# NACIMIENTO DE LOS PARTIDOS COMUNISTA Y COMUNISTA OBRERO
El 24 de junio de 1919 se reunió en la ciudad de Nueva York la Conferencia del Ala Izquierda.
El propósito de la Conferencia era unir por primera vez las fuerzas del Ala Izquierda en todo el país y decidir un plan de acción común contra la Derecha. Desde hacía algún tiempo existía un deseo creciente entre los miembros de la Izquierda de formar un nuevo partido que se conocería como el Partido Comunista.
La organización del estado de Míchigan y las distintas federaciones de habla rusa, que habían sido expulsadas o suspendidas, estaban particularmente ansiosas por un nuevo partido. Asimismo, muchos miembros del Ala Izquierda en todo el país creían que, aun siendo más numerosos que los de la Derecha, sería inútil intentar controlar la Convención Nacional de Emergencia del Partido Socialista, convocada para el 30 de agosto de 1919 en Chicago.
Temían que las credenciales de los delegados de la Izquierda aún no suspendidos ni expulsados no fueran reconocidas por la maquinaria del partido en manos de la Derecha y, además, que incluso si lo fueran, dichos delegados de la Izquierda no constituiría la mayoría debido a que muchos otros delegados de la Izquierda ya habían sido expulsados del Partido.
Casi al comienzo de la Conferencia Nacional de la Izquierda, los delegados del estado de Míchigan y los delegados de las federaciones de lenguas extranjeras insistieron en la organización inmediata de un nuevo partido que se llamaría Partido Comunista. La mayoría de los delegados, sin embargo, se opuso a la organización inmediata, alegando que sería mucho más prudente esperar hasta la reunión de la Convención Nacional de Emergencia, a finales de agosto, ya que muchos socialistas de izquierda se negarían a abandonar el partido matriz hasta que fuera evidente que la Convención no podía ser tomada por la Izquierda. La mayoría de los delegados decidió convocar una Convención del Partido Comunista para el 1 de septiembre de 1919. Los delegados del estado de Míchigan y los delegados de la federación de habla rusa rompieron entonces con la mayoría de la Izquierda, provocando una grave escisión que continuó hasta aproximadamente finales de julio de 1919.
En ese mes, sin embargo, la mayoría de los miembros del Consejo Nacional del Ala Izquierda que habían estado liderando la facción del Ala Izquierda que se había negado al llamado para la formación inmediata del Partido Comunista, se pasaron a la facción minoritaria, que incluía a la organización del Estado de Michigan y a las federaciones de habla rusa.
Se había llegado a un compromiso por el cual los antes dichos miembros del Consejo Nacional acordaron no insistir en la asistencia a la Convención Nacional de Emergencia del Partido Socialista, mientras que la organización de Michigan, junto con las federaciones, estaban dispuestas a esperar hasta el 1 de septiembre de 1919 para la convención del Partido Comunista.
Aun en estos términos, John Reed, Ben Gitlow y algunos otros miembros destacados de la Izquierda se negaron a pasarse al Partido Comunista, habiendo decidido luchar por los derechos de los izquierdistas en la Convención de Emergencia Nacional del Partido Socialista.
Este grupo de izquierdistas más adelante, como se verá, se convirtió en el núcleo de un tercer partido, el Partido Laborista Comunista.
Varias declaraciones de la convocatoria conjunta para la convención del Partido Comunista, citadas de "The Revolutionary Age", 23 de agosto de 1919, interesarán al lector:
"El partido se fundará sobre los siguientes principios: «El presente es el período de disolución y colapso de todo el sistema mundial capitalista, lo que significará el colapso de la cultura mundial, si el capitalismo, con sus contradicciones insolubles, no es reemplazado por el comunismo. «El problema del proletariado consiste en organizarse y formarse para la conquista de los poderes del Estado... «Este nuevo Estado proletario debe encarnar la dictadura del proletariado, tanto industrial como agrícola; esta dictadura constituye el instrumento para la toma de la propiedad utilizada para explotar a los trabajadores y para la reorganización de la sociedad sobre una base comunista... «La dictadura del proletariado llevará a cabo la abolición de la propiedad privada de los medios de producción y distribución, mediante su transferencia al Estado proletario bajo la administración socialista de la clase trabajadora... «La situación mundial actual exige la más estrecha relación entre el proletariado revolucionario de todos los países... «Nos inclinamos por la alianza internacional del Partido Comunista de los Estados Unidos únicamente con los grupos comunistas de otros países, tales como los bolcheviques de Rusia, los espartaquistas de Alemania, etc.... «El partido hará propaganda del sindicalismo industrial consciente de su clase y llevará a cabo su actividad partidaria en cooperación con los conflictos industriales que adquieran un carácter revolucionario»."
El órgano nacional del Partido Comunista era The Communist, de Chicago. En su edición del 23 de agosto de 1919, critica así al Partido Socialista:
"La mayoría de los lectores de 'The Communist' están familiarizados con la forma de organización del viejo Partido Socialista, con su autonomía estatal y su burocracia oficial. Prácticamente cada estado está organizado como un partido socialista independiente. El «socialismo oficial» de Milwaukee es enteramente distinto del<sup></sup> «socialismo oficial» de Ohio, tanto en lo que respecta a sus plataformas como a su forma de organización. Cada estado tiene un «socialismo» de su propia marca, e incluso las cuotas no son uniformes en todo el país. Los «periódicos oficiales» del partido son en la mayoría de los casos órganos de asociaciones independientes, que no están afiliadas en absoluto a las organizaciones centrales del partido. Armas tan importantes en la lucha del proletariado se dejan en manos de los ideólogos pequeñoburgueses que, en realidad, prostituyen la prensa obrera. Como ejemplos tenemos, por ejemplo, a 'The Milwaukee Leader', al 'New York Call', al judío 'Daily Forward', al 'Appeal to Reason' y a muchos otros dispersos por todo los Estados Unidos, cada uno de los cuales no solo contradice a los demás, sino que contiene en cada número contradicciones flagrantes tales que cualquier persona inteligente que los lea acaba sintiendo repugnancia por todo ese revoltijo confuso."
La lucha entre los revolucionarios fue una lucha a muerte. Todos los líderes querían convertirse en Trostskys y Lenines, todos querían ser jefes.
Parece razonable concluir que si el bolchevismo llegara a introducirse en los Estados Unidos, ya sea por el Partido Socialista matriz o por sus vástagos, el Partido Comunista o el Partido Laborista Comunista, la dictadura del proletariado, esa maravillosa tontería de la que tanto oímos hablar, sería disputada por un número asombroso de competidores.
- En Rusia, Lenin y Trotsky parecen constituir la Dictadura del Proletariado.
- En el Partido Socialista de los Estados Unidos, Berger y Hillquit, del antiguo Comité Ejecutivo Nacional, constituyeron una dictadura de primera clase.
- En el Partido Comunista, Dennis Batt, recientemente encarcelado, y Alexander Stoklitsky seguramente le darían a la base comunista mucho en qué entretenerse —haciéndose todo, por supuesto, según sus voluntades—.
- John Reed y Ben Gitlow harían una "dictadura del proletariado" ideal, si el Partido Laborista Comunista llegara a convertir el bolchevismo en la ley del país.
"Truth", uno de los órganos del Partido Laborista Comunista, publicado en Duluth, Minnesota, en su número del 29 de agosto de 1919, dedica casi dos de sus ocho páginas a virulentos ataques contra el Partido Comunista. Dos breves citas bastarán para mostrar el espíritu de envidia que existe:
Se dice que la distancia presta encanto, y quizás esa sea la razón por la cual algunos de ustedes en el Este han respondido al canto del cuco de las Federaciones de Míchigan. Francamente, no vemos nada esperanzador en la alineación presentada por el bloque de la Federación de Míchigan. Tememos las consecuencias de semejante liderazgo. El autodenominado Partido Comunista, tal como está constituido actualmente y en especial con la adhesión de una parte del Consejo Nacional, presenta el grupo más atractivo de «elegibles» sobre el que el hombre haya puesto los ojos jamás. Y mientras contemplo este augusto despliegue de talento, me pregunto dónde va a parar la clase trabajadora. Nosotros, los de la izquierda del condado de Cook, somos reacios a unirnos a una organización bajo la dirección de unos cuantos doctrinarios de Detroit y del aspirante a Lenin de los Estados Unidos.<sup></sup> No consideramos que el bienestar del movimiento revolucionario fuera a ser celosamente guardado en sus manos.
