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nydus/Secret History of the English Occupation of EgyptPublic
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CAPÍTULO XV EL BOMBARDEO DE ALEJANDRÍA

Llegamos ahora al bombardeo de Alejandría, un pleito provocado deliberadamente por el almirante Seymour y Colvin actuando de común acuerdo, pues la destitución de Malet no hizo sino dejar el poder diplomático más enteramente en manos de Colvin.

Malet fue reemplazado, no como yo esperaba por Lascelles, cuya independencia de carácter y conocimiento de Egipto le habrían permitido adoptar una línea propia, sino por un simple empleado del Ministerio de Asuntos Exteriores llamado Cartwright, quien, ignorante e indefenso, era un mero instrumento pasivo dirigido por el Controlador.

No tengo mucho que añadir a los registros públicos de esas últimas tres semanas en El Cairo y Alejandría, pero mi diario dará una idea de lo que estaba sucediendo en Londres. Mi carta pública a Gladstone atrajo una tormenta de insultos sobre mi cabeza por parte de los amigos de Malet y Colvin, y en general de los elementos chovinistas y financieros de la prensa y el Parlamento.

24 de junio.—Hay una carta irritada de Henry Malet (el hermano mayor de Edward Malet) en el «Times» de hoy... Lord Lamington, además, ha anunciado una pregunta sobre mis «negociaciones extraoficiales» en la Cámara de los Lores para el lunes. Cuanto más se hable, mejor... Un grupo de gente (en Crabbet) para el domingo, Lascelles entre ellos.

25 de junio.—Escribí una respuesta a Henry Malet y la enviué al "Times". Una respuesta suave aplaca la ira. (Me repugnaba pelearme de este modo con viejos amigos, y estaba decidido a no devolver el golpe salvo por necesidad).

"26 de junio.—Ha llegado una larga carta de Sabunji (la cual ya ha sido incluida en el último capítulo). Van a ofrecerme una cena pública en su honor en El Cairo.... Me reuní con los loores De la Warr y Lamington (eran cuñados) en la Cámara de los Lores, y logré que el primero pidiera el despacho de Malet del 26 de diciembre (el que Malet había dicho que había anulado). Lord Lamington iba a basar su discurso en la carta de Henry Malet, pero le demostré lo absurdo que era esto. A pesar de todo, pronunció un discurso muy contundente, en un tono indignado, sobre mí. Lord Granville parecía pálido e incómodo, pero admitió el hecho de que yo había actuado en una ocasión para pacificar al ejército, un punto a favor. (Esto había sido negado por Henry Malet). No lograba recordar lo relativo al despacho del 26, pero lo buscaría." (El motivo del gran embarazo del Gobierno al ser interrogado sobre mis "negociaciones extraoficiales" era que se habían metido en dificultades similares en su política irlandesa al utilizar al Sr. Errington el año anterior como medio para comunicarse extraoficialmente con el Papa acerca de la actitud del clero irlandés). "Cené temprano con Henry Middleton en su club y fui con él a una reunión de la Liga Antiagresión en Farringdon Street. Sir Wilfrid Lawson, en la presidencia, estuvo excelente. Es el orador más agradable que he escuchado. Asimismo, Sir Arthur Hobhouse estuvo bien. Frederic Harrison leyó una conferencia en la que expuso el caso egipcio con justicia." Nota bene—Henry Middleton había estado mucho en Egipto y allí era íntimo de la comunidad copta. Se ha publicado una carta escrita a él durante la guerra por el Patriarca copto. Es interesante porque muestra hasta qué punto los coptos estaban con Arabi en aquel momento.

"27 de junio.—Cena en casa de Pembroke. Todo el Club Wilton al completo, unas cuarenta personas. Me senté al lado de Harry Brand y tuve una gran discusión con él sobre Egipto. Después de cenar se brindó por la salud de varios, incluida la mía, y tuve la obligación de pronunciar un discurso. Sentí que el ambiente político no era precisamente amistoso, ya que la mayoría de los presentes eran partidarios del jingoísmo, pero Eddy Hamilton, al proponer un brindis por mí, me dedicó elogios especiales por mis servicios públicos. Respondí diciendo que unos servían a su país de un modo y otros de otro, pero que, mientras uno le sirviera y cumpliera con su deber, no importaba mucho lo que hiciera." (Estos discursos, por supuesto, no eran serios, ya que el Club Wilton no era más que una reunión de amigos personales de Lord Pembroke que se juntaban en su casa dos o tres veces al año para cenar y divertirse).

