de testimonios de que ha sido mal manipulado.
El señor Warburg, como recordará el lector, habló de que ciertas cosas fueron «superadas de manera administrativa», lo que demuestra que había una cierta cantidad de «holgura» o movimiento libre en el sistema que podía manipularse en cualquier dirección.
El hecho es que el país atravesó la guerra viento en popa gracias a la ayuda del Sistema, y está saliendo con muchísima cojera de la Paz, como resultado, según dicen los expertos monetarios, de la interferencia de ese mismo Sistema.
El señor Warburg, cuyo nombre estuvo tan prominentemente vinculado a la propaganda de la gloria del Sistema, también debe soportar que se le mencione en relación con las críticas.
Independientemente del dinero que se diga que tenemos como per cápita en los Estados Unidos, es una afirmación falsa.
El dinero per cápita siempre debe calcularse sobre la base del dinero en circulación. El «per cápita» estadístico no siempre está en circulación. Menos de la mitad, por regla general. El resto se está manipulando.
Sea cual fuere el oro del país, la riqueza es aún mayor.
Hay más riqueza en los Estados Unidos que oro en el mundo.
La producción de un año de las granjas de los Estados Unidos supera en valor monetario a todo el oro del mundo.
Sin embargo, bajo nuestro sistema actual, el volumen creciente de la riqueza del país debe pasar por el estrecho cuello del Dinero. Y el Dinero debe pasar por el cuello aún más estrecho del Oro. Y el controlador del Oro, bajo nuestro sistema actual, controla el mundo.
Hay más riqueza que dinero; hay más dinero que oro; el dinero existe a instancias del oro; la riqueza se mueve a instancias del dinero.
Quienquiera que se siente en el cuello del dinero, abriéndolo o cerrándolo a su voluntad, controla el movimiento de la riqueza del mundo. Y la prosperidad del mundo depende del movimiento de esa riqueza. Cuando la riqueza se detiene y no pasa de mano en mano, la circulación del mundo se ha detenido; el mundo enferma económicamente.
La escasez de dinero en efectivo ha dado lugar al Crédito.
El Crédito es una forma de trueque. Es una forma de comercio mediante la cual se llevan a cabo muchas transacciones, siendo liquidada en dinero únicamente la última. Es un mecanismo que tiene sus peligros, a pesar de los esfuerzos de sus apologistas por explotar sus ventajas.
Pero hay una cosa que el sistema de Crédito hace indudablemente: permite a los maestros del dinero aferrarse al Efectivo. Cuando el mundo es atrapado, es atrapado con papel, no con Efectivo.
El Efectivo está siempre en manos de aquellos que extienden las ventajas del Sistema de Crédito. Quien retiene el dinero retiene el poder, y lo retendrá, hasta que el verdadero trueque o el dinero real vuelvan a estar de moda.
En 1919-1920, según una de las mejores autoridades monetarias de los Estados Unidos, la contracción total en el valor de los productos de nuestros campos, minas, fábricas, molinos y bosques representó una suma mayor que la reserva total de oro del mundo. Alcanza una cifra tan alta como el monto total de Bonos de la Libertad en circulación.
La gente dice: «Bueno, los precios eran demasiado altos».
Ciertamente eran demasiado altos, pero ¿quién y qué los hizo demasiado altos? Fue la generosidad con la que el privado Sistema de la Reserva Federal suministró el dinero. Había dinero de sobra.
La gente dice: «Bueno, la contracción es solo en los valores de papel; el valor real del producto sigue ahí».
Ciertamente, pero cuando vives bajo un sistema en el que el valor «real» y el valor «del dinero» están tan íntimamente entrelazados que afectan a tu sustento, la tenencia de tu granja y la estabilidad de tu empleo, resulta bastante difícil separar ambos.
Además, cuando tu prosperidad se debió a la disposición de un grupo de hombres para prestar dinero, y tu adversidad se debe a la falta de disposición de ese mismo grupo, y el bienestar tuyo y el de tu país se ven así bamboleados de arriba abajo sin ninguna referencia a la ley natural, sino basándose únicamente en determinaciones tomadas en salas de comités, te preguntas naturalmente: «¿Quién está haciendo esto? ¿A dónde se ha ido todo el dinero? ¿Quién lo tiene? Aquí está la riqueza del país; aquí está la necesidad del país; ¿dónde está el dinero para transferir la riqueza a la necesidad? Todas las condiciones siguen tal como estaban, excepto el dinero».
Tenemos un Sistema de la Reserva Federal que aún se beneficia de la asistencia de su perfeccionador y director, Paul M. Warburg. ¿Y cuál es la situación en los Estados Unidos?
Algunas de las mayores instituciones industriales del país se encuentran ahora en manos de comités de acreedores.
Campesinos vendiéndose por cientos, sus caballos a unos $3 cada uno.
Algodón y lana suficientes para vestir a la nación,
- podriéndose en manos de los hombres que los criaron y
- no pueden deshacerse de ellos.