Del periódico Truth, de la misma fecha, citamos también una carta abierta a Louis C. Fraina, la cual dice en parte lo siguiente:
"¿Saben cómo se está gobernando la Federación Rusa? ¿Saben que un 'pelotón de fusilamiento' está constantemente en funciones expulsando miembros y ramas de la Federación que se atreven a discrepar en algo con los aspirantes a jefes de la Federación Rusa?... "¿Saben que estos 'jefes' están empleando un sistema regular de servicio secreto para cazar a los indeseables? "¿Saben que se mantiene una censura peor que la militar en los dominios de Stocklitzky (los Estados del Noroeste), donde se les prohíbe a las ramas comunicarse entre sí o enviar o recibir cualquier correspondencia que no sea a través de las manos de los censores, el Comité Ejecutivo, y que este comité de censura, como los imperialistas en la guerra mundial, está reteniendo el correo de estas ramas y no entrega en absoluto el correo 'indeseable'?"
30 de agosto de 1919, el día para la reunión de la Convención Nacional de Emergencia del Partido Socialista, por fin llegó. Delegados del ala derecha, y muchos de la izquierda, incluidos John Reed, I. E. Ferguson y Rose Pastor Stokes, estaban presentes. Los delegados del ala izquierda, en número de unos 84, llegaron temprano al lugar de reunión, el Machinists' Hall, 113 South Ashland Boulevard, Chicago. Los problemas comenzaron de inmediato, ya que, al estar los asientos ocupados por los izquierdistas, los miembros de la derecha quedaron desplazados.
Germer y Gerber, de la Derecha, parecen haber perdido la cabeza. «The Chicago Herald and Examiner», del 31 de agosto de 1919, nos informa que Adolph Germer, secretario nacional del Partido Socialista y uno de los principales miembros del Ala Derecha, llamó a la policía, la cual despejó la sala.
«The Chicago Tribune» del mismo día nos dice que todo el mundo se estaba intercambiando golpes cuando llegó la policía. El sargento detective Lawrence McDonough, jefe del escuadrón anarquista, con la ayuda de una docena de policías uniformados, parece haber salvado la situación para los de la Derecha.
John Reed, del Ala Izquierda, estaba furioso, y «The Call», de Nueva York, del 31 de agosto de 1919, nos cuenta que emitió una declaración dirigida a los delegados de la Convención de Emergencia:
"Nos dirigimos a ustedes para informarles sobre los sucesos de esta mañana contra los cuales protestará todo socialista revolucionario presente en el suelo de esta convención. "Delegados de Illinois, Minnesota, Washington, Oregon, Ohio, Nebraska, California y otros estados ingresaron al recinto de la convención y tomaron sus asientos listos para la apertura de la convención. "Cerca de las 10 en punto, Gerber de Nueva York y Goebel de Nueva Jersey, quienes estaban en la puerta e intentaron negar la admisión a los delegados antes mencionados, llamaron a la policía y estas delegaciones fueron expulsadas del salón por la fuerza policial, siendo muchos de ellos maltratados."
Los informes de prensa nos informan de que, tras haberse calmado los beligerantes, la reunión fue convocada de nuevo, y que Victor Berger, al referirse a los de la Izquierda, dijo: «No son más que un montón de anarquistas; nosotros somos el partido».
Berger no dijo si por la palabra «nosotros» se refería o no al antiguo Comité Ejecutivo Nacional, que debería haber cesado en sus funciones en julio, pero que parecía haberse otorgado un «mandato» para dirigir la Convención Nacional de Emergencia.
El 31 de agosto de 1919, los exaltados y los descontentos volvieron a reunirse, y surgió una disputa sobre quién había llamado a los «maderos». Como resultado, los de la Izquierda se reunieron a continuación por su cuenta en la planta baja, en el primer piso del salón, mientras que los de la Derecha permanecieron más arriba, en el segundo piso. Ese mismo día, el grupo de Minnesota fue admitido en la Convención, pero se le denegó el derecho a voto.
El 1 de septiembre, los escaladores más altos del ala derecha depuraron aún más al partido al desbancar a la delegación del estado de Washington y expulsaron a Katterfield «por el bien del partido».
Los delegados de California lanzaron entonces una bomba en la Convención del Ala Derecha al anunciar que no ocuparían sus asientos hasta que todas las delegaciones disputadas fueran sentadas y la policía fuera retirada del salón.
Estos delegados bajaron finalmente al primer piso y unieron filas con los de la izquierda allí presentes, sección que a partir de entonces pasó a ser conocida como el Partido Laborista Comunista.
El mismo día en que la Convención del Partido Comunista se reunía en el Instituto Smolny, 1221 de Blue Island Avenue, Chicago. Se exhibieron banderas rojas y se entonaron canciones bolcheviques hasta que la policía del escuadrón anarquista exigió finalmente la retirada de los estandartes de la revuelta, de color sangre.
«The Call» nos informa de que al día siguiente, el 2 de septiembre, el Partido Comunista, compuesto por el grupo de Michigan, la Federación Rusa y el antiguo Consejo Nacional de la Izquierda, estuvo a punto de dividirse en dos cuando, a una señal concertada, dimitieron del comité de emergencia de la convención Louis C. Fraina, C. E. Ruthenberg, I. E. Ferguson, Maximilian Cohen, S. Elbaum y A. Selakowich, y, de otros cargos, A. Paul de Queens y Fannie Horowitz.
Al parecer, estos miembros estaban deseosos de que el Partido Comunista se amalgamara con el Partido Laborista Comunista, pero las federaciones extranjeras, temiendo ser superadas en número por los miembros de habla inglesa, se oponían firmemente a la unión.
En este mismo día fue encarcelado Dennis Batt, uno de los principales líderes del Partido Comunista.
Además, el 2 de septiembre, el Partido Laborista Comunista —el grupo que primero se había reunido con el Ala Derecha y, más tarde, abajo, en el primer piso del salón de South Ashland Boulevard— se congregó en el Salón de los I. W. W. en el número 119 de la calle Throop. Este partido, en cuerpo y alma, está a favor de la propagación del bolchevismo y del I. W. W.'ismo en los Estados Unidos y, si el Gobierno no lo desarticula por completo, parece destinado a volverse más numeroso que el Partido Socialista —que se desintegra rápidamente— o que el Partido Comunista, el cual está compuesto principalmente por extranjeros que hablan los diversos idiomas rusos. Los principales líderes del Partido Laborista Comunista son John Reed, William Bross Lloyd, anteriormente conocido como el socialista millonario, y Benjamin Gitlow. También parecía probable que Fraina, Ferguson, Ruthenberg y Cohen, destacados "rojos" que renunciaron al comité de emergencia del Partido Comunista, pronto se encontraran entre los líderes del Partido Laborista Comunista. En el momento de la convención, ningún órgano nacional del Partido Laborista Comunista había comenzado aún su publicación, pero "The Voice of Labor", editado por Reed y Gitlow, y "Truth", anteriormente el periódico socialista de Duluth, eran órganos locales.
Tanto el Partido Comunista como el Partido Laborista Comunista son fuertemente bolcheviques. El Partido Laborista Comunista es decididamente más favorable a los I. W. W. que el Partido Comunista; pero las diferencias principales entre estos dos partidos parecen ser una cuestión de raza, idioma y, especialmente, de celos personales y animadversión entre los líderes.
Durante años, el Partido Socialista y el Partido Laborista Socialista han permanecido separados el uno del otro, de modo que ahora, con los dos nuevos partidos, el Partido Comunista y el Partido Laborista Comunista, hay cuatro partidos de rebeldes, todos tramando una revolución contra nuestro Gobierno Nacional, mientras el gran cuerpo del pueblo estadounidense duerme y sueña.
