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nydus/Secret History of the English Occupation of EgyptPublic
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CAPÍTULO XIV UNA ÚLTIMA SÚPLICA A GLADSTONE

Tal era el estado de ánimo en el círculo íntimo de los nacionalistas en El Cairo cuando se produjo el motín de Alejandría. Al día siguiente subí a Londres de buen humor, llevando conmigo el telegrama de Sabunji del día 10 para mostrárselo a Hamilton. La noticia del motín me salió al encuentro en la estación.

"12 de junio.—... Otro susto. Disturbios en Alejandría, Cookson herido, un oficial del Superb muerto y cincuenta o sesenta europeos. Esto ha causado gran conmoción. No estoy seguro de si será en ventaja de Arabi o no. Demostrará que él es el amo de la situación; a menos que, en verdad, sea una trampa que le ha tendido Dervish para hacerle ir a Alejandría, donde podría arrestarle... Fui a ver a Eddy Hamilton y le dije que ahora poseía información indiscutible de que Arabi dominaba el país, y también de que Tewfik corría gran peligro de ser depuesto por el sentimiento nacional, y que, si no querían una solución violenta para el conflicto, más les valía llegar a un acuerdo con él con prontitud. Prometió repetirle todo lo que dije a Gladstone. Ahora me resulta evidente que aceptarían cualquier compromiso que dejara a Tewfik en el trono.

Fui a la Cámara de los Comunes. Harry Brand le pidió a su padre, el presidente, una entrada para el «rebelde Blunt», y este dijo: «No se merece una», pero se la dio. Dilke respondió a varias preguntas sobre Egipto, dando por sentado que Dervish y el Jedive hacían lo que querían. Esto me ha asustado bastante, pues hay un rumor de que Arabi ha bajado con Dervish a Alejandría (lo cual resultó ser falso), y temo que haya traición. Sabunji, además, ha enviado un nuevo telegrama que dice lo siguiente: «Acabo de ver a Arabi. Su mensaje ha sido entregado. Todo tranquilo. Abdallah Nadim habló ante cuatro mil personas en el Azhar, atacando a la Comisión Turca y al Jedive. La Comisión ha retirado las propuestas de Europa, y tengo esperanza de paz. Los circasianos están intrigando. El Jeque del Islam se ha reincorporado, Sultan Pasha no. Los disturbios no son nada». A esto le compusimos una respuesta mientras bajábamos en el tren, y la enviamos desde Three Bridges: «Dervish trae malas intenciones, soborno, tal vez asesinato. Convoquen una reunión pública bajo la dirección de Nadim, Abdu y la Universidad de Azhar, de cien mil personas. Exijan la partida de Dervish. Si esto se rechaza, que sea detenido por la policía y expulsado. Pacten con el Jedive. Tengan cuidado de que no se moleste a los cónsules. Que Nadim encabece la acción. Arabi y el ejército deben permanecer al margen». No estoy nada tranquilo.

«Tuve una larga conversación antes de marcharme de Londres con Frederic Harrison, que ha vuelto a escribir sobre Egipto en el "Pall Mall". Le he enseñado mis cartas a Gladstone. Me será de gran ayuda... Justo cuando nos íbamos de James Street, Lady Malet entró precipitadamente y de forma desatada, exigiéndome la verdad sobre lo que había estado haciendo en Egipto. Se la conté más o menos. Dijo que mi honor estaba en juego si no me limpiaba de la acusación de intrigar contra mi país. Me suplicó también que calmara las cosas allí; y prometí enviar un mensaje a Arabi para que no tocara ni un pelo de la cabeza de su hijo. Escribiré en el correo de mañana y, entretanto, mi telegrama será suficiente. No creo que corra el más mínimo peligro. ¡Pobre Lady Malet! Lo siento mucho por ella. Me dijo que la gente comentaba que yo había estado en conspiración con Gladstone contra la política de su hijo en Egipto. Le aseguré que Gladstone era inocente de mis telegramas y que yo asumía toda la responsabilidad de cuanto había hecho. Me hizo prometer que iría a verla; pero —tales son las miserias de la vida política—, ella me considera el asesino de Edward».

13 de junio.—Estuve muy nervioso toda la noche, esperando enterarme de que Arabi había sido arrestado o asesinado. Pero los periódicos muestran que él es completamente dueño de la situación. El Jedive está formando un nuevo Ministerio, en el cual Arabi ha de ser Ministro de Guerra como siempre. Confío, por lo tanto, en que haya seguido mi consejo acerca de llegar a un acuerdo con Tewfik. Ahora solo les falta alejar a Dervish, y todo irá sobre ruedas.

Así lo pensaba la mayoría de los periódicos de Londres, siendo el «Pall Mall» casi el único que disintió de esta opinión de que se había llegado a una solución pacífica; y sus comentarios, instigados por el Ministerio de Asuntos Exteriores, muestran la animadversión de nuestros funcionarios y su determinación de que no hubiera paz bajo ningún término que dejara a los nacionalistas en el poder.

Morley escribe así:

«Sería difícil cometer un error mayor que en el que ha caído el "Times" esta mañana, cuando confunde el arreglo temporal y provisional, concertado por el Jedive, los cónsules generales, Dervish y Arabi para la preservación del orden, con el acuerdo definitivo del problema egipcio. La agitación en Egipto es tan grande que los europeos corren peligro de muerte. La única fuerza moderadora en el país capaz de mantener a raya a la turba es el ejército, y el ejército está en manos de Arabi. Por el momento, por tanto, hay que valerse de Arabi para evitar la matanza. Pero porque Dervish responsabilice a Arabi con su cabeza de la conservación del orden, no se sigue más que haya abandonado la intención de restablecer el status quo de lo que se sigue que Inglaterra y Francia se hayan entendedor con Arabi por haber exigido que empleara sus tropas en reprimir los disturbios de Alejandría».

