Dos novias blancas y envueltas en blanco bajaban lentamente por la gran escalinata de Cresswell Oaks, y dos novios vestidos de blanco y negro las aguardaban.
Cada novio miraba con alegría el desfile de los vestidos de su hermana y casi con sombría reserva el de su novia. Pues Helen estaba ataviada con esplendor parisino, mientras que Mary iba vestida con el Vellocino.
«¡Es la mañana de tu boda, radiante bajo el sol!»
Se elevó el canto de los niños pequeñitos de rostro moreno, y Zora escuchó.