Todo ramo de negocios, los ferrocarriles, la edición de periódicos, la gestión de tiendas, la manufactura, la agricultura, la construcción, en depresión.
¿Por qué?
A falta de dinero.
¿Dónde está el dinero? Este es el país que se supone que es el centro financiero del mundo—¿dónde está el dinero?
Está en Nueva York. El Sistema de la Reserva Federal, que el señor Warburg deseaba dirigir desde un banco central único, ha terminado siendo prácticamente eso. El dinero está en Nueva York.
He aquí la acusación formulada contra el gobernador de la Junta de la Reserva Federal por un funcionario público responsable que sabe de lo que habla:
Si bien hay escasez de dinero para los sectores productivos del Oeste y del Noroeste, del Sur y del Suroeste, «encontramos que los bancos individuales de la ciudad de Nueva York están tomando prestado del Sistema de la Reserva, en varios casos, más de $100 000 000 cada uno; y a veces se presta allí hasta $145 000 000 a un solo banco —el doble de lo que algunos de los Bancos de la Reserva han estado prestando recientemente a todos los bancos miembros de sus distritos».
Un banco de Nueva York pidió prestados 134.000.000 de dólares, o sea, 20.000.000 más de lo que el Banco de la Reserva Federal de Kansas City estaba adelantando a 1.091 bancos miembros en ese Distrito de la Reserva que abarca los estados de Kansas, Nebraska, Colorado, Wyoming y partes de Misuri, Oklahoma y Nuevo México.
Al mismo tiempo, otro banco de Nueva York tomaba prestados del Banco de la Reserva Federal unos 40.000.000 de dólares, lo que era más que el total de los préstamos que el Banco de la Reserva Federal de Minneapolis otorgaba a sus 1.000 bancos miembros en los grandes estados de Minnesota, Dakota del Norte y del Sur, Montana y parte de Wisconsin.
Otro banco de Nueva York pidió prestada al Banco de la Reserva Federal una suma mayor en 30.000.000 de dólares de lo que el Banco de la Reserva Federal de Dallas estaba prestando a todos los bancos de Texas, Luisiana y Oklahoma.
Todavía otro banco de Nueva York obtuvo un préstamo que equivalía al total de los préstamos permitidos por el Banco de la Reserva Federal de San Luis a los 569 bancos miembros de ese importantísimo distrito, que incluye todo el estado de Arkansas, partes de Illinois, Indiana, Kentucky, Tennessee y Misisipi, y la mayor parte de Misuri.
Tómese el Quinto Distrito del Sistema de la Reserva Federal, al que sirve el Banco de la Reserva Federal de Richmond, Virginia: un solo banco de Nueva York pudo tomar prestado del Banco de la Reserva Federal de Nueva York más de lo que el Banco de la Reserva Federal de Richmond habría prestado a todos sus bancos miembros en Maryland, Virginia, Carolina del Norte y del Sur, y la mayor parte de Virginia Occidental.
Esa es la situación. Los doce bancos regionales, que debían hacer que el dinero sirviera a todas las partes del país por igual, han sido aparentemente «vencidos por la vía administrativa» hasta tal punto que el Banco de la Reserva Federal de Nueva York es, a todos los efectos prácticos, el Banco Central de los Estados Unidos, y sirve a la parte especulativa del país con millones, mientras que a la parte productiva del país se le permite languidecer con miles mezquinos.
Cuando puede ocurrir que cuatro bancos de Nueva York pidan prestado al Banco de la Reserva Federal de Nueva York tanto dinero como los bancos de 21 estados pudieron pedir prestado a los cinco Bancos de la Reserva Federal de San Luis, Kansas City, Minneapolis, Dallas y Richmond, parecería haber necesidad de una explicación en alguna parte.
¿De dónde salió este dinero prestado en Nueva York? Salió de aquellas regiones del país donde el dinero era más escaso.
En mayo de 1920, se dio la orden por teléfono: «La paralización llegará el 15». Y llegó. Se detuvo el crédito. Se exigieron los pagos. Un flujo de dinero, literalmente exprimido de las zonas productoras del país, comenzó a rodar hacia Nueva York. De otro modo, esos gigantescos préstamos recién registrados habrían sido imposibles.
Fue presión, presión de la Reserva Federal, conocida educadamente como deflación, y así es como funcionó. Los bancos del Oeste fueron secados por completo para que los bancos de Nueva York pudieran desbordarse.
«El dinero fue retirado de negocios legítimos en varias partes del país para ser prestado a altas tasas en Wall Street», dice el funcionario al que nos referimos anteriormente.
Se ha descubierto que los bancos especulativos podían tomar dinero prestado al seis por ciento, dinero que luego prestaban a tipos tan altos como el 20, 25 y 30 por ciento.