"28 de junio.—Cabalgué hasta la propiedad de George Howard y le mostré la carta de Sabunji y mi correspondencia con Gladstone. Sabunji afirma que los líderes nacionales están pensando en ir a Inglaterra para exponer su caso ante el Sr. Gladstone, y le he pedido a Howard que me consiga, si puede, una entrevista con el Sr. Bright. Bright es más accesible, me figuro, a la razón que el resto, y tal vez haría bien en verle. No hay duda de que se están haciendo preparativos de guerra, con cualquier propósito que sea. No creo, a pesar de todo, que tengan otra intención que la de reforzar las manos de Dufferin en la Conferencia. He enviado un telegrama a Sabunji diciendo que todavía no se ha decidido nada sobre el envío de tropas, y pidiendo paciencia."

"29 de junio.—Fui a ver a Bright a su casa en Piccadilly. Habló en un tono amistoso, pero con menos simpatía que Gladstone y menos inteligencia. El resultado, sin embargo, es muy satisfactorio. Me asegura que aún no se han tomado medidas activas para las hostilidades, y no cree que se tomen. Considera que el canal de Suez tiene escaso valor estratégico para nosotros y prefiere, junto con Gladstone, la ruta del Cabo para la comunicación militar con la India. Le expuse mi idea sobre una reformación mahometana y cuán poco tenía que ver el movimiento en Egipto con las ideas fanáticas del Sultán. Pienso que mi visita puede hacer el bien al fortalecer al partido de la paz en el Gabinete." (Nota bene.—Bright descartó con más fuerza de lo que sugeriría esta entrada la idea de unas hostilidades en Alejandría. Me pidió que me quedara muy tranquilo al respecto. Y estoy seguro de que hablaba con la verdad según su conocimiento. Pero el pobre hombre, cuyos principios se oponían absolutamente a la guerra, se hallaba en completa oscuridad sobre lo que estaba ocurriendo en el Almirantazgo y el Ministerio de la Guerra y, como él mismo me dijo después, estaba convencido de que, aun cuando se decidiera la amenaza de bombardeo en el Gabinete, esta quedaría, como todas las otras amenazas, en un brutum fulmen. La teoría que el Ministerio de Asuntos Exteriores presentó al Gabinete era que la masa de los egipcios estaba con el Jedive, no con Arabi, y que, al primer disparo efectuado por la flota británica, la población de Alejandría se alzaría y llevaría a Arabi, que estaba solo en su propósito de resistencia, prisionero a los pies de su soberano. Bright, cuando vio cómo había sido engatusado para dar su consentimiento al bombardeo que había llevado a la quema de Alejandría y a la necesidad de una guerra en regla, se mostró muy enojado y renunció a su puesto en el Gabinete, ni perdonó jamás a Gladstone por su parte en el engaño del que fue objeto ni por el abandono de sus principios comunes.)

Llamé a Lady Gregory, que ha escrito un artículo sobre el control de Egipto, el cual es divertido. Cena en casa de los Howard. Ella (la señora H.) está entusiasmada con mis planes.

"30 de junio.—Colvin contradice rotundamente a través del corresponsal del «Times» que ni él ni Malet se hayan valido jamás de mis servicios como mediador o intermediario en ninguna ocasión. Esto lo deja en mis manos tras la admisión del hecho por parte de lord Granville el lunes." (N. B.—Esta negativa en términos claros por parte de Colvin de cosas que es imposible que haya olvidado no necesita ser calificada por mí. El asunto no mejoró con una carta privada que me escribió el 6 de julio, en la cual repudiaba en parte su responsabilidad en el telegrama del «Times». Acepté su explicación en su momento como genuina, pero cuando poco después le pedí que repudiara el telegrama públicamente, se negó a hacerlo, y en términos que no hacían sino repetir y agravar la falsedad.)