Sin embargo, en Inglaterra nos dejamos engañar, al igual que Arabi se dejó engañar en El Cairo, por la traicionera tregua que Malet y Colvin habían acordado, y no sospechamos su falsía. En aquella ocasión, Arabi dio su palabra de honor a Tewfik de que, viniera lo que viniese, defendería la vida de este como la suya propia, y esta promesa el Jedive, que no albergaría en su corazón más que traición hacia él, la aceptó y la ultrajó hasta el final.

Para continuar mi diario de ese día encuentro: «Button me dijo ayer que Rothschild le había ofrecido a Arabi 4.000 libras (cien mil francos) al año de por vida si abandonaba Egipto.1... Mientras íbamos hacia Londres, nos entregaron el siguiente telegrama: "El Cairo, 12 de junio, 11 a. m. Acabo de ver a Arabi, te manda sus saludos. Cree que las propuestas europeas han desaparecido y que se ha concluido la paz. Arabi, amo de la situación. Dervish se ha ido. El Jedive fue a Alejandría. Arabi lo llevó del brazo hasta la estación. El Partido Nacional triunfa. Trabajé duro, pero he triunfado"»... He estado entre la risa y el llanto desde entonces. Fui de inmediato a Downing Street y les conté a Eddy Hamilton y a Horace Seymour lo que había sucedido. Parecían pensar que ahora, incluso a la undécima hora, Gladstone podría reconocer sus errores, o más bien los errores de Malet, y hacer la paz con Arabi. Button también cree que esto es posible. Pero el Ministerio de Asuntos Exteriores endurecerá su corazón... Cené en casa y fui a una fiesta en el Almirantazgo. Encontré allí a los Gregory y a Sir Frederick Goldsmid, y conversé sobre Egipto con Lord Northbrook. Le dije lo que pensaba con bastante libertad. Le dije: "Depende enteramente de ustedes ahora que haya derramamiento de sangre en Egipto o no".

"14 de junio.—Estoy bastante agotado. Mrs. Howard, a quien encontré en el Parque, dijo que me veía cambiado. Y de hecho no he tenido a Egipto, ni dormido ni despierto, fuera de la cabeza desde que empezó la crisis... Pasé la mañana y desayuné con Goldsmid, que marcha esta tarde en misión especial a Constantinopla, y lo empapé bien con mis puntos de vista, mostrándole toda mi correspondencia con Gladstone". (Nota del autor.—Este general Goldsmid fue empleado después como jefe del Departamento de Inteligencia por Wolseley en su campaña. Era un hombre de voz suave, a quien yo había conocido el año anterior en El Cairo.)... "Almorcé con Lascelles, que parece coincidir con mis puntos de vista sobre Egipto". (Por entonces hubo cierta idea, según creo, en el Ministerio de Asuntos Exteriores de enviarle a El Cairo para reemplazar a Malet, ya que conocía Egipto; y en una misión de conciliación lo habría hecho bien. Solo que, desgraciadamente, no se decidió ninguna así.)... "Hay confirmación de las noticias de Sabunji en el 'Daily Telegraph' de hoy. Los demás periódicos consideran que la huida del Jedive y de Dervish se debe al deseo de restablecer el orden en Alejandría. Dicen que Dervish se pondrá al frente de los 12.000 hombres que han sido concentrados allí y marchará contra Arabi, que ahora está solo en El Cairo(!). He telegrafiado a Arabi: 'Alabad a Dios por la victoria y la paz'."

Este fue el último momento en que me pareció posible ganar la larga partida que había estado jugando contra Colvin y evitar la guerra.

A partir de entonces fue una batalla perdida, aunque luché hasta el final.

La causa determinante en Gladstone, en quien únicamente residía la salvación, fue, según creo, por estas fechas, cuando ciertas ciudades industriales del norte de Inglaterra protestaron contra la lentitud con que el Gobierno trataba el asunto egipcio, alegando que la larga prolongación de la crisis allí estaba perjudicando el comercio. Esto fue utilizado contra él como medio de coerción por Chamberlain, incitado por Dilke, en el gabinete.

"15 de junio.—Estoy preocupado por el estado de las cosas en Alejandría, pero supongo que Arabi puede confiar en sus hombres. Hay una desbandada general allí y en El Cairo. Malet, a Dios gracias, ha abandonado El Cairo. Dervish sigue rondando por Alejandría. Él y el Jedive se han trasladado al palacio de Ras-el-Tin, donde están bajo los cañones de la flota... Otro telegrama de Sabunji dice lo siguiente: «La marcha del Jedive ha despertado sospechas. Agitación. Actividad en los preparativos del ejército. Nadim, Abdu y el ejército desafían abiertamente a la Puerta. Arabi se muestra moderado y vigilante. Un complot para asesinar a Nadim. Hay peligro de graves disturbios en el barrio europeo. Dervish se niega a retirarse hasta que se retire la flota. Por el amor de Dios, llamen a Malet. Todos lo maldicen y lo asesinarán si continúa». Fui inmediatamente a ver a Eddy Hamilton y le supliqué que ordenara el embarque de Malet" (esto se hizo) "y después le envié (a Hamilton) una carta advirtiendo al Gobierno que no contara con las tropas turcas. Luego enviamos una respuesta a Sabunji: «El comisario turco exige tropas de Constantinopla. Es improbable que sean enviadas. Pero prepárense. Mantengan el orden a toda costa. Otro motín sería fatal. Malet sale pronto. Paciencia»... Cené en casa de Lord De la Warr... Al volver a casa encontré interrumpido el telégrafo con El Cairo, debido a la huida, supongo, de los dependientes del Telégrafo Oriental. Esto me alarma un poco."