Un buen número de personas cultas en los Estados Unidos, incluidos los editores de algunos de nuestros principales diarios, parecen pensar que lo que queda del Partido Socialista no es en absoluto una organización bolchevique ni tiene carácter revolucionario en modo alguno.
Están muy engañados, pues se han dejado engañar gravemente por los líderes astutos, falaces e hipócritas del Ala Derecha. Los del Ala Izquierda han sido, en verdad, mucho más francos al admitir sus intenciones de derrocar a nuestro gobierno por la fuerza de las armas. Son peligrosos, pero tal vez no tanto como los resbaladizos "amarillos", comadrejas astutas del tipo del ruso importado Hillquit, quienes, aunque no hablan tan abiertamente como los "rojos", están propagando sus principios subversivos por todas partes, y especialmente entre las clases menos educadas de nuestro pueblo, en cuyas mentes instilan el espíritu de odio entre empleadores y empleados, al tiempo que fomentan huelgas, siempre que pueden, con la esperanza de derrocar a nuestro Gobierno cuando las condiciones se vuelvan lo suficientemente críticas.
Ambos partidos de los socialistas y ambos partidos de los comunistas, junto con los I. W. W., son todos revolucionarios en el sentido más estricto, y cuanto antes despierte el pueblo estadounidense ante este hecho y tome alguna medida inteligente para erradicarlos, mejor será. Todavía no es demasiado tarde, pero pronto podría serlo.
Los socialistas bolcheviques de Rusia y los dos nuevos partidos de socialistas que en Chicago, en septiembre de 1919, se escindieron del partido matriz, han adoptado todos el nombre de "comunista", el cual —según nos informa The Call de Nueva York del 24 de julio de 1919— fue utilizado por Marx y Engels, los fundadores del socialismo moderno, añadiendo que, aunque el nombre es algo confuso, dado que la palabra tiene otro significado distinto en inglés, aun así, "dondequiera que se utilice, significa socialistas revolucionarios a diferencia de los socialpatriotas y los meros socialistas parlamentarios".
¿Es esta definición una coartada para Hillquit y Berger?
Muchas personas han supuesto apresuradamente que la razón principal por la cual las alas Derecha e Izquierda de los socialistas lucharon entre sí como perros y gatos fue que los miembros del ala Derecha del partido se oponen al bolchevismo. Esto es una tontería.
Los periódicos socialistas del país, de derecha y de izquierda —con la posible excepción del otrora poderoso «Appeal to Reason», que en los últimos años ha caído en gran descrédito entre los socialistas por haber favorecido nuestra entrada en la Guerra Mundial—, han estado abogando y siguen abogando por el bolchevismo todos los días. Si alguien tiene alguna duda, que lea cualquiera de los pasquines rebeldes.
El Partido Socialista de San Luis, en su llamamiento a la unidad del partido, publicado en «The Call», el 19 de julio de 1919, nos informa que el Partido Socialista está de todo corazón con los bolcheviques rusos y su causa:
"Promptly, and notwithstanding all obstacles and persecution, the Socialist party hurried to the front in defense of the cause of our Russian Comrades. Mass meetings were held, demonstrations in behalf of Soviet Russia were arranged, our Socialist press gave all possible support to counteract the sinister work of the American capitalist press."
Eugene V. Debs, candidato presidencial de los socialistas en numerosas ocasiones e ídolo tanto de "rojos" como de "amarillos", ha sido desde el principio un ferviente bolchevique. Escuchen estas palabras suyas en su artículo "El día del pueblo", publicado en numerosos periódicos socialistas a principios de 1919, y tomado por nosotros del número de marzo de "Party News", el órgano oficial del Partido Socialista de Filadelfia:
"En Rusia y en Alemania nuestros valientes camaradas están liderando la revolución proletaria, que no conoce razas, ni colores, ni sexos y ni líneas fronterizas. Están dando el heroico ejemplo para una emulación mundial. ¡Despreciemos y repudiemos, como ellos, a los cobardes oportunistas dentro de nuestras filas, desafiemos y desafiemos el poder de la clase ladrona, y peleemos hasta el final por la victoria o la muerte! «De la coronilla a las plantas de los pies soy bolchevique, y estoy orgullosa de ello»."
El informe de la mayoría derechista del antiguo Comité Ejecutivo Nacional del Partido Socialista, presentado en la Convención Nacional de Emergencia, y citado aquí de «The Call» del 3 de septiembre de 1919, contiene la siguiente defensa de su bolchevismo contra las difamaciones de los líderes de la izquierda que habían cuestionado la actitud del comité hacia Rusia:
"Desde la revolución en Rusia, el partido la ha aclamado como el primer gran regalo de la Internacional. En cada reunión del Comité Ejecutivo Nacional celebrada desde la segunda revolución en Rusia [la revolución que puso a Lenin y Trotsky en el poder] el comité ha emitido alguna rotunda declaración a favor del gobierno de obreros y campesinos en Rusia.... "Rara vez se ha celebrado una reunión bajo los auspicios del partido en la que nuestros oradores no hayan aprovechado la ocasión para presentar las demandas y los logros de la revolución rusa. La posición del partido puede determinarse fácilmente consultando los boletines del partido y la prensa del partido".
Los miembros del Comité Ejecutivo que firmaron esta defensa de la inclinación bolchevique del comité fueron Victor L. Berger, Seymour Stedman, James Oneal, A. Shiplacoff, Dan Hogan, John M. Work, Frederick Krafft y George H. Goebel.
Estos, junto con Morris Hillquit, fueron los hombres que habían expulsado o suspendido violentamente a decenas de miles de miembros del partido sin la autorización de la Constitución del partido y sin conceder un juicio ni el derecho a la autodefensa a quienes así fueron tratados; que se habían mantenido en el cargo después del 1 de julio de 1919, en abierta violación de la Constitución del partido, tras haber suprimido el anuncio del resultado de la votación del referéndum de las bases para elegir a los miembros del comité ejecutivo —votación en la cual habían resultado elegidos miembros del ala izquierda, como tuvo que reconocer el informe presentado a la Convención Nacional de Emergencia por el comité del ala derecha designado para investigar dicho referéndum—, y que, mediante estos artificios y una prepotencia similar cometida por ellos mismos y por delegados afines, se habían apoderado del control de la Convención Nacional de Emergencia y la habían organizado en su propio beneficio.
En su informe a la convención se defendieron además contra la acusación del ala izquierda de que esta mayoría del Comité Ejecutivo se había aliado con la Conferencia de Berna. Bajo este rubro, los miembros del comité antes mencionados dicen:
"Aunque no se puede fijar una fecha definitiva para el inicio de la actual disensión partidaria, es seguro que esta comenzó a hacerse general en enero de este año [1919], cuando el Comité Ejecutivo Nacional eligió delegados para la Conferencia de Berna debido a que los delegados elegidos por referéndum no pudieron servir, y la reunión de la Conferencia de Berna en marzo hizo necesaria la elección de delegados por parte del Comité Ejecutivo Nacional. "Los miembros de la llamada Ala Izquierda del Comité Ejecutivo Nacional participaron en la elección, nominando y votando por candidatos. Ninguno de sus nominados fue elegido, y poco después de la elección se lanzó un ataque organizado contra los delegados internacionales por parte del Ala Izquierda.... "El Comité Ejecutivo Nacional, en sesión, decidió que si nuestros delegados llegaban a Berna a tiempo y la conferencia no lograba adoptar la postura del partido sobre la guerra y el imperialismo, debíamos retirarnos junto con cualquier otro elemento que favoreciera a una genuina Internacional de la clase trabajadora. Se acordó que no nos afiliaríamos a ninguna Internacional que excluyera a los camaradas rusos, que estaban combatiendo al imperialismo mundial, o a los camaradas opuestos al régimen de Ebert-Scheidemann en Alemania. "Antes de que nuestros delegados pudieran abandonar el país, el Comité Ejecutivo Nacional se enteró de que la Conferencia de Berna había fracasado en estar a la altura de su oportunidad.... Al enterarse de esto, el Comité Ejecutivo Nacional decidió enviar un delegado al extranjero para transmitir información a los camaradas en Europa, informándoles de nuestra actitud sobre las cuestiones internacionales."<sup></sup>.... "Sin embargo, a pesar de todo esto, una campaña sistemática de falsedades ha sido librada contra el partido por una facción dentro del partido. Esta facción ha afirmado falsamente que el partido está aliado con la Conferencia de Berna.... Han denuciado al partido y a sus funcionarios como una organización de 'Scheidemanns' y 'Noskes', afirmando que si al partido se le confiara el poder público, asesinaría a nuestros propios camaradas con ametralladoras y granadas de mano.... "Estas calumnias han ido acompañadas de una propaganda similar respecto a Rusia. El partido y sus funcionarios, especialmente los miembros del Comité Ejecutivo Nacional, han sido acusados de ser 'Kolchaks' y 'contrarrevolucionarios', siendo la implicación que el partido se ha comprometido con la contrarrevolución en Rusia, la intervención aliada y el apoyo a Kolchak en Siberia. "Como en el caso de Alemania, así en el caso de Rusia, el Comité Ejecutivo Nacional y el partido en general se han opuesto a la intervención en Rusia o al apoyo a Kolchak y han apoyado a los camaradas rusos al frente del poder soviético contra una campaña de mentiras internacionales. "Nunca ha habido una sola declaración del Comité Ejecutivo Nacional citada por el Ala Izquierda para respaldar estas calumnias. Los camaradas pueden estar seguros de que esta facción citaría al Comité Ejecutivo Nacional si pudiera."