"Desayuné con De la Warr para conocer a Broadley, el corresponsal de «The Times» en Túnez." (N. B.—Este es el mismo Broadley a quien, por recomendación de lord De la Warr, encomendué más tarde la defensa de Arabi. Había estado ejerciendo como abogado en los tribunales consulares de Túnez y, últimamente, como corresponsal de «The Times» allí. Era un hombre de gran capacidad y se había hecho útil a De la Warr de muchas maneras, dándole la información sobre asuntos orientales que era la pasión de De la Warr, y preparándole, cuando estaba en Inglaterra, sus discursos sobre tales temas en la Cámara de los Lores. En la época de la invasión de Túnez por los franceses, adoptó una postura firme en «The Times» a favor del alzamiento mahometano y publicó después un útil libro al respecto titulado La última guerra púnica.) "Dice que todos esperan en Trípoli y Túnez a que el Sultán dé el paso. De otro modo, el Senusi encabezará el renacimiento mahometano... Escribí una carta a «The Times» en respuesta a Colvin que debería destruirlo. Almuerzo en casa de los Gregory."

"Eddy escribe una carta amistosa diciendo que el señor Gladstone no se desdirá de sus expresiones de simpatía hacia la independencia egipcia, si lo que le he dicho resulta ser cierto. Esto debe de ser gracias a Bright".

La carta a la que aquí se alude es importante en relación con el acuerdo que se hizo después en Egipto, y con la promesa de independencia e instituciones liberales hecha a sugerencia de Gladstone por Lord Dufferin en su célebre despacho. De no ser por la influencia que yo había adquirido sobre Gladstone en este punto, no me cabe la menor duda de que, tras Tel el-Kebir, Egipto habría sido anexionado al Imperio británico. Los whigs del Gabinete tenían toda la intención de hacerlo.

2 de julio.—En Brocket. Esta, después de Wilton, es la casa de campo más encantadora que he visto. Todo en ella está exactamente igual que hace cincuenta y sesenta años, en los días de Caroline Lamb y Lord Melbourne. Lord Palmerston murió aquí. Henry Cowper, a quien pertenece ahora, me resulta muy simpático. Nuestro grupo se compone de Henry Brand y su esposa, el ministro americano, Lord Houghton, Lymington y Frederick Leveson Gower, hermano y secretario de Lord Granville. Gran disputa sobre Egipto, pero todo bastante amistoso, incluso Leveson. Y el americano está de mi parte... Tuve una pequeña charla con Leveson después de haber jugado al tenis de césped. Habló con mucha desolación del Imperio británico, pero pensaba que Inglaterra podría perdurar sin una revolución en el país. En Brocket tales conversaciones son melancólicas... Hay otro ataque furioso contra mí en el «Observer».

"3 de julio.—En Brocket. Me imagino que, de haber alguna intervención, esta será italiana; al menos, si la intervención es ordenada por la Conferencia. Esto me disgustaría enormemente, pues por el momento los italianos parecen comprensivos, pero si se lanzaran a la conquista, serían brutales en sus métodos. Además, los italianos no son vulnerables en su propio territorio, como lo somos nosotros y los franceses." (N. B.—Por aquellas fechas se le pedía al Gobierno italiano que se uniera a nosotros en una intervención armada en Egipto, pero sabiamente se negaron. El asunto habría sido muy impopular entre los liberales de Italia, donde Menotti Garibaldi estaba organizando una fuerza para ayudar a Arabi.) "Fui en coche a Knebworth a almorzar. Lytton ha estado construyendo y abriendo un nuevo camino hacia el Parque, lo cual es sin duda una gran mejora; hablamos sobre el Imperio británico, sobre cuyo tema está tan desanimado como yo. Cree que mi política en Egipto podría haber tenido éxito, o cualquier política que no fuera la de confiar en el azar. Ahora prevé una rebelión mahometana en la India, vayan las cosas como fueren... Por la tarde a Temple Dinsley, donde están los Brand."