16 de junio.—Fui a ver a Button, quien está muy esperanzado. Pero estoy perdiendo mi fe en Gladstone y creo que el Gobierno inglés trae malas intenciones. Ayer entregué mi correspondencia con Gladstone a Kegan Paul para que la imprima, de modo que esté lista por si empeoran las cosas... Mi telegrama ha partido después de todo... Desanimado. Otro telegrama de Sabunji: «Nuevo comisario con instrucciones desconocidas ha llegado. La nación y el ejército se reúnen a diario para trazar planes defensivos. Desconfían de la doble Comisión. Infórmeme de la política de Gladstone y de la de lord Granville. Arabi se mantiene firme. Todos los periódicos clausurados excepto el "Wattan" y el "Diario Oficial". Pánico entre los extranjeros. El Jedive ha agradecido a Arabi por mantener el orden. Todo está tranquilo. Se le ha prohibido a Nadim convocar reuniones públicas».

Ayer, cuando vi a Eddy, me dijo que era mejor que no volviera a Downing Street, ya que mis visitas allí no pasaban desapercibidas, sino que le escribiera cualquier noticia que pudiera recibir. Ahora le he escrito otra carta para intentar averiguar cuál es realmente la política de Gladstone. La respuesta de Eddy, sin embargo, es muy insatisfactoria. Hay un anuncio sensacionalista en la «St. James's Gazette» sobre tropas británicas enviadas a Egipto. De regreso a Crabbet en un estado muy nervioso. Veo que ayer se convocó una reunión urgente del Gabinete en el despacho privado del señor Gladstone. ¿Podría este envío de tropas haber sido la consecuencia? No puedo evitar pensar que pretenden forzar una intervención. Los franceses, sin embargo, al parecer han hecho las paces con Arabi.

No solo los franceses, sino las demás potencias europeas, especialmente Alemania y Austria, estaban en ese momento dispuestos a llegar a un acuerdo con él y a sacrificar a Tewfik por aras de la preservación del orden.

La «Pall Mall Gazette» del 16 de junio dice:

«Se supone que las potencias alemanas abogan por un arreglo con Arabi sobre la base de la abdicación de Tewfik en favor de su hijo con una regencia... Hay muchos puntos a su favor; aunque "las solemnes obligaciones de Inglaterra y Francia" puedan hacerles imposible obrar de otro modo que no sea respaldar al hombre que ha seguido ciegamente sus consejos —especialmente los del representante inglés—, es perfectamente concebible que el fracaso práctico de Tewfik, tanto personal como político, haya impresionado a las demás potencias con la conveniencia de hallar tarde o temprano un sustituto más competente».

Compárese también el despacho de Malet del 14 de junio:

«Los agentes de Austria y Alemania han telegraphiado a sus gobiernos que el efecto de cualquier intervención armada, sin excluir la turca, pondrá en peligro la vida de sus compatriotas. Consideran la cuestión política como un asunto secundario en comparación con la seguridad de sus conciudadanos. Con este objetivo, son partidarios de dejar el asunto enteramente en manos de la Puerta, y creen que el único medio de evitar las más graves calamidades es la marcha de Alejandría de la flota y de mí mismo».

Tengo entendido que el pobre Malet, por estas fechas, hablaba a sus amigos de su carrera profesional como arruinada. Todo dependía para él y para Colvin de desencadenar las hostilidades.

17 de junio.—Noche muy turbulenta. Pero no hay confirmación de las noticias sobre las tropas en los periódicos de hoy; y el día es tan hermoso que vuelvo a sentirme optimista. El Sultán no se atreve a intervenir. Eso está probado. Los franceses han llegado a un acuerdo con Arabi, y se insinúa que Alemania y Austria están haciendo lo mismo. Así que Inglaterra no importa.

"Los siguientes formamos nuestro grupo en Crabbet: Ebrington, Lymington, la abuela Farquhar, Eddy Hamilton, Dallas (del Ministerio de Asuntos Exteriores), Nigel Kingscote (hijo), Button Bourke y Walter Seymour. Se desmiente la noticia del envío de tropas. Todo parece marchar bien. Hemos acordado no hablar nada de Egipto. Pero no podemos evitarlo.

18 de junio.—Domingo, día de Waterloo, y nunca Inglaterra pareció más ridícula. Recibí un telegrama en el desayuno anunciando un nuevo Ministerio bajo Ragheb y Arabi, consentido evidentemente por las potencias alemanas y Turquía. En consecuencia, estamos cantando aleluyas.

Aquí bien puedo insertar otras tres cartas de Sabunji, que escribió en estos últimos días. Arrojan una luz valiosa sobre lo que pasaba en la mente nacionalista de El Cairo:

"El Cairo, *14 de junio de 1882*. "Hoy visité a Arabi Pasha apenas unos minutos después de que recibiera su telegrama. Estuvimos conversando una hora y media aproximadamente. Le pregunté a qué se debía este pánico en el país si él y el Jedive ya habían llegado a un acuerdo. Me respondió: 'Por lo que a mí respecta, creo que el Jedive sería sincero en su trato conmigo si lo dejaran en paz y lejos de los consejos de Sir E. Malet. A estas alturas ya se ha convencido de que no hay nadie en su Gobierno capaz de controlar el país y preservar la paz salvo el hombre al que los estadistas europeos desprecian, Ahmed Arabi. El Jedive ya ha hecho las paces conmigo y, en presencia de los representantes de las seis potencias europeas y de Dervis Pasha, me ha pedido que asuma la responsabilidad de la seguridad pública. He aceptado su orden, he empeñado mi palabra y he jurado defender su vida y las vidas de todos los habitantes de Egipto, de cualquier credo y nación; y, mientras viva y no se interfiera en mi jurisdicción, cumpliré mi palabra. Pero si otros consideran que esta paz es una paz ficticia y fraudulenta, ese es problema del Jedive. Por mi parte, soy sincero en mi trato con todos los que tratan conmigo con honradez y sinceridad; pero a los que actúan con deshonestidad les pago con la misma moneda, y con los fraudulentos soy doblemente fraudulento. El tiempo e Ismaíl, a pesar de nosotros, nos han entrenado en el engaño turco. Del mismo modo que utilizamos las armas, los fusiles y la munición que nos dejaron, utilizamos su engaño, *cuando los turcos nos obligan a hacerlo*. No seremos los agresores, pero resistiremos a todos los que intenten atacarnos. Somos una nación sincera y agradecida con quienes nos tienden la mano y nos ayudan a reformar nuestro país. No deseamos otra cosa que reformas' (lo dijo con énfasis). 'Pero aquellos que quieran engañarnos nos encontrarán en las mismísimas raíces del fraude, *sudar el ghish*. Europa, y especialmente Inglaterra, nos considera bárbaros. Pueden aplastarnos, dicen, en veinticuatro horas. Bien, si están dispuestos, que lo intenten, pero perderán sus 80 millones de deuda pública y los 20 millones que los felahin deben en privado a los banqueros. El primer disparo que se efectúe nos liberará de estos compromisos; y por esta razón la nación no desea otra cosa que la guerra'. "Escucho más o menos el mismo lenguaje de boca de todos. Se están haciendo grandes preparativos. Se han encontrado vastos depósitos de fusiles y municiones, almacenados por Ismaíl cuando pretendía independizarse de la Puerta. Les darán un buen uso. Pero yo les digo que espero que no haya ocasión. Dicen que pueden resistir durante años, pues Dios los ha bendecido este verano con una cosecha dos veces mayor que en los años fértiles ordinarios. "Tanteé a Arabi respecto a Halim. Descubrí que prefiere a Halim antes que a Tewfik, pero dice que si Tewfik tan solo se libera de la influencia de Malet, todo irá bien. Malet, afirma, ha sido engañado por Colvin y ha hecho un daño inmenso tanto a su propio país como a Egipto mediante su tergiversación de los hechos. "*17 de junio.*—Anoche fui a casa de Shereï Pasha, donde estaban agasajando con una cena a Arabi, Mahmud Sami, Abd-el-Aal, Ali Fehmi, Nadim, Hajrasi y muchos otros. Después de cenar, mientras fumábamos y hablábamos de política, entró un oficial con una carta de una dama inglesa pidiendo protección, ya que le habían aconsejado que abandonara El Cairo. Me rogaron que le escribiera una respuesta de inmediato para asegurarle que no había peligro y que, si surgían problemas, Arabi defendería su vida como si fuera la suya propia. Arabi se ha convertido en un héroe para muchas de las damas europeas, a quienes he oído alabarlo por la protección que les ha brindado. Cuando pasea en carruaje por la ciudad, todos corren a las ventanas y a los balcones. Hago prosélitos para el Partido Nacional, todos los que puedo, entre los europeos que conozco. "*18 de junio.*—Ayer al mediodía, tras anunciarse por telegrama el nombramiento de Ragheb como primer ministro, fui a ver a Arabi, quien me leyó un telegrama que acababa de recibir del Jedive en el que le pedía que cooperara con Ragheb como ministro de la Guerra. Después de servir el café, escribió un telegrama de agradecimiento al Jedive y me lo entregó. Estaba redactado con muchísima cortesía. Pocos minutos después dijo: 'Vayamos a dar una vuelta en carruaje por la ciudad para infundir confianza en la mente de la gente'. Él y Ali Fehmi fueron en un carruaje, y yo con Nadim en el otro. Atravesamos Faggala, precedidos por heraldos. Bajamos en la casa de Embabeh (el Sheykh el Islam), y Arabi dijo: 'Entren, se los presentaré a nuestro Papa'. Al entrar en el salón de recibo, Arabi se quitó las botas y, dirigiéndose a mí, dijo: 'Consideramos este lugar como la santa morada de nuestro Sheykh'. Así pues, hice lo mismo. Al entrar, el Sheykh, que estaba sentado en un diván bajo, se levantó y avanzó unos pasos hacia Arabi, quien lo saludó y le besó las manos. Yo me limité a estrecharle la mano y nos invitó a sentarnos. Estaban con él varios de los Sheykhs de Azhar, entre ellos el hijo de Arusi. Al principio hablaron de la situación y del nuevo ministerio. Luego la conversación viró hacia los tratos de Embabeh con el Jedive durante los últimos acontecimientos. Por todo lo que vi, deduzco que el rumor de que se había producido un distanciamiento entre Embabeh y Arabi no era cierto. Mientras Embabeh terminaba su relato, sirvieron el café y Arabi me lo presentó formalmente, explicando que yo era amigo de Mr. Blunt. Embabeh me lo explicó entonces todo acerca del telegrama. Dijo que él mismo había escrito la respuesta de su puño y letra, creyendo que el telegrama iba dirigido a él; pero que nunca le había pedido disculpas al Jedive por ello. Cree que Sir E. Malet se enteró del asunto en su origen a través de Sultán Pasha o de alguno de los partidarios del Jedive. "A continuación, Arabi le mostró a Embabeh una proclama que había hecho garantizando las vidas y propiedades de todos los habitantes de Egipto, sin importar su credo o nación, y Arabi le rogó que escribiera otra similar, demostrando, como Sheykh el Islam, que la religión mahometana, lejos de permitirlo, prohíbe a los musulmanes hacer daño a cristianos, judíos o demás, y ordena a los fieles que los protejan. Embabeh accedió a ello y, en mi presencia y la de los otros