Es técnicamente cierto que los escritores de la Izquierda no pudieron citar al Comité Ejecutivo como tal; pero podían citar y citaron a los líderes dominantes de la mayoría de la Derecha del Comité Ejecutivo, Hillquit y Berger, a través de sus órganos, el «Call» y el «Leader» —el «Call» caracterizando a los bolcheviques como «anarquistas» y a Berger proclamando su solidaridad con los mencheviques—, y en ninguna parte hemos visto prueba alguna de que estos líderes pudieran limpiar el registro de estas acusaciones.
Que estos líderes eran el Comité Ejecutivo, a todos los efectos prácticos, parece demostrarse sobradamente por el uso despiadado que hicieron de él para destruir el partido, llegando al extremo de expulsar a casi dos terceras partes de la totalidad de los afiliados del partido para librarse de sus acusadores, los líderes de la Izquierda.
Este escándalo y desastre para una causa a la que fingían servir son los resultados lógicos de una doble hipocresía: el esfuerzo por engañar al público votante y a los funcionarios de nuestro Gobierno mediante una simulación de moderación en los periódicos y los discursos de campaña, mientras que, al mismo tiempo, se engañaba a las bases que pagan sus cuotas en el partido con expresiones de lealtad al radicalismo.
Los hechos significativos para estimar el carácter revolucionario del Partido Socialista estadounidense, tal como fue reclutado y adoctrinado por sus líderes de doble cara, son dos:
- el hecho de que, tan recientemente como en septiembre de 1919, unos 70.000 de sus discípulos se graduaron en el curso abierto de violencia revolucionaria adoptado por el Partido Comunista de América y el Partido Laborista Comunista, y
- el hecho de que los 40.000 restantes, más manejables, que se quedaron con estos líderes eran tan parecidos a sus camaradas secesionistas que sus líderes se vieron obligados a defender su propio radicalismo de la manera antes mostrada, y también se vieron obligados, como pronto veremos, a adoptar una postura abierta a favor de la revolución y del I. W. W.'ismo para evitar que incluso el remanente del partido los abandonara.
De este modo, muchos han cometido un grave error al imaginar que los socialistas "amarillos" —el ala derecha de Hillquit, que todavía constituye el Partido Socialista de América— no son conspiradores que trabajan por una revolución para derrocar a nuestro Gobierno.
Por supuesto que lo son, y cualquiera que haya leído los periódicos y publicaciones socialistas, aunque sea en un grado muy limitado, puede ver fácilmente que estos supuestos "moderados" lo parecen solo en contraste con los rebeldes "rojos" más rabiosos de la Izquierda; y que el único objetivo tanto de la Derecha como de la Izquierda es sembrar el descontento y fomentar el odio de una clase contra otra precisamente para que algún día estalle una rebelión.
Bien es verdad que los astutos líderes de la Derecha no actúan con la imprudencia de los exaltados líderes de la Izquierda, pues temen que la precipitación los arrastre a una revuelta prematura y fracasada; sin embargo, están sembrando la semilla de la revolución con tanta certeza como los comunistas, y tal vez con mucho más éxito, debido a que proceden con mayor prudencia.
De vez en cuando, al descuidarse, «se les va la lengua». Como ejemplo, citamos un fragmento de un artículo aparecido en la edición del 1 de mayo de 1919 de «The Call», el periódico fundado y controlado por Hillquit, el astuto líder de los moderados:
"La revolución mundial, soñada como algo de un futuro distante, se ha convertido en una viva realidad, que surge de las tumbas de los millones asesinados y de la miseria y el sufrimiento de los millones supervivientes. Ha tomado forma, avanza con fuerza, sostenida por la desesperación de las masas y el brillante ejemplo de los mártires. Su propagación es irreprimible. Los puentes han sido quemados tras la vieja sociedad capitalista y su camino está cortado para siempre. La sociedad capitalista está en bancarrota, y la única salvación de la humanidad radica en el levantamiento de las masas, en la victoria de la revolución socialista, en las fuerzas revolucionarias del socialismo. "La guerra mundial, que ahora está a punto de cerrarse oficialmente, ha derivado en una situación de ni guerra ni paz. Sin embargo, a la guerra de las naciones le ha seguido la guerra de las clases. La lucha de clases ya no se combate con resoluciones y manifestaciones. Amenazante, marcha por las calles de las grandes ciudades a vida o muerte".
Sin embargo, los periódicos de la Derecha son, en conjunto, mucho más reservados que los de la Izquierda. Como ejemplo de la franqueza con la que los periódicos de Izquierda o comunistas instigan a la rebelión, una cita de «The Communist», de Chicago, del 1 de abril de 1919, interesará al lector:
"La Liga de Propaganda Comunista de Chicago nació el 7 de noviembre de 1918, en el primer aniversario de la República Socialista Soviética Rusa y el mismo día de la Revolución Alemana. "Un grupo de funcionarios del Partido Socialista y miembros activos del partido se reunieron para deliberar sobre los medios y las formas de otorgar al movimiento socialista estadounidense un carácter revolucionario en consonancia con toda la trascendencia del 7 de noviembre, la fecha más gloriosa de toda la historia. A la hora de esa pequeña reunión, el caos reinaba en las calles de Chicago debido a una celebración prematura de la paz. La convocatoria de esta reunión durante el bullicio de masas del 7 de noviembre resulta profética de la visión revolucionaria que congregó a estos camaradas. Ese día, el proletariado en ebullición gobernaba Chicago por la pura fuerza de los números. Una sola cosa hacía falta para dotar a esta expresión de masas de identidad con los levantamientos proletarios de Europa; una sola cosa: ¡la idea revolucionaria! "La Liga de Propaganda Comunista es una organización dedicada a la propagación de la idea revolucionaria. La civilización del mañana está con las masas no organizadas que recibieron la noticia de la paz y de la revolución en Alemania con lo que puede describirse sin riesgo como la mayor manifestación espontánea de sentimiento de masas jamás presenciada en América. Dar dirección e inspiración al avance del e irresistible ejército del proletariado es la misión a la que esta Liga se consagra."
Esta Liga, con el socialista millonario William Bross Lloyd a la cabeza, pasó a formar parte del Partido Laborista Comunista.
Los indicios señalan que el Partido Laborista Comunista, de haber sido dejado tranquilo por nuestro Gobierno, pronto habría superado en número al remanente que quedó en el viejo Partido Socialista, cuya militancia de pago se redujo de 109.589 en enero de 1919 a 39.750 en julio del mismo año.
Evidentemente, cuando se produjo la secesión del Ala Izquierda, unos cuantos rebeldes de verdad salieron del Partido Socialista, el cual solía presumir en las campañas electorales de que era meramente un partido de evolución, no de revolución.