"4 de julio.—A Londres; encontré un telegrama que decía que Arabi ciertamente no iría a Constantinopla, y también una carta de Sabunji que me ha inquietado. Evidentemente ha sido abierta en el correo, y su contenido puede haber comprometido a los líderes nacionales en Constantinopla. Hay también telegramas en los periódicos sobre una nueva disputa respecto a las fortificaciones de Alejandría; y Lady Gregory, que vino a James Street, ha sabido por Sir Erskine May que Beauchamp Seymour tiene orden de bombardear Alejandría mañana." (Sir Erskine May era, creo, el principal funcionario permanente del Almirantazgo. La correspondencia más antigua que se refiere a un bombardeo en los Libros Azules aparece el 26 de junio, cuando el Almirantazgo telegrafía a Sir Beauchamp Seymour: «Si las tropas egipcias están haciendo preparativos para atacar, comuníquese con el almirante francés y coloque los buques en posición». Este telegrama muestra el argumento del lobo y el cordero que se estaba utilizando para excusar nuestro propio ataque planeado. Sabemos por el diario de Palmer, al que se hará referencia más adelante, que Seymour había decidido bombardear al menos desde el 4 de julio. Entre los factores determinantes para Gladstone y el Gabinete en este momento estuvo, creo, el falso informe de una masacre en Benha, un incidente totalmente fabuloso que fue muy utilizado para enfurecer a la opinión pública inglesa contra Arabi.) "Ella [Lady Gregory] también ha sabido que Colvin ha dimitido y que su dimisión ha sido aceptada." No sé si había algún fundamento para este informe, pero ya es demasiado tarde para que su destitución hubiera cambiado en algo el resultado. Probablemente era un informe del todo falso.

5 de julio.—Tengo ahora el espíritu muy inquieto por estas amenazas de bombardeo. A las doce fui a la Cámara de los Comunes y escuché a Dilke anunciar que la flota tenía orden «bajo ciertas circunstancias de actuar de determinada manera». Almorcé con Sir Wilfrid Lawson, que es un hombre realmente encantador, y le leí la carta de Sabunji en la que describe sus cenas y conversaciones con los jefes nacionalistas. Él y otros con él harán lo que puedan. Pero ya no hay nada que hacer. Mis cartas a Gladstone están impresas, pero no me atrevo a publicarlas hasta ver qué postura adopta la Puerta... Cené en casa de Lady Rosamund Christie. Knowles estaba allí y dice que el bombardeo va a empezar mañana por la mañana. Fawcett se pone de mi parte. Mi temor es que los nacionalistas lo jueguen todo a un duelo de artillería con la flota, en el que inevitablemente tienen que perder, y así se desanimen. Pienso que deberían abandonar Alejandría y crear un campamento atrincherado fuera del alcance de los cañones de la flota. Pero no me atrevo a aconsejarlo. (Por entonces, Button me informó de que el plan del Almirantazgo era efectuar un desembarco durante el bombardeo con la idea de cortar la retirada de Arabi. Esta noticia, si no recuerdo mal, influyó en mi telegrama del día siguiente y en mi carta del siete).

6 de julio.—El almirante Seymour ha presentado un ultimátum, y le he telegrafiado a Sabunji lo siguiente: «Evita inmiscuirte con la flota. Envía a Abdu con un mensaje para Gladstone. Paciencia». No estoy seguro de si estoy obrando bien, pero la prudencia sin duda está del lado correcto. Además, Arabi juzgará independientemente de mi opinión, y nunca se ha equivocado hasta ahora. He enviado copias de mi correspondencia con Downing Street al cardenal Manning y a Knowles (y también a lord Dufferin). Después de almorzar fui a ver a Hill, el director del «Daily News». Ahora está totalmente de nuestro lado, cuando ya es demasiado tarde para hacer ningún bien. Promete, sin embargo, escribir lo que pueda... Por la noche, un telegrama de Sabunji diciendo que todo está tranquilo, así que supongo que el problema se ha evitado... Hoy le escribí a Eddy proponiéndole mostrarle las cartas de Sabunji (las ya entregadas). Es un remedio desesperado, pero las circunstancias son desesperadas.

