y Whitechapel, las Liberties de Dublín y los Wynds de Edimburgo. Hay multitud de estas localidades en el corazón de la ciudad, al sur del Trongate, al oeste del Saltmarket, en Calton y junto a High Street, interminables laberintos de callejones o wynds en los que se abren a casi cada paso patios o callejones sin salida, formados por casas mal ventiladas, de gran altura, sin agua y ruinosas. Estas están literalmente abarrotadas de habitantes. Contienen tres o cuatro familias por cada piso, tal vez veinte personas. En algunos casos, cada planta se alquila por puestos para dormir, de modo que entre quince y veinte personas se amontonan, unas encima de otras —no puedo decir que alojadas—, en una sola habitación. Estos distritos albergan a los miembros más pobres, depravados e inútiles de la comunidad, y pueden considerarse las fuentes de esas espantosas epidemias que, comenzando aquí, siembran la desolación en Glasgow”.
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Las Grandes Ciudades
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