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nydus/At the Mountains of MadnessPublic
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I

Me veo obligado a hablar porque los hombres de ciencia se han negado a seguir mi consejo sin saber por qué. Es totalmente en contra de mi voluntad que revele las razones por las que me opongo a esta proyectada invasión de la Antártida —con su vasta búsqueda de fósiles y sus perforaciones y derretimientos masivos de los casquetes de hielo milenarios—. Y me resisto aún más porque mi advertencia puede ser en vano.

La duda sobre los hechos reales, tal como debo revelarlos, es inevitable; sin embargo, si omitiera lo que parecerá extravagante e increíble, no quedaría nada.

Las fotografías retenidas hasta ahora, tanto ordinarias como aéreas, contarán a mi favor, pues son maldita sea su viveza y su claridad. Aun así, se dudaría de ellas debido al gran grado de sofisticación que puede alcanzar una falsificación astuta.

Los dibujos a tinta, por supuesto, serán abucheados como imposturas obvias; a pesar de una rareza y una técnica que los expertos en arte deberían observar y desentrañar con desconcierto.

Al fin debo confiar en el juicio y la posición de los pocos líderes científicos que poseen, por un lado, la suficiente independencia de pensamiento como para sopesar mis datos según sus propios méritos, espantosamente convincentes, o a la luz de ciertos ciclos míticos primordiales y sumamente desconcertantes; y por el otro, la suficiente influencia como para disuadir al mundo explorador en general de cualquier programa imprudente y demasiado ambicioso en la región de aquellas montañas de la locura.

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