7 de julio.—Fui a ver a Stanley of Alderley y le insté a que viese a Musurus para evitar cualquier ruptura entre Arabi y el Sultán. Le conté casi los hechos tal como eran, pero le hice entender que este no era el momento para que los mahometanos disputasen, y que los turcos y los egipcios podrían resolver sus diferencias domésticas más tarde. Parece estar muy de acuerdo conmigo... Luego escribí una carta a Sabunji recomendándoles que no se peleasen con la flota, sino que hiciesen un campamento atrincherado fuera del alcance de los cañones. Sigo pensando que no se desembarcará ninguna expedición inglesa en Egipto, sino que tendrán que luchar contra los turcos o posiblemente contra los italianos... Los periódicos anuncian un arreglo pacífico de la diferencia entre Arabi y la flota, lo cual es satisfactorio por ahora.

"8 de julio.—En Crabbet. La segunda posta ha traído una carta de Eddy Hamilton que parece dar a entender que Gladstone todavía está abierto a la convicción. Esto es más de lo que esperaba"—(y más también de lo que la carta daba a entender. Lo que Hamilton escribió fue: "Espero que no haga falta decir que ha sido el deseo del Gobierno desde el principio llegar a la verdad, pero eso, al parecer, no ha sido tan fácil"). "En consecuencia, he estado preparando un resumen de las cartas de Sabunji. Por la tarde llegaron Lascelles y otros.

"9 de julio.—Domingo. He consultado con Lascelles sobre la posibilidad de enviar las cartas de Sabunji a Gladstone, pero él cree que es demasiado tarde. Hartington le ha dicho que tienen intención de ocupar Egipto y probablemente de anexionárselo, basándose en el principio j'y suis, j'y reste. Chamberlain ha dicho: «Ahora hemos arrinconado al Gran Viejo, y tiene que luchar». Por lo tanto, esperaré a ver cómo se desarrollan los acontecimientos. El «Observer» anuncia una nueva amenaza o ultimátum. Esta vez dejaré que la Providencia decida." (Lo que consigno aquí como contado por Lascelles tiene importancia histórica. Estaba en una posición para saber lo que pasaba como ninguno de mis amigos. Como antiguo Encargado de Negocios en Egipto, era consultado en el Ministerio de Asuntos Exteriores, y como primo hermano de Lord Hartington tenía su confianza sobre lo que ocurría en la facción whig del Gabinete.)

"10 de julio.—Se anuncia un nuevo ultimátum, esta vez en unos términos que Arabi no puede aceptar. Quieren que entregue los fuertes. Los franceses, sin embargo, se niegan a tomar parte en este acto de piratería. M. P., que conoce a gente de la marina, me asegura que Beauchamp Seymour está muerto de miedo; que el «Invincible» es el único barco con planchas de blindaje verdaderamente sólidas, y que la flota se encuentra en una posición de máxima criticidad." (Había algo de verdad en esto, creo yo. Los barcos, tal como estaban amarrados en el puerto, quedaban directamente bajo el fuego de los fuertes a corta distancia. Si los nacionalistas hubieran sido tan inescrupulosos como nuestra gente, podrían haber tomado a los barcos en desventaja y tal vez haberlos hundido. Pero Arabi no era hombre para un golpe de este tipo y era, además, un estricto cumplidor de la norma mahometana común de no disparar el primer tiro en la guerra. El pleito tampoco era buscado por él, y todo lo que le obsesionaba era evitar cualquier pretexto para un enfrentamiento. En consecuencia, permitió que Seymour alejara sus barcos y eligiera su propia distancia.) "Arabi tal vez tenga razón entonces al aceptar el duelo. En cualquier caso, se le impone de tal manera que no puede rechazarlo. Curiosamente, estoy muy animado. Mi idea es que este bombardeo y derramamiento de sangre, comoquiera que termine, producirá aquí una repulsión en la opinión pública y detendrá nuevas actuaciones. Nadie quiere realmente la guerra o la anexión, excepto los financieros. Y éstos irían pronto a la ruina si el público hablara. Las Potencias, además, probablemente se enfurruñarán por este acto de violencia en plena Conferencia. Para Inglaterra, las perspectivas parecen muy malas. Probablemente conducirá a una guerra con Francia y a la pérdida de la India.... Fui a Londres y vi a Lady Gregory, que quiere que le envíe una copia de mis cartas sobre Gladstone a Gibson, ya que Gibson es el hombre del futuro de los conservadores, y los conservadores pronto estarán en el poder. Gladstone fue derrotado el viernes en una votación importante.... Harrison le ha escrito a Gladstone una carta devastadora, diciéndole que su actuación en Egipto arruinará su reputación moral para siempre en la historia. Esto es seguro, y me ocuparé de que así sea.... Almorcé con George Currie, quien, como tenedor de bonos, está ahora complacido con la firmeza del Gobierno. Temían, dice, que en algún momento Gladstone los hubiera dejado caer."