Los que aún permanecen en el viejo partido también son rebeldes, pero las bases están contenidas por líderes veteranos, que son más prudentes pero menos honestos que los cabeceras calientes comunistas.
Los socialistas tienen ahora en el país cuatro organizaciones revolucionarias:
- el Partido Socialista,
- el Partido Laborista Socialista,
- el Partido Comunista y
- el Partido Laborista Comunista.
La escoria de la tierra, los despojos y destructores de la civilización, los ignorantes engañados, encuentran así una amplia oportunidad para seleccionar una organización de rebelión en la cual «no hay corrupción política».
Los miembros de estos partidos encuentran faltas en todo bajo la bandera de las barras y las estrellas, y sin embargo dudan en pasar a Rusia y vivir bajo el estandarte sangriento de Lenin y Trotsky. Si estos cuatro partidos rebeldes no son suficientes para algunos de los rebeldes, todavía queda el I. W. W.
Todos son más o menos lo mismo, siendo sus principales diferencias los distintos grados de hipocresía, audacia y codicia de poder de sus líderes.
El carácter abierto y pronunciado de la I. W. W., del Partido Comunista y del Partido Laborista Comunista, evidenciado en sus declaraciones y tácticas incendiarias, había establecido su condición delictiva ante nuestra policía nacional y estatal y nuestros departamentos jurídicos, mientras que las sorprendentes detenciones masivas, deportaciones e imputaciones de estas tres clases de infractores de la ley pronto grabaron el reconocimiento de su condición delictiva en la mente pública.
Es importante establecer el hecho adicional, si es que lo es, de que la única diferencia entre las bases de estas organizaciones y las bases del remanente aún vinculado al Partido Socialista de América es la diferencia entre tweedledee y tweedledum.
La reciente investigación sobre la idoneidad de cinco socialistas suspendidos para ocupar sus escaños como legisladores en la Asamblea de Nueva York provocó un furor asombroso, revelando una ignorancia pasmosa acerca del socialismo estadounidense entre nuestros ciudadanos más inteligentes. La confusión en la mente del público aumentó aún más por obra del fiscal general de Estados Unidos, cuya convincente caracterización de los dos partidos comunistas, emitida el 23 de enero de 1920, contenía la siguiente frase:
"Ciertamente, una organización como el Partido Comunista de América y también el Partido Laborista Comunista no pueden interpretarse como pertenecientes a la misma categoría que el Partido Socialista de América, estando este último comprometido con la realización de cambios en el Gobierno por medios lícitos y legítimos."
Pero ¿pueden los hechos expuestos hasta ahora en este libro "interpretarse" como indicadores de alguna diferencia sustancial entre los 39.000 o 40.000 socialistas que han conservado su viejo nombre de partido y los 70.000 o 72.000 que se separaron de ellos en septiembre de 1919?
Hasta el momento de la separación, ¿no estaban todos por igual bajo el mismo "compromiso" de utilizar "medios lícitos y legítimos"?
Pero si esta profesión pública de legalidad no significó nada para 70.000 de ellos, ¿por qué pensar que significa más para el resto?
Tenemos la prueba adicional y sorprendente, mostrada arriba, de que los líderes que habían comprometido su actitud hacia el bolchevismo se sintieron obligados, para conservar a cualquier sector de las bases, a argumentar que «el Comité Ejecutivo Nacional y el partido en general» habían «apoyado a los camaradas rusos al frente del poder soviético».
Sin embargo, a pesar de esta defensa, el antiguo Comité Ejecutivo Nacional del Partido Socialista fue censurado y expulsado de su cargo durante la Convención de Emergencia, incluso por delegados que simpatizaban con los líderes comprometidos. El «Call», 5 de septiembre de 1919, ofrece algunos de los detalles:
"La reprimenda del Comité Ejecutivo Nacional adoptó la forma de una enmienda a la moción original para aprobar su informe. La enmienda fue aprobada por 63 votos contra 39.... «Tal vez Frederick Haller expresó el sentimiento general de la convención cuando dijo: "Debemos aprobar este informe suplementario del Comité Ejecutivo Nacional, pero debemos regresar ante nuestros electores y decirles que le dimos un infierno al Comité Ejecutivo Nacional"»."
Estos "constituyentes", las bases, determinan el carácter del partido, y no los jueguecitos de trilero de sus líderes políticos, que se sostienen a sí mismos y le han sacado "buen partido" al socialismo cargando agua sobre un hombro para los votantes crédulos, y sobre el otro para sus ingenuos discípulos.
Esta no es la primera vez que maestros egoístas e hipócritas, al recorrer mar y tierra para hacer prosélitos, los han hecho el doble más hijos del infierno que ellos mismos.
La Convención Nacional de Emergencia de 1919 ofrece aún más pruebas de la mentalidad de las bases del Partido Socialista en el informe del comité que investigó la votación del referéndum de 1919 que el antiguo Comité Ejecutivo Nacional había suprimido. El «Call», 1 de septiembre de 1919, dice:
"El informe afirma que, a primera vista en los resultados, los referendos B y D fueron aprobados por amplias mayorías, y se eligió a un Comité Ejecutivo Nacional, compuesto por Louis Fraina de Nueva York, Charles E. Ruthenberg de Cleveland, Seymour Stedman de Chicago, Patrick S. Nagle de Oklahoma y L. E. Katterfeld de Cleveland. Los resultados también mostraban a simple vista que John Reed y Louis Fraina habían sido elegidos como delegados internacionales del partido y Kate Richards O'Hare como su secretaria internacional".
Así el partido era "rojo" o de tendencia izquierdista "por grandes mayorías", y era claramente bolchevique, como sabemos por la explicación del "Call" sobre los "referéndums B y D", que "fueron aprobados por grandes mayorías".
"El Referéndum B sometió a la consideración de los afiliados la cuestión de celebrar una Convención Nacional de Emergencia. El Referéndum D pidió a los afiliados que decidieran si el partido debía declararse opuesto a unirse a cualquier otra alianza internacional socialista que no fuera la de la Tercera Internacional [¿Nacional?], que celebró su primera conferencia en Moscú a principios de marzo. Su aprobación significa que el partido socialista no participará en ninguna conferencia internacional de la que los bolcheviques de Rusia y los espartaquistas de Alemania sean excluidos, o en la que se nieguen a participar."
Así, en la Convención de Emergencia de agosto-septiembre de 1919, el Partido Socialista de América quedó atado a la voluntad de los bolcheviques rusos y los espartaquistas alemanes, ¡quienes detentaban los poderes de aprobación y veto para decidir con qué internacionales podían asociarse los miembros del Partido Socialista de América!
Un producto más anómalo de la dirigencia de doble cara de Berger y Hillquit sería difícil de imaginar.
Pero esto no es todo. El Manifiesto de Moscú de marzo de 1919 fue presentado ante la Convención de Emergencia. Este Manifiesto Comunista ruso está dirigido «Al proletariado de todos los países» (véase el Capítulo IV) y reza: «Nosotros, los comunistas, representantes del proletariado revolucionario de los diferentes países de Europa, América y Asia, reunidos en el Moscú soviético».
¿Aceptaría el Partido Socialista de América su inclusión entre los de «América» así designados, o la rechazaría? La comisión que examinó el asunto se dividió, presentando informes de mayoría y minoría.
- El informe de la mayoría, favorecido por Berger, consideraba que la Tercera Internacional aún no estaba constituida, dejando así al Partido Socialista de América en el aire, sin confraternidad con Moscú, Berna ni ninguna otra cosa; un número de trapecio verdaderamente bergeresco.
- El informe de la minoría, votado incluso por un tercio de los delegados del aparato en la Convención de Emergencia, se mostraba favorable a la afiliación con los asociados de la Conferencia de Moscú por constituir la Tercera Internacional.
Se decidió someter ambos informes a una votación por referéndum del partido, la cual debería haberse celebrado en enero o febrero de 1920, de haberse seguido los requisitos de los estatutos del partido.