cuatro Sheykhs, rogó a Dios que lo ayudara a triunfar en la reforma del país. También prometió ayudarlo a fomentar la paz entre los mahometanos y los demás, puesto que todos eran hermanos a pesar de la diversidad de credos. "Fuimos después a casa de Artin Bey, donde también nos agasajaron con gran honor, y más tarde paseamos en carruaje por la carretera de Clot Bey, el Mouski y otras partes de la ciudad, mientras la gente se apostaba a ambos lados diciendo: 'Que Dios os engrandezca'. "Al finalizar el paseo, Arabi me dijo que estaba invitado a cenar con Seyd Hassan Akkad y me llevó con él, junto con todos los pachás, oficiales, sheykhs y ulemas. La gran casa de nuestro anfitrión estaba abarrotada; Arabi, Mahmud Sami, Ahmed Pasha, Abdu, Nadim y yo estábamos en el salón principal, donde recitábamos poesía, componiendo elegías y sátiras, y divirtiéndonos a costa de Ragheb. Arabi compuso una sátira, Abdu dos, Nadim hizo cuatro y Sami dos. En la cena me senté al lado de Arabi. Los platos consistían en unas treinta variedades de comida árabe, además de pasteles europeos y orientales, dulces y fruta. "Después de cenar hablamos libremente de política, de los distintos planes y formas de gobierno. Se prefirió la forma republicana; y Mahmud Sami, que demostró un gran conocimiento e ingenio, se esforzó en mostrar las ventajas de un gobierno republicano para Egipto. Dijo: 'Desde el principio de nuestro movimiento nuestro objetivo fue convertir a Egipto en una pequeña república como Suiza —y entonces Siria se nos habría unido—, y luego el Hiyaz nos habría seguido. Pero descubrimos que algunos ulemas no estaban del todo preparados para ello y se adelantaban a nuestro tiempo. No obstante, nos esforzaremos por hacer de Egipto una república antes de morir. Todos esperamos volver a ver los *Saturnia regna* una vez más'. "*19 de junio.*—Abdu, Nadim, Sami y yo estuvimos hablando anteanoche sobre los medios pacíficos que debían adoptarse para salir airosos de la dificultad egipcia. Abdu dijo que se había propuesto reunir todos los documentos que tiene en su poder, junto con otros relativos a los asuntos egipcios, e ir a Inglaterra para entregarlos él mismo ante Mr. Gladstone y el Parlamento inglés. Llevaría consigo también a una persona digna en representación de los principales mercaderes del país; y a otra que representaría a los felahin liberales. Mahmud Sami aprobó la idea y dijo que también desearía poder viajar a Europa en una misión semejante, y Abdu ya se está preparando para el viaje. Lo mismo hacen Nadim y Seyyid Hassan Moussa el Akkad, el principal mercader árabe de El Cairo, un hombre de considerable fortuna, influencia y patriotismo. "Ragheb ha sido nombrado primer ministro, pero como su política es turca, nadie está contento con él salvo los circasianos. La gente sospecha que hay alguna intriga otomana en el asunto y está muy inquieta. Estoy intentando calmar los ánimos y decirles que mantengan la calma. "Los últimos acontecimientos han incrementado en el corazón árabe el odio hacia los turcos, los circasianos y el propio Sultán. Oí a Sami, a Abdu y a Nadim maldecir a los sultanes y a toda la generación turca, desde Gengis Kan hasta Hulagu y bajando hasta Abdul Hamid. Están preparando a la nación para una forma de gobierno republicana. Ya se ha formado y dispuesto un partido numeroso; *crescit eundo*. Se aprovecharán de la primera ocasión que se presente. Recibieron con agrado la intervención armada de las tropas turcas en esta última crisis. Habría sido la señal para una independencia completa de la Puerta. Pero el astuto turco vio el peligro y se abstuvo. Nadim me dijo ayer, mientras veníamos de Shubra, que antes de morir debe aplastar el trono del Sultán. —— dijo: 'Este es también mi objetivo; que Dios nos ayude a triunfar'. "Debo deciros que he sido recibido aquí con un honor, un respeto y una cortezía que jamás habría podido soñar. Todos los pachás, coroneles, sheykhs, mercaderes me reciben con los brazos abiertos y colman de amabilidad y sinceros agradecimientos. Hemos quedado con Nadim en ofrecer una cena a todos los líderes del Partido Nacional en vuestro honor, y para agradeceros la ayuda que les habéis prestado en su lucha".
"El Cairo, *22 de junio*. "Anoche fui a la casa de Mahmud Sami, donde me encontré con todos nuestros amigos y los pachas y muchos otros de los líderes. Hablamos de política toda la noche, y les comuniqué el contenido de sus cartas recibidas hoy vía Brindisi. También les di un resumen de los periódicos ingleses que usted y Lady Anne me habían enviado. Después le presenté a Mahmud Sami, en presencia de Nadim, una petición por parte del Partido Nacional, en la que le piden al Sr. Gladstone que envíe a Egipto a un cónsul que entienda los asuntos de su país. Sami aprobó la petición y dijo que la harán firmar cuando Arabi Pasha regrese a El Cairo y se la presentarán al Sr. Gladstone a través de usted. Al final de la *soirée* se me informó de que Sir E. Malet ha instado por cuarta vez a Tewfik a arrestar a Abdu, a Nadim, a Mahmud Sami y a mí mismo. "*23 de junio.*—Tan pronto como Ragheb Pasha fue confirmado por el kedive como primer ministro, su primer acto y orden fue llamarme a Alejandría con Nadim. El lunes por la noche el subsecretario envió su coche a mi hotel con su empleado, quien me informó de que Hassan Pasha Daramalli deseaba verme y había enviado su carruaje. Fui con Nadim, no fiándome de ir solo. Cuando llegamos allí fuimos recibidos cortésmente, y después me informó de que Ragheb Pasha le había encomendado un mensaje en el que deseaba que fuera a reunirme con él en Alejandría, en el Diván de la Administración. Respondí 'muy bien', y Nadim dijo que él también iría conmigo. Y así salimos de la casa con la firme intención de no saber nada de Ragheb. "Así, justo en el momento en que le telegraphiaba a usted, 'por el amor de Dios, salven a Malet o los fanáticos lo asesinarán', él estaba instando al kedive a arrestarme. A menudo, cuando jóvenes egipcios imprudentes discutían la muerte de Malet y Colvin, me esforcé por convencerlos de su insensatez, y de que ningún resultado bueno posible podría derivarse de ello para la causa nacional. "*24 de junio.*—Mahmud Pasha Fellaki, que había abandonado la causa nacional debido a no haber recibido un puesto en el ministerio de Mahmud Sami, se ha reconciliado ahora y ha recibido de Arabi el puesto de ministro de Obras Públicas."