"A la Cámara de los Comunes, donde vi a Lawson. Me preguntó qué se podía hacer. Le dije: «Nada». Dilke hizo una declaración confirmando el Ultimátum... Lord De la Warr llamó a las seis para preguntar si no querría telegrafiar para aconsejar un arreglo. Pero le dije que ya no podía hacer esto, pues los egipcios no podían ceder sus fortalezas honrosamente. A casa, a Crabbet.

"11 de julio.—En Crabbet. Decidí esta mañana para mis adentros que si el tiempo era bueno las cosas irían bien en Egipto, ¡y he aquí que está lloviendo!... Me quedaré aquí ahora hasta que todo haya terminado, excepto el jueves, cuando se me ha invitado a Marlborough House, para tener el honor de conocer a Su Majestad... Lo sabremos todo en pocas horas... Llovió intensamente hasta las 2, luego despejó. Me quedé dentro de casa en un estado de nervios, incapaz de hacer nada... A las cuatro y media David trajo un «Globe», con noticias que mostraban que el bombardeo comenzó a las 7 y seguía a las once y media. A las 5, Anne vino de Londres con el «Pall Mall» y el «St. James's», que mostraban que no había terminado todo a la 1:40. Es evidente que los egipcios lucharon como hombres, así que no temo nada. Puede que los expulsen de los fuertes y de Alejandría. Pero Egipto no será conquistado. La flota francesa se ha ido a Puerto Said, y es imposible que no haya una guerra europea. He enviado mi correspondencia con Gladstone al Príncipe de Gales.

12 de julio.—Los fuertes están callados, pero los egipcios no muestran señales de rendirse, y los periódicos anuncian otro bombardeo para hoy. Esto es algo monstruoso. El Sultán, me alegra ver, se mantiene firme; y una guerra religiosa es inevitable, sucediendo, como dijo Arabi que haría, a la política. La profecía sobre Gladstone se cumplirá así. Su conciencia debe ser un estudio curioso en estos momentos, la conciencia de un Eugene Aram, y lo creo capaz de cualquier traición y cualquier crimen. No puedo hacer más, y me quedaré aquí. Fui a pescar al bosque, un día luminoso y cálido, con una ligera amenaza de tormenta hacia el mediodía. Los periódicos de la tarde hablan de una bandera de tregua y de un fuerte oleaje que ha impedido que los barcos disaren.

"13 de julio.—Vi a Button, quien me dice que una ocupación es inevitable. El viejo Edward Blount iba en el tren. Me dice que los franceses no están en condiciones de combatir. Su armada está tan mal provista que duda de que tengan municiones. Cree que habrá una revolución en pocos meses.... Encontré a Sir Wilfrid Lawson en su casa de Grosvenor Crescent y conversé largo y tendido con él, pero coincide en que es inútil intentar hacer algo con el Gobierno.... Almorcé con los Howards. Ella es firme, él dudoso.... Al regresar en el metropolitano leí la noticia de que Alejandría está en llamas, de la evacuación de la ciudad y de una nueva masacre perpetrada por matones. Esto no es más que lo que tenía que suceder. Me alegro de una sola cosa, y es que el ejército ha salido sano y salvo de esa ratonera. Lo he tenido en la cabeza desde que Arabi fue a Alejandría: que sus enemigos lo atraparían allí de algún modo. Ahora parece haber hecho exactamente lo que le recomendé, retirarse a una posición fortificada fuera del alcance de los cañones de la flota. La gente, o más bien los periódicos, está muy enojada porque se retiró bajo bandera de tregua, pero no soy lo bastante militar como para ver dónde estuvo la traición, sobre todo cuando el almirante Seymour había anunciado que entendería que una bandera blanca significaba la evacuación de los fuertes." (Esta acusación de haber violado la bandera blanca se convirtió en un cargo especial contra Arabi en su juicio, y Gladstone insistió en ella de forma absurda debido a que él, Gladstone, se había comprometido con la afirmación de que retirarse bajo la bandera blanca constituía una violación de las leyes de la guerra. Se persistió en esto después de que se abandonaran otros cargos más graves, hasta que se descubrió que en el «Soldier's Pocket Book» de Lord Wolseley, un manual de texto en nuestro ejército, se establece claramente que lo contrario es la regla.)