La preocupación de los dirigentes del Partido Socialista por ocultar los hechos al público en general, evidenciada por sus tácticas en el caso de los cinco diputados socialistas suspendidos en Albany, podría haber conducido a otra demora inconstitucional o manipulación de un referéndum. Pero esto era insignificante para determinar la mentalidad de las bases, ya que disponemos de pruebas documentales que demuestran que la única oposición dentro del partido a un compromiso bolchevique categórico surgió del miedo, ya fuera a la persecución legal o a la pérdida de votos por la condena pública.
El siguiente debate esclarecedor está extraído de una carta de Alexander Trachtenberg, un destacado socialista, publicada en el "Call" del 26 de noviembre de 1919:
"Los miembros del Partido Socialista tienen ahora ante sí dos referéndums: el Referéndum E, que consta de los diversos cambios en la Constitución del partido decididos en la Convención de Chicago, y el Referéndum F, sobre las relaciones socialistas internacionales... "La cuestión de la afiliación internacional es en este momento probablemente la más importante para el Partido Socialista. Los dos informes que emanaron de la convención, conocidos como el informe de la mayoría y el de la minoría, recibirán sin duda una consideración muy cuidadosa por parte de los miembros... "Un examen detenido de ambos informes revela que las condiciones establecidas para la Internacional con la que el Partido Socialista desea afiliarse son las mismas. Ambos informes coinciden en que: "a. La Segunda Internacional ha muerto. "b. La Conferencia Internacional de Berna fracasó irremediablemente en su empeño por reconstituir la Internacional. "c. La Nueva Internacional debe constar únicamente de aquellos partidos: "1. Que se han mantenido fieles al movimiento socialista internacional revolucionario durante la guerra. "2. Que se negaron a cooperar con los partidos burgueses y se oponen a todas las formas de coalición. "En resumen, *ambos* informes coinciden en que el Partido Socialista solo ingresará en una Internacional cuyos partidos componentes *conduzcan su lucha sobre líneas de clase revolucionarias*. La diferencia entre los dos informes radica en que, mientras el informe de la mayoría deja la cuestión de la reconstrucción de la Internacional en el aire, el informe de la minoría ofrece algo tangible. Asimismo, delinea con mayor especificidad la política socialista sobre la cuestión de la afiliación internacional y aporta varias razones para unirse a la Tercera Internacional (de Moscú)... "El Partido Socialista de América no puede permitirse seguir siendo amorfo en la etapa actual de construcción de la nueva Internacional. Se ha negado a marchar con aquellos elementos que han traicionado o no han estado dispuestos a mantenerse fieles a sus postulados. Pertenece a aquellos partidos que se han mantenido fieles al Socialismo Internacional y que son los únicos con derecho a construir el edificio de la nueva Internacional. "Al votar por el informe de la minoría, los Camaradas darán expresión a *lo que han profesado y en lo que han creído* durante los pasados años críticos en la vida del movimiento socialista internacional."
Una carta sobre el mismo tema, de Benjamin Glassberg, aparece en el «Call» del 4 de diciembre de 1919, de la cual extraemos fragmentos que muestran el argumento bergeresco de Hoan, el alcalde bergerista de Milwaukee:
"La cuestión más importante ante los miembros del Partido Socialista en este momento es el referéndum sobre los informes de la mayoría y de la minoría acerca de las relaciones internacionales. El camarada Trachtenberg ha argumentado en las columnas de 'The Call' a favor del informe de la minoría, y Hoan, de Milwaukee, a favor del de la mayoría, mientras que el camarada Warshow ha argumentado en contra de ambos. Un examen cuidadoso de la postura adoptada tanto por Hoan como por Warshow no logra revelar por qué debería votarse en contra del informe de la minoría. Al camarada Hoan le preocupa naturalmente mucho la posibilidad de que 'en las próximas batallas políticas los esbirros capitalistas os restrieguen en la cara que lo anterior es el programa del Partido Socialista' (refiriéndose a la declaración en las normas rectoras de la Internacional Comunista de que la era revolucionaria obliga al proletariado a hacer uso de la acción de masas). Lo importante, según Hoan, no es si el informe de la minoría es correcto o no, sino más bien cuál será el efecto en las próximas elecciones. En este sentido, es el típico socialista político puro y simple... En un mismo aliento, el camarada Warshow pide una nueva Internacional a la que sean admitidos todos los partidos socialistas del mundo que crean en la lucha de clases, y en el siguiente defiende a los socialistas que apoyan a un gobierno de coalición. ¿Cómo se puede suscribir la doctrina de la lucha de clases y al mismo tiempo aprobar que los socialistas se unan a un gobierno de coalición, que por necesidad no será el agente de los trabajadores sino de la clase con la que los trabajadores están en guerra en todo momento?... En todas nuestras declaraciones oficiales, incluido el manifiesto de Chicago, hemos expresado nuestro apoyo a los bolcheviques. En nuestras reuniones y en nuestra literatura nos hemos posicionado firmemente junto a nuestros camaradas rusos, a pesar de nuestros amigos, los de la Izquierda. ¿Por qué vacilar entonces en afiliarse a ellos?"
Así pues, ya fuera que la política de disimulo de Berger prevaleciera —y su matanza indiscriminada de contribuyentes con el hacha del Comité Ejecutivo les había demostrado a todos los que se le oponían lo que podían esperar—, seguía siendo cierto que la identificación con los principios y tácticas bolcheviques de Lenin y Trotsky era lo que los actuales miembros del Partido Socialista en América «habían profesado y en lo que habían creído durante los pasados años críticos» y estaba en consonancia con «todas» sus «declaraciones oficiales», sus «reuniones» y su «literatura».
La ingratitud fundamental de Berger hacia aquellos que lo han seguido y apoyado; la grosera e increíble crueldad de su egoísmo al volverse para destrozar a quienes había convertido en discípulos y revolucionarios en el momento en que su lealtad a los principios que les enseñó se interpuso en el camino de su cobardía y su ambición; su insensibilidad de carnicero al convertir la Constitución de su partido en «un trozo de papel» y al partido en un matadero para la soga y el hacha contra dos tercios de sus «camaradas»; su descaro grotesco al posar en la convención como un defensor de la ley y el orden, arremetiendo contra sus propias víctimas tachándolas de «anarquistas»: estas pinceladas pintan el retrato cubista del falso héroe de Wisconsin, una de las caricaturas más mezquinas de la vida humana que jamás se haya paseado con soberbia por la arena política.
Cuando las dos alas de la Convención plantearon la pregunta: «¿Quién llamó a la policía?», la pálida e inocente figura de Berger se levantó con la temblorosa observación: «Si no hubieran estado aquí ayer por la mañana, nosotros no estaríamos aquí ahora. El aguerrido Reed y los otros aguerridos izquierdistas estarían aquí».
Se esmeró en que el delicado patetismo de su martirio quedara plasmado en el informe del Comité Ejecutivo que él mismo firmó: «Victor L. Berger, además de una condena de 20 años, tiene otras cuatro acusaciones pendientes en su contra, aparte de que se le ha negado su escaño en el Congreso. Todos los candidatos socialistas al Congreso en Wisconsin y el secretario estatal también están bajo acusación. No se permite la entrega de ningún tipo de correo al "Leader", el diario del partido en Milwaukee», etcétera.
Por otra parte, contra los terribles «anarcos» que tanto habían agraviado su propio espíritu apacible y su sentido del orden, llegó incluso a fulminar fuera del salón de la Convención, como en la entrevista que extraemos del «Call» del 4 de septiembre de 1919:
"Desde que existe el movimiento socialista ha habido dos tendencias muy distintas y aparentes: la tendencia socialdemócrata y la tendencia anarcosindicalista... "Pero la revolución en Rusia y Hungría, que había sido predicha por nosotros, así como en Alemania, ha tenido un peculiar efecto psicológico en muchos de los militantes de base del partido, especialmente en aquellos que procedían de Rusia y Hungría. Realmente creen que esta revuelta puede repetirse hoy en América. "La revolución en Rusia y su efecto psicológico penetraron en las federaciones extranjeras afiliadas al Partido Socialista de América y dieron a los anarcosindicalistas, que se nos han unido en gran número en los últimos seis meses, la oportunidad de dividir el Partido Socialista de América en tres grupos. "Primero, el viejo Partido Socialista, que permanecerá por más tiempo para ayudar a los viejos ideales de la socialdemocracia, aun cuando pueda haber un cambio de táctica requerido por las condiciones cambiantes. "Luego están los socialistas comunistas, liderados por John Reed y unos pocos hombres y mujeres histéricos, que intentan provocar una revolución rusa o sabe Dios qué otras cosas, que ni ellos mismos conocen mañana por la mañana. "Y, finalmente, está el Partido Comunista, liderado por Louis Fraina, que consiste principalmente en rusos, ucranianos<sup></sup>, razas eslovenas y otros miembros de federaciones extranjeras, que han sido suspendidos por manipular urnas en el último referéndum, y que también quieren una revolución de algún tipo, cuyo cómo y cuándo no han podido explicar hasta ahora".