(Sabunji then describes the crisis preceding Mahmud Sami's resignation, Arabi's appeal to the Sultan, Dervish's mission and Osman Bey's mission, and how they flattered Abdul Hamid with professions of zeal for the Caliphate.)

"En cuanto a sus verdaderas convicciones, sin embargo, Abdul Hamid les importa tanto como un hombre en la luna. Se servirán de él mientras les sea útil y hasta que sean lo suficientemente fuertes como para declararse una república independiente. Esta ha sido la base de su programa desde el principio. Pero han optado prudentemente por proceder por grados. Mahmud Pasha Sami me aseguró en presencia de Nadim y Abdu que antes de morir deben declararse independientes de la Puerta, y Egipto una república. Los esfuerzos de Nadim se emplean en inculcar esta idea en las mentes de la generación joven.

Desde que vine aquí, Nadim y yo hemos estado juntos día y noche. Nos sentamos a hablar y concebir planes hasta la una o las dos de todas las madrugadas. Nos mezclamos en toda sociedad. Jeques, ulemas, notables, comerciantes y oficiales nos reciben con los brazos abiertos, y les hablamos de sus desvelos y del servicio que usted ha prestado a la causa nacional. Todos anhelan verle y presentarle sus más sinceras gracias. En verdad, gentes tan buenas y sinceramente bondadosas merecen toda atención y ayuda."

No me es posible fijar una fecha exacta para el momento en que Gladstone endureció por fin su corazón contra los egipcios y decidió las operaciones militares —se convenció a sí mismo de que no sería una guerra—, pero debió de ser en algún momento entre el 20 de junio y finales de mes.

Las consideraciones que parecen haberle decidido fueron, en primer lugar, por supuesto, las parlamentarias. Sus seguidores güigs estaban al borde de la revuelta, y Chamberlain le presionaba con historias sobre la impaciencia de las provincias.

La derrota diplomática del Ministerio de Asuntos Exteriores se estaba volviendo demasiado evidente como para ocultarla. Granville, con sus pequeñas máximas de procrastinación y el uso de una amenaza como si fuera un golpe, había «perdido el tiempo» en Egipto hasta que Inglaterra se había convertido en el hazmerreír de Europa. En la Bolsa las cosas pintaban mal y el comercio sufría a causa de la larga crisis.

Lo que se llamaba los «recursos de la civilización», es decir, la mentira, la traición y el fraude, habían sido probados por el Ministerio de Asuntos Exteriores más allá de su límite extremo, y uno y otro se habían mostrado absolutamente inútiles contra la obstinación nacionalista. Se le había ordenado a Arabi por toda la majestad de Inglaterra que abandonara Egipto, y no se había marchado. Por el contrario, había ganado una inmensa reputación en todo el Oriente mahometano a expensas de Inglaterra. A muchos les pareció que habría una revuelta panislámica en la India. Inglaterra, como había dicho el día de Waterloo, nunca había tenido un aspecto tan ridículo.

Los funcionarios serios estaban alarmados por esto, y todo el chovinismo del Imperio, adormecido desde la derrota parlamentaria de Disraeli en 1880, se despertó de repente y clamó sangre.

Mr. Gladstone endureció su corazón y dejó ir su conciencia, no, creo, mediante una decisión deliberada que dijera que esto o aquello debía hacerse, sino simplemente dejándolo en manos de los «departamentos» y de los «hombres sobre el terreno», es decir, el Almirantazgo, Sir Beauchamp Seymour y Colvin (pues Malet había sido retirado) para que elaboraran una solución a su manera.

Habíamos ganado nuestra partida diplomática contra el Ministerio de Asuntos Exteriores con demasiado éxito. Ahora le tocaba el turno a las fuerzas combatientes de Inglaterra.

"19 de junio.—Un susto en la Bolsa por la dimisión de Bright y Chamberlain" (un susto que demostró la ignorancia del público respecto a la postura de Chamberlain, al incluirlo aún en la misma categoría que Bright).

20 de junio.—Un artículo más sensato en el «Daily News». Frederic Harrison me aconseja encarecidamente que le escriba a Gladstone una carta pública y que se imprima. Está dispuesto a responder de su efecto en las provincias. En consecuencia, he comenzado una.

21 de junio.—Terminé mi carta y se la llevé a los Howard para que la aprobaran. Él (George Howard) me hizo modificar algunas frases, para no comprometer a Gladstone personalmente. Ella la aprobó calurosamente. Frank Lascelles estaba allí. Luego quedé con Button en publicarla mañana, o el viernes a más tardar, y se la envié a Gladstone.

22 de junio.—A Button temprano. Creemos que al final traman algo. Harry Brand escribe que, si los franceses se mantienen firmes con respecto a la Nota, el Gobierno tiene la intención de actuar en Egipto, a pesar de Alemania. Dudo, sin embargo, que Francia esté preparada para esto. Daré seguimiento a mi carta (a Gladstone) con otras cartas, si es necesario. Estoy seguro de que, si Inglaterra desembarca tropas en cualquier parte de Egipto, el sultán proclamará una Yihad y los musulmanes se levantarán en la India. Las cosas están en un buen atolladero.