"I was in two minds about going to Marlborough House, but decided it would be best to show loyalty. So went. Everybody cordial enough except old Houghton, who all but cut me. The Malets were there—poor old people—but I did not venture speaking to them. Robert Bourke came to me in great glee at the mess the Government found themselves in. Such are the amenities of party political life. Everybody else nearly was there that I had ever seen. The Prince of Wales shook hands with me, but he said nothing. Her Majesty was looking beaming—I suppose elated at her bombardment. Gladstone is said to have announced in the House that he would not send an army to Egypt. He declares he is not at war with anybody. However Button, with whom I dined, assures me troops are going and that they mean annexation. Dined with him and Lord Bective.

14 de julio.—Desayuné con De la Warr. Le enseñé la carta de Arabi a Gladstone, y me aconsejó que no la enviara, pero se ofreció a proponerle al Príncipe de Gales que hablara conmigo al respecto. Creo que este será un buen plan. No me atrevo a dejar que el Gobierno tenga semejante documento en sus manos hasta que se decida qué forma adoptará la intervención.

La carta a la que aquí se hace referencia es una que Arabí dictó a Sabunji en Alejandría y me envió, deseando que se la comunicara a Gladstone como si viniera de él. No estaba firmada ni sellada por él, y Sabunji la envió en inglés, no en árabe; razón por la cual Arabí más tarde, cuando se le acusó de haberla escrito, entre otros cargos que se le imputaron en el momento de su arresto, negó haberle escrito en absoluto al Sr. Gladstone.

Mis enemigos me reprocharon, en consecuencia, haber falsificado la carta, a pesar de que yo había afirmado que había sido «dictada» en la carta con la que la acompañé dos días después. La carta tal como se envió al Sr. Gladstone era la siguiente:

"Alejandría, *2 de julio de 1882*. "Señor, "Nuestro Profeta en su Corán nos ha ordenado no buscar la guerra ni comenzarla. Nos ha mandado también, si se nos hace la guerra, resistir y, bajo pena de ser nosotros mismos considerados infideles, seguir a quienes nos han atacado con todas las armas y sin piedad. Por lo tanto, Inglaterra puede estar segura de que el primer cañonazo que dispare contra Egipto absolverá a los egipcios de todos los tratados, contratos y convenciones; de que el Control y la deuda cesarán; de que la propiedad de los europeos será confiscada; de que los canales serán destruidos; las comunicaciones cortadas; y de que se hará uso del celo religioso de los mahometanos para predicar una guerra santa en Siria, en Arabia y en India. Egipto es considerado por los mahometanos como la llave de La Meca y Medina, y todos están obligados por su ley religiosa a defender estos lugares santos y las vías que conducen a ellos. Ya se han predicado sermones sobre este tema en la mezquita de Damasco, y se ha llegado a un acuerdo con los líderes religiosos de todas las tierras del mundo mahometano. Lo repito una y otra vez, el primer golpe lanzado contra Egipto por Inglaterra o sus aliados hará correr sangre a lo largo y ancho de Asia y de África, cuya responsabilidad recaerá sobre la cabeza de Inglaterra. "El Gobierno inglés se ha dejado engañar por sus agentes, que le han costado al país su prestigio en Egipto. Inglaterra estará aún peor aconsejada si intenta recuperar lo que ha perdido mediante la fuerza bruta de las armas y las bayonetas. "Por otra parte, existen medios más humanos y amistosos para lograr este fin. Egipto está todavía dispuesto —es más, desea— llegar a un acuerdo con Inglaterra, ser su amigo entrañable, proteger sus intereses y mantener su camino a la India, ser su aliado; pero debe mantenerse dentro de los límites de su jurisdicción. Si, sin embargo, prefiere seguir engañado y jactarse y amenazarnos con flotas y sus tropas indias, suya es la elección. Tan solo que no subestime el patriotismo del pueblo egipcio. Sus representantes no le han informado del cambio que se ha obrado entre nosotros desde los días de la tiranía de Ismail. Las naciones, en nuestra época, dan pasos repentinos y gigantescos en la senda del progreso. "Inglaterra, en fin, puede estar segura de que estamos decididos a luchar, a morir mártires por nuestro país, tal como nos lo ha ordenado nuestro Profeta, o bien a vencer y vivir así con independencia y felicidad. La felicidad en ambos casos nos está prometida, y un pueblo imbuidos de esta creencia, su valor no conoce límites. "Ahmed Arabi."