¿Exageramos la patraña del liderazgo al descubierto en esta Convención de Emergencia del Partido Socialista de América? Que el lector juzgue a partir del ejemplo supremo de la misma, cuyo motivo presentamos en las palabras del órgano de uno de los principales conspiradores, el «Call» de Hillquit.
El número del 31 de agosto de 1919 declaraba:
«La convención adoptará una postura, expresada en un manifiesto que se espera satisfaga a todos aquellos en el Ala Izquierda que luchan por lo que creen que son principios revolucionarios».
En el número del 3 de septiembre leemos:
Se producirá una reformulación de los principios del partido que se espera deje sin piso a los antiguos miembros y organizaciones del partido que se han automarginado y permanecerán suspendidos en el aire entre el recientemente formado y aún más recientemente revisado Partido Comunista-Laboral y el Partido Comunista.
En el «Call» del 5 de septiembre, que publicó el manifiesto, también tenemos este comentario del mismo por parte de James Oneal:
«El movimiento americano puede felicitarse por haber producido un documento tan espléndido. Tenderá a reunir a los miembros que no han estado seguros del resultado de la convención, y eventualmente nos traerá a muchos que están hartos de las hipocresías, las falsedades y las ilusiones que los han tenido en cadenas durante casi tres años trágicos».
¿A qué hipocresías, farsas e ilusiones se hace referencia? ¿Quiénes fueron sus autores?
En otra columna del mismo número se nos dice:
"Con cada delegado de pie y vitoreando, la Convención Nacional de Emergencia del Partido Socialista aprobó por unanimidad su manifiesto esta tarde. [4 de septiembre.] Fue el gran momento de la convención. El documento es considerado el más revolucionario que el partido haya redactado jamás, y uno que con toda certeza traerá de vuelta a la organización a miles de miembros que se encuentran temporalmente fuera de ella, ya sea porque sus organizaciones locales fueron expulsadas o debido a lo que Lenin ha llamado «la intoxicación de la frase revolucionaria»".
Así fue como los liquidadores del Partido Socialista adoptaron este manifiesto para retener a las bases «revolucionarias» que aún les quedaban y atraer de vuelta a los secesionistas revolucionarios, sin sus líderes, por supuesto.
No obstante, el manifiesto es verdaderamente revolucionario —«lo más revolucionario»—, el credo revolucionario de una organización revolucionaria.
Está redactado, por supuesto, con sumo cuidado, de modo que pueda engañar, si es posible, a ese público cuya inteligencia los cínicos socialistas desprecian al mismo tiempo que le piden votos, y esta cuidadosa redacción la podemos comprender a partir de un comentario aparecido en el Call del 5 de septiembre de 1919: «Antes de leer el manifiesto, Block le dijo a la convención que el manifiesto se basaba en gran medida en uno sugerido por Morris Hillquit, quien ahora se encuentra enfermo en Saranac Lake, N. Y.».
Vista a través de su máscara de verborrea, sin embargo, la proclama de la Convención de Emergencia del Partido Socialista de América se une al famoso Preámbulo de los I. W. W. y a las proclamas y programas de los Partidos Comunista y Laborista Comunista al abogar por el saqueo de la humanidad por parte de los proletarios, la eliminación de la propiedad privada de la riqueza natural y de la maquinaria de producción, y la usurpación de «las industrias y el control del gobierno de los Estados Unidos» a sus actuales propietarios y controladores para así «poner la industria y el gobierno bajo el control de los trabajadores».
Este documento revolucionario incita al "trabajo estadounidense" a "romper" con su actual liderazgo, calificado de "reaccionario y fútil", y a "unirse al gran movimiento emancipador de los trabajadores revolucionarios más avanzados del mundo", los I. W. W. y los bolcheviques. Es "la tarea suprema" del "Partido Socialista de América", su "gran tarea", a la que sus miembros "comprometen todas" sus "energías y recursos", "ganar a los trabajadores estadounidenses" de su liderazgo "ineficaz", "educarlos para una comprensión esclarecida de sus propios intereses de clase, y formarlos y ayudarlos a organizarse política e industrialmente según líneas de clase, con el fin de lograr su emancipación", a saber, "arrebatar las industrias y el control del gobierno de los Estados Unidos a los capitalistas y a sus secuaces" y "poner la industria y el gobierno bajo el control de los trabajadores".
Además,
"para asegurar el triunfo del socialismo en los Estados Unidos, la masa de los trabajadores estadounidenses debe estar fuertemente organizada en el plano político como socialistas, en oposición constante, nítida y agresiva a todos los partidos de la clase poseedora" y "debe estar fuertemente organizada en el terreno económico sobre amplias bases industriales, como una organización de clase poderosa y armoniosa, que coopere con el Partido Socialista y esté dispuesta, en casos de emergencia, a reforzar las demandas políticas de la clase trabajadora mediante la acción industrial."
(Véase, unas páginas más adelante, el manifiesto mismo, del que hemos citado en los tres párrafos anteriores.)
¿Es esto lo que Berger y Hillquit han desatado —tras bloquear una resolución mucho menos comprometedora de afiliación a largo plazo con Moscú—? ¿Acaso cree Berger que los habitantes de Wisconsin son tan idiotas como para asustarse ante una palabra como bolchevismo, pero son incapaces de entender el claro y audaz inglés de una conspiración para lograr la organización industrial con el fin de «arrebatar las industrias y el control del gobierno de los Estados Unidos» de manos del pueblo estadounidense y ponerlos en manos de una clase especial? En verdad, si los «trabajadores» se lo quedan todo, ¿qué será de los zánganos: los politicastros socialistas?
Si bien nos reservamos los detalles para el Capítulo XVI, añadimos aquí de paso que el 10 de febrero de 1920 se reconoció mediante testimonio en el juicio a los cinco diputados en Albany que la afiliación a la Tercera Internacional (de Moscú) se había aprobado por votación en referéndum en el Partido Socialista de América por una abrumadora mayoría.
Antes de ofrecer al lector el texto de esa parte del manifiesto de la Convención de Emergencia que hemos estado discutiendo, debemos llamar la atención sobre otra prueba: la carta de Morris Hillquit en su periódico, el «New York Call», poco después de la Convención de Emergencia, en la cual dice:
"La división en las filas del socialismo estadounidense plantea la cuestión: ¿Cuál debe ser la actitud del Partido Socialista hacia la organización comunista recién formada?" Su carta en respuesta a esta importante pregunta fue leída del "Call" para ser incorporada al registro de la investigación de la Asamblea de Nueva York sobre las cualificaciones de los cinco socialistas suspendidos para ejercer como legisladores, y se encontrará en el "New York Herald" del 29 de enero de 1920, de donde la tomamos:
"Cualquier intento de solución del problema debe tener en cuenta los siguientes hechos fundamentales: "Primero: La división no fue creada de forma arbitraria y deliberada por la reciente convención de Chicago. Se había convertido en un hecho consumado hace meses, y las reuniones de Chicago no hicieron más que reconocer dicho hecho. "Segundo: La división no fue provocada por diferencias sobre cuestiones vitales de principios. Surgió a raíz de disputas sobre métodos y tácticas. "Tercero: La separación del Partido Socialista en tres organizaciones no significa necesariamente un debilitamiento de los socialistas. Se equivocan en su valoración de las condiciones estadounidenses, en sus conclusiones teóricas y en sus métodos prácticos, pero no han desertado pasándose al enemigo. La mayor parte de sus seguidores sigue siendo buen material socialista. Cuando suene la hora de la verdadera lucha socialista en este país, es posible que los volvamos a encontrar en nuestras filas. "Nuestra disputa es una disputa familiar, y no tiene cabida en las columnas de los periódicos capitalistas, donde solo puede dar alegría y consuelo al enemigo común. La ofensa imperdonable de la camarilla de Simons-Russell-Spargo [que se retiró del Partido Socialista de América debido a su oposición antipatriótica y antiamericana al pueblo y al Gobierno de los Estados Unidos en guerra, tal como se expresó en las declaraciones de la Convención de San Luis del Partido Socialista en abril de 1917] no fue tanto su postura socialpatriótica durante la guerra como el hecho de que se precipitaron a la prensa antisocialista denunciando maliciosamente a sus antiguos camaradas como proalemanes y avivando deliberadamente la siniestra llama de la violencia de las turbas y de la persecución gubernamental dirigida contra el movimiento socialista. "Hemos tenido nuestra escisión. Fue desafortunada pero inevitable, y ahora hemos terminado con eso. Tenemos ante nosotros el trabajo constructivo y legítimo del movimiento socialista. Dediquémosle todo nuestro tiempo, energías y recursos. Centremos toda nuestra lucha en el capitalismo, y esperemos que nuestros hermanos comunistas hagan lo mismo".