Mi carta a Gladstone apareció en el «Times» al día siguiente, el 23 de junio, justo el día en que la Conferencia se reunió en Constantinopla. Causó una gran sensación. Dice así:

"*21 de junio de 1882.* "Señor: "La gravedad de la situación actual en Egipto, y los intereses de honor y provecho para la nación inglesa que en ella se hallan comprometidos, me impulsan a dirigirme a usted públicamente sobre el asunto de los pasos diplomáticos que han conducido a este embrollo, y a dejar constancia de ciertos hechos que, en el caso de cualquier nuevo rumbo que adopten las Potencias en la próxima Conferencia, no deben perderse de vista. "Como es de su conocimiento, señor, durante el pasado invierno participé como mediador en una serie de negociaciones extraoficiales pero importantes llevadas a cabo entre Sir Edward Malet y Sir Auckland Colvin, por una parte, y los jefes del partido nacional egipcio, por otra, negociaciones en las cuales empeñé mi honor personal en la lealtad de los agentes de Su Majestad; así como también he estado en estrecha comunicación con dichos jefes desde mi regreso a Inglaterra, y me encuentro por consiguiente en condiciones de hablar con certeza y autoridad acerca del carácter y las intenciones del movimiento popular en Egipto. Sabe usted, además, que he advertido reiteradamente al Gobierno de Su Majestad sobre el peligro que corrían debido a una falsa apreciación de los hechos, y que he urgido repetidamente la necesidad de que lleguen a un entendimiento rápido con aquellos en cuyas manos residía la dirección del movimiento. Finalmente, sabe usted que, en interés de la rectitud y la justicia, y de acuerdo con una promesa que hice a los egipcios, les he aconsejado lo mejor que he podido en la reciente crisis, y no he escatimado esfuerzos para instarles a alcanzar aquel acuerdo sobre sus diferencias con el Jedive, Mohammed Tewfik, al que ahora han llegado felizmente. Al obrar así asumí una gran responsabilidad, pero una que, a mi juicio, los acontecimientos ya han justificado. "Los puntos principales del pasado que expondría son los siguientes: "1. En el mes de diciembre pasado ayudé al Partido Nacional a publicar un programa de sus puntos de vista, el cual era justo y liberal, y al que se han mantenido firmemente adheridos desde entonces. En este momento, y hasta la publicación de la Nota Dual del 8 de enero, los egipcios no tenían conflicto alguno con Inglaterra ni con los ingleses. Tampoco tenían ningún conflicto real con el Jedive o la Fiscalización (*Control*), confiando en que estos permitirían el desarrollo de la libertad política en su país en la dirección del autogobierno parlamentario y constitucional. Su objetivo era, y es, la reanudación por parte de Egipto de su posición como nación, la redención de su deuda y la reforma de la justicia. Confiaban entonces, como ahora, en el ejército, que era y es su sirviente, para asegurarles estos derechos, y en su Parlamento para asegurarles estos fines; y estaban preparados para avanzar gradualmente, y con moderación, en el sendero que habían trazado. "2. La Nota Dual, redactada por M. Gambetta con el propósito de hacer de Inglaterra partícipe de su política antimusulmana y comprendida por los egipcios como el primer paso de una política análoga a la seguida recientemente en Túnez, transformó esta confianza en un sentimiento de profunda desconfianza. Lejos de amedrentarles, precipitó su acción. Les llevó a insistir en la dimisión de Sherif Pachá, de quien sospechaban el designio de traicionarles, y a colaborar con el Jedive para convocar a un ministerio nacionalista a ocupar el cargo. Esta insistencia, aunque representada por los periódicos ingleses como obra del ejército, fue, de hecho, obra de la nación a través de sus representantes los Notables. De esto puedo aportar amplias pruebas. "3. La caída inesperada de M. Gambetta impidió la ejecución de la amenaza de intervención armada implícita en la Nota Dual. No obstante, se persistió en un plan de intervención indirecta. Los interventores generales inglés y francés protestaron contra la Constitución otorgada por el Jedive el 6 de febrero, y los gobiernos inglés y francés retuvieron cuidadosamente su asentimiento a la misma, manifestando únicamente que el Artículo que concedía al Parlamento egipcio el derecho de votar aquella mitad del Presupuesto que no estaba afectada al pago de la Deuda constituía una violación de los compromisos internacionales. Su argumento al respecto, basado en ciertos firmanes de la Puerta y ciertos decretos del Jedive, ha sido constantemente negado por los egipcios. "4. Actuando, debe presumirse, de conformidad con sus instrucciones, los agentes ingleses en El Cairo se han dedicado firmemente durante los últimos tres meses a provocar una revolución contraria a la voluntad del pueblo y a las libertades concedidas a este por el virrey. El interventor general inglés, aunque agente remunerado del Gobierno egipcio, no ha dudado en tomar parte en ello; y el ministro residente inglés no ha escatimado esfuerzos para crear un enfrentamiento entre el Jedive y sus ministros. El interventor general, presente en las sesiones del consejo con los ministros como su asesor oficial, ha retenido su consejo, contando, al parecer, con los errores susceptibles de ser cometidos por hombres nuevos en el cargo, y anotándolos en silencio. A los corresponsales de la prensa inglesa, hasta entonces mantenidos a raya por el residente, se les ha concedido total libertad en la difusión de noticias perjudiciales para el ministerio, y de las que constaba su falsedad. Me atreveré a recordarle algunas de las alarmas comunicadas en esta época y difundidas por Europa: la alarma de los bandidos en el Delta; la alarma del alzamiento beduino; la alarma de revuelta en el Sudán; la alarma de una guerra abisinia; la alarma de un enorme gasto militar; la alarma de una negativa general a pagar impuestos, de la dimisión de los gobernadores provinciales, del descuido de las obras de riego, de peligro para el Canal de Suez; la alarma de que