"Fui a ver a Gregory. Está aterrorizado por la quema de Alejandría, y sostiene que Arabi no la ordenó. Yo digo que la ordenó, y que hizo bien en hacerlo. Es la política de los rusos en Moscú, y coincide con todo lo que sé de sus intenciones. No creo que vaya a hacer ningún daño a la larga, y servirá para librarse más por completo de los griegos y los italianos. Por supuesto, él no fue responsable de la masacre, que sin duda está exagerada. Incendiar la ciudad, cortar el suministro de agua y tomar una posición estratégica en el ferrocarril es lo que cualquier general decidido habría hecho". (Y lo sigo diciendo. La quema de Alejandría le dio a Arabi justo el tiempo necesario para atrincherarse en Kafr Dawar. Si hubiera llevado a cabo la otra parte de su programa y volado y bloqueado el canal de Suez, podría haber librado una buena y larga batalla, e incluso posiblemente haber ganado la campaña. Volveré sobre esto, sin embargo, cuando llegue el momento de tratar la guerra).

15 de julio.—Button escribe que el Príncipe de Gales quiere una copia de la carta de Arabi, y le he mandado decir que tendré mucho gusto en leérsela a Su Alteza Real. No la dejaré salir de mis manos por el momento... Sir Donald Currie vino a ver los caballos. Tiene sensatez respecto a Egipto, como mucha gente en lo individual. Pero los periódicos están levantando un aullido universal. Estoy decaída de espíritu, pensando en el futuro. Egipto difícilmente dejará de arruinarse, y es un consuelo escaso pensar que los europeos de allí y los tenedores de bonos también se arruinarán. Aun así, hay un Dios en el cielo para quienes confían en Él.

16 de julio.—Parece que los turcos por fin han accedido a enviar tropas. Button me dio las condiciones ayer. Han de ir, venir y capturar a Arabi, todo en un mes. El asunto es absurdo. Si van, irán para quedarse. También pactarán con Arabi, y todo lo que Inglaterra habrá ganado será que el Sultán declare la guerra. Bien mirado, esta es la mejor solución que podía esperar. De otro modo habría tenido que ser la anexión... Escribí una carta adjuntando la de Arabi para Gladstone.

"17 de julio.—Fui a Londres y vi a Button. He accedido a enviar la carta a Gladstone y al Príncipe de Gales, y así lo he hecho... Deseo que se advierta a Gladstone de todas las consecuencias de su actuación en Egipto, ya que el sábado afirmó que ¡la destrucción de Alejandría era un resultado imposible de prever tras bombardearla! Ahora bien, si El Cairo es destruido, no tendrá excusa. Bright ha dimitido. Al menos él es un hombre honesto. Anoche hizo su declaración diciendo que considera el bombardeo una violación del derecho internacional y de la ley moral."1 (Tengo motivos para creer que Gladstone había compartido la ilusión de Bright de que los fuertes de Alejandría podían ser bombardeados sin graves consecuencias de derramamiento de sangre, conflagración y guerra. La diferencia entre ambos hombres era esta: que Bright, al ver que había traicionado sus principios al consentir el acto, «salió y lloró amargamente»; Gladstone sofocó su remordimiento y se aprovechó todo lo pudo de la popularidad que la guerra siempre aporta al ministerio que la emprende.) "... Llegué tarde a casa y con el ánimo por los suelos. He hecho lo que he podido para evitar esta guerra, y la guerra es ahora la única solución."

Aquí, por desgracia, termina mi diario de 1882.2

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