Así, las tres organizaciones, el Partido Socialista de América, el Partido Comunista de América y el Partido Laborista Comunista, no han tenido más que "una disputa familiar" y siguen siendo de la misma parentela, de la misma sangre, una "familia", sin "diferencias" "fundamentales sobre cuestiones vitales de principios", de modo que los partidarios del Partido Socialista y sus "hermanos comunistas" pueden seguir actuando "de igual manera" contra nuestro actual Gobierno e instituciones hasta que, "cuando suene la hora de la verdadera lucha socialista" —la Gran Rebelión— "en este país", los miembros del Partido Socialista "puedan encontrar" a los miembros de los dos partidos comunistas "nuevamente en" sus "filas".
Así, según Hillquit al menos, las tres partes solo pueden "interpretarse" como pertenecientes a una y la misma "categoría".
Terminamos este capítulo reproduciendo del "New York Call" del 5 de septiembre de 1919 una parte considerable del manifiesto de la Convención de Emergencia del Partido Socialista. Este producto del cerebro de Hillquit declara "solidaridad con los trabajadores revolucionarios de Rusia", los "radicales" espartaquistas de Alemania y los comunistas de Austria y Hungría.
Que el lector sopese cuidadosamente los significados de este documento, comparándolos con la convocatoria y el manifiesto de la Conferencia de Moscú, la definición de "sindicalismo industrial" y "acción de masas" en los escritos de los izquierdistas, los manifiestos y programas comunistas y del Partido Laborista Comunista, y los principios y tácticas del I. W. W. tal como se exponen en otra parte de este volumen, y que luego se pregunte si la última declaración oficial del Partido Socialista de América puede de alguna manera "interpretarse" en el sentido de colocar a ese partido en alguna "categoría" que no contenga también a las organizaciones comunistas y al I. W. W.
Las partes más destacadas del manifiesto son las siguientes:
"La clase capitalista está librando ahora su última batalla en la historia. Se le confió el gobierno del mundo. Es responsable del caos imperante. Los acontecimientos de los últimos años han demostrado de manera concluyente que el capitalismo está en bancarrota y se ha convertido en un peligroso obstáculo para el progreso y el bienestar humano. La clase trabajadora tiene por sí sola el poder de redimir y salvar al mundo... Ahora más que nunca, la tarea inmediata del socialismo internacional es acelerar y organizar la transferencia inevitable del poder político e industrial de la clase capitalista a los trabajadores. Los trabajadores deben reconocer la estructura económica de la sociedad humana eliminando la institución de la propiedad privada de la riqueza natural y de la maquinaria de la industria, la esencia del sistema de rivalidad comercial internacional que engendra guerras. Los trabajadores del mundo deben reconocer la estructura económica de la sociedad humana haciendo de la riqueza natural y de la maquinaria de la industria la propiedad colectiva de todos... Los trabajadores de Gran Bretaña, Francia e Italia, los trabajadores de las naciones de nueva creación y los trabajadores de los países que permanecieron neutrales durante la guerra se encuentran en un estado de agitación sin precedentes. De diferentes maneras y por distintos métodos, ya sea impulsados ciegamente por las condiciones inexorables que enfrentan o reconociendo claramente sus objetivos revolucionarios, están abandonando sus programas temporizadores de reforma laboral anterior a la guerra. Están determinados a controlar las industrias, lo que significa el control de los gobiernos. En los Estados Unidos, el capitalismo ha surgido de la guerra más reaccionario y agresivo, más insolente y opresivo de lo que jamás ha sido... Pero incluso en los Estados Unidos los síntomas de un espíritu rebelde en las filas de las masas trabajadoras se multiplican rápidamente. Las huelgas generalizadas y extensas por mejores condiciones laborales, la demanda de los 2.000.000 de trabajadores ferroviarios para controlar su industria, la formación esporádica de partidos laboristas, aparentemente —aunque no de manera fundamental— en oposición a los partidos políticos de la clase propietaria, son indicios prometedores de una tendencia definida por parte del laborismo estadounidense a romper con su liderazgo reaccionario y fútil y unirse al gran movimiento emancipador de los trabajadores revolucionarios más avanzados del mundo. Reconociendo esta situación crucial en el país y en el extranjero, el Partido Socialista en los Estados Unidos, en su primera convención nacional después de la guerra, se sitúa firmemente con la sección intransigente del movimiento socialista internacional. Rechazamos sin reservas la política de aquellos socialistas que apoyaron a sus gobiernos capitalistas beligerantes bajo el pretexto de 'defensa nacional', y que celebraron pactos desmoralizadores para una supuesta paz civil con los explotadores del trabajo durante la guerra y continuaron una alianza política con ellos después de la guerra. Nosotros, los socialistas organizados de América, declaramos nuestra solidaridad con los trabajadores revolucionarios de Rusia en su apoyo al gobierno de sus Sóviets, con los socialistas radicales de Alemania, Austria y Hungría en sus esfuerzos por establecer el dominio de la clase trabajadora en sus países, y con aquellas organizaciones socialistas en Inglaterra, Francia, Italia y otros países que, tanto durante la guerra como después de ella, han permanecido fieles a los principios del socialismo internacional intransigente... El gran propósito del Partido Socialista es arrancar las industrias y el control del gobierno de los Estados Unidos a los capitalistas y a sus paniaguados. Es nuestro propósito poner la industria y el gobierno bajo el control de los trabajadores con manos y cerebro, para que sean administrados en beneficio de toda la comunidad. Para asegurar el triunfo del socialismo en los Estados Unidos, la mayoría de los trabajadores estadounidenses debe estar firmemente organizada políticamente como socialistas, en oposición constante, tajante y agresiva a todos los partidos de la clase propietaria. Deben estar fuertemente organizados en el ámbito económico sobre amplias líneas industriales, como una organización de clase única, poderosa y armoniosa, que coopere con el Partido Socialista y esté lista en casos de emergencia para respaldar las demandas políticas de la clase trabajadora mediante la acción industrial. Ganar a los trabajadores estadounidenses de su liderazgo ineficaz y desmoralizador, educarlos para una comprensión ilustrada de sus propios intereses de clase, y entrenarlos y ayudarlos a organizarse política e industrialmente en líneas de clase, con el fin de lograr su emancipación, esa es la tarea suprema que enfrenta el Partido Socialista de América. A esta gran tarea, sin desviación ni compromiso, comprometemos todas nuestras energías y recursos. Para su cumplimiento hacemos un llamado al apoyo y la cooperación de los trabajadores de América y de todas las demás personas deseosas de poner fin al insensato gobierno del capitalismo antes de que tenga la oportunidad de precipitar a la humanidad en otro cataclismo de sangre y ruina. ¡Viva la Revolución Socialista Internacional, la única esperanza del mundo sufriente!"