La deflación de la Reserva Federal creó una escasez de la que se aprovecharon los bancos especulativos. La política de la Reserva Federal retiró el dinero; los bancos de Nueva York tomaron prestado el dinero así retirado y lo prestaron a tasas descomunales —tasas que la gente pagaba para evitar la ruina causada por la situación de escasez de dinero que trajo consigo el desmedido proceso de deflación—.
Y todo este tiempo el Sistema de la Reserva Federal se encontraba en la mejor situación financiera de toda su historia.
En diciembre de 1920, tenía el 45 por ciento de sus reservas, lo cual era una reserva mayor que la que tenía en diciembre de 1919. Pero al momento de escribir esto (julio de 1921), la reserva ha alcanzado el 60 por ciento.
El dinero está en Nueva York. Salgan a través de los estados agrícolas, y no lo encontrarán. Entren en los distritos de fábricas silenciosas y no lo encontrarán. Está en Nueva York.
La Reserva Federal de Warburg ha deinflado al país. Un Sistema que tenía la intención de nivelar las altas y bajas del clima financiero ha sido utilizado “de manera administrativa” para vaciar al país de dinero.
La idea de la Reserva Federal era sin duda correcta; si no lo hubiera sido, no se habría podido establecer.
Pero ha sido manipulada. No ha sido una reserva «federal»; ha sido una reserva privada. Ha operado en interés de los banqueros y no de todos en general.
Capaz de ser utilizada para devolver gradualmente al país a un flujo natural de negocios y a un nivel natural de precios, se usó para golpear a los negocios en un momento crítico y golpearlos de tal manera que los prestamistas se beneficiaron mientras los productores sufrían.
Si tal es el caso, no habrá banquero estadounidense que no diga que el método fue incorrecto; económicamente incorrecto, lógicamente incorrecto, comercialmente incorrecto, si no penalmente incorrecto.
Hoy la Reserva Federal presume de su propia reserva como si eso fuera un signo de salud económica nacional. Con el país luchando por sobrevivir, la reserva de la Reserva Federal debería estar baja, no alta. La altura que ha alcanzado la reserva es una medida de la profundidad de la depresión del país.
Si la Reserva Federal dejara salir una parte de esa inundación de dinero —una alta autoridad financiera sugiere que menos del 10 por ciento bastaría—, sería como una transfusión de sangre en las venas de la nación.
Kuhn, Loeb & Company, los Speyer y los demás prestamistas judíos tienen dinero para México, Noruega, Alemania y toda clase de compañías comerciales que se están organizando para hacer negocios en el extranjero, y es dinero estadounidense. El Sistema de la Reserva Federal de Warburg ha sido mal utilizado, gravemente manipulado, y el país está sufriendo por ello.
Aun así, la gente no sabe qué hacer. El dinero sigue siendo un misterio. La banca sigue siendo sacrosanta. Lo que sería perfectamente evidente si se hiciera en las transacciones comerciales ordinarias con un billete de 5 dólares, resulta sumamente complicado cuando la suma es de cinco millones y las partes son (1) bancos rurales, (2) bancos de la Reserva Federal y (3) instituciones especulativas de Wall Street. Sin embargo, no son más que Pedro, Pablo y Juan con un billete de 5 dólares, después de todo.
“El asunto está en cierto modo afectado por las mordazas que se imponen a muchos hombres competentes para criticar. Los altos funcionarios están más o menos atados por las contribuciones de campaña en las que todos los intereses financieros tienen parte. Los funcionarios legislativos están, muchos de ellos, en deuda con estos mismos intereses. Un inventario de las deudas privadas de algunos de los hombres que han aspirado a la Presidencia en los últimos ocho años sería muy esclarecedor, casi tanto como un inventario de los nombres de los judíos en cuyas casas se hospedaron durante sus viajes por el país. Los hombres que están así atados al sistema financiero actual no pueden decir lo que en su fuero interno saben.
Todo está ilustrado en el testimonio de T. Cushing Daniel ante un comité del Congreso. Muestra hasta qué punto puede llegar el poder de esta corporación privada llamada banco central:
“Cuando pasé por el Banco de Inglaterra presenté una carta que tenía del secretario Hay, y el funcionario del banco fue muy educado. Me condujo por el banco y, cuando volvimos a la sala de recepción, le pregunté si me permitiría hacerle un par de preguntas capciosas. Dijo que sí, y le pedí que me diera un estado financiero del Banco de Inglaterra.
«No emitimos estados financieros».
«¿Acaso la Cámara de los Comunes no les exige a veces algún estado financiero sobre la situación del banco?».
«No, señor; no nos exigen nada»...
«¿Cómo es posible que algunos de estos supuestos revolucionarios no se levanten en la Cámara de los Comunes y armen un escándalo para enterarse de lo que pasa aquí abajo? Esa sería la situación en nuestro país».
«Oh, la mayoría de ellos son grandes deudores del banco, y no tenemos problemas con ellos». (risas)”.
——
Edición del 16 de julio de 1921.
- Erratas corregidas; ortografía no estándar y dialecto conservados.