Arabi Pachá se había convertido en el agente sobornado, a su vez, de Ismaïl, de Halim y del Sultán. "Es posible que para algunas de ellas existiera un fundamento muy leve en la realidad; para la mayoría no había fundamento alguno. "5. El 20 de marzo me dirigí a Lord Granville, a petición de Arabi Pachá, sobre este asunto, y le señalé el peligro provocado para la paz en Egipto por la actitud de los agentes ingleses, instando a que se enviara una Comisión a El Cairo para examinar los agravios egipcios. "6. En el mes de abril, los cónsules generales inglés y francés aprovecharon el descubrimiento de un complot para asesinar al ministerio nacional —atribuido por aquellos a un agente de Ismaïl Pachá— para inducir al Jedive a situarse en abierta oposición a sus ministros. Los implicados en el complot y condenados al destierro eran hombres de posición, turcos y circasianos, y como tales de la misma raza y estrato social que el Jedive; este se mostró reacio a ratificar su sentencia y se dejó persuadir para negar su firma. Esto condujo a la ruptura que la anterior acción diplomática de los cónsules generales había preparado. Mahmud Sami Pachá envió entonces una citación a los diputados para que acudieran a El Cairo a decidir entre los ministros y el Jedive, y los diputados acudieron. Sin embargo, Sultán Pachá, por celos, se negó a presidir cualquier sesión formal; y la circunstancia fue aprovechada nuevamente por los cónsules generales para alentar a todos los que se hallaban en oposición al Partido Nacional a congregarse en torno al Jedive. Un sector de los egipcios adinerados, temerosos de altercados, se puso del lado de los circasianos, y los cónsules generales, engañados por las apariencias, se aventuraron a un *golpe de mano* (*coup de main*). Se presentó a los ministros un *ultimáteum*, dictado por ellos, que exigía la dimisión del ministerio y la marcha de Arabi Pachá del país. La medida pareció haber tenido éxito por un instante, pues el ministerio dimitió. No obstante, se hizo inmediatamente evidente que el sentimiento del país había sido mal calculado por nuestra diplomacia, y Arabi, por la manifiesta voluntad de la nación, regresó al poder al día siguiente. "No alcanzo a comprender que la actuación de nuestro cónsul general en este asunto estuviera justificada por ningún principio de política liberal; desde luego, no ha sido justificada por el éxito. "7. Cuando se ordenó a la flota dirigirse a Alejandría, me esforcé por transmitir una advertencia, como opinión personal mía, basada en todo lo que presencié el invierno pasado acerca del temple del pueblo egipcio, en el sentido de que la presencia de buques de guerra ingleses en ese momento en el puerto de Alejandría, especialmente si se permitiera a sus tripulaciones desembarcar con cualquier pretexto, sería sumamente propicia para provocar un grave altercado; y mi intención era ir yo mismo a Egipto para hacer lo que pudiera en aras de mitigar lo que temía que fuesen los resultados. "8. Por la misma época, el Gobierno inglés consintió el envío de un comisario turco a El Cairo. Se suponía que la autoridad del Sultán era tan grande en Egipto que se obedecería cualesquiera que fuesen las órdenes que su representante trajese, o que, a fin de cuentas, se ofrecería poca oposición. En cualquier caso, la Puerta estaba autorizada a actuar a su manera. Se envió a Dervish Pachá; y es lamentable consignar que la cancillería británica (*Foreign Office*) por entonces parece haber contado principalmente con el hecho de que era un hombre notoriamente sin escrúpulos en su método de tratar con los rebeldes. Tengo razones para saber que lo que de él se esperaba era que convocara a Arabi Pachá a Constantinopla; que, de fallar esto, recurriera al soborno; y que, en último extremo, arrestara o fusilara con su propia mano al ministro de la Guerra en calidad de amotinado. No discutiré si estas eran realmente las instrucciones o las intenciones de Dervish Pachá. La Puerta parece haber estado tan poco preparada como el Gobierno de Su Majestad para la fuerza del sentimiento nacional en Egipto; y solo la unión y el valor demostrados por el pueblo parecerían haber convencido al Sultán de que métodos como los empleados antiguamente por Dervish contra los albaneses resultarían aquí fuera de lugar. Cónsules más humanitarios han prevalecido en cualquier caso, y se ha recomendado la paz entre el Jedive y su pueblo. "Tal es, señor, brevemente la historia de la acción diplomática de Inglaterra en Egipto durante los últimos seis meses. Es una de las más deleznables de cuantas atesora nuestra cancillería. El futuro, sin embargo, nos pertenece en cierta medida, si bien, cuando se reúna la Conferencia, la voz de Inglaterra será tan solo una entre las muchas que se alcancen para la resolución. No me corresponde sugerir las palabras que allí debieran pronunciarse; pero me atreveré a expresar mi convencimiento de que, si el representante de Su Majestad se presenta entonces con una sincera confesión de los errores cometidos y una declaración de la simpatía de Inglaterra con la libertad egipcia, Inglaterra recuperará el terreno perdido. A pesar de la justa ira de los egipcios por las indignas tretas que les ha jugado nuestra cancillería, creen que en el seno de la nación inglesa subsiste un sentimiento más generoso que no consentiría que se cometiese una injusticia pública tan vasta como la subyugación de su país por un interés malinterpretado en las finanzas egipcias y en el Canal de Suez. Me han asegurado una y otra vez, y sé que hablan con verdad, que su único objetivo es la paz, la independencia y la economía; y que el Canal de Suez no puede estar mejor protegido para Inglaterra, como para el resto del mundo, que mediante la admisión del pueblo egipcio en la comunidad de las naciones. Tan solo permítase que la mano de la amistad les sea tendida con franqueza y de inmediato, y todavía nos ganaremos su gratitud. "Quedo, señor, su obediente servidor, "Wilfrid Scawen Blunt."

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