a una muchedumbre sin sombrero, mientras que las clases superiores, como la V, la W y la X, se elevan por encima de ella en un grado cada vez más marcado. Así pues, el valor cívico (como quiera que se defina ese término) de los hombres de la clase U, y aún más el de la clase V, son notablemente superiores a los de la multitud, aunque estén muy por debajo del orden heroico.
La rareza de un hombre de clase V en cada cualidad especificada o grupo de cualidades es de 35 en 10.000, o digamos, por la conveniencia de usar números redondos, de 1 en 300.
Un hombre de la clase W es diez veces más raro, y de la clase X aún más raro; pero evitaré dar una definición más exacta de X que la de ser un valor considerablemente más raro que V.
Esto da una idea general pero justa de la distribución en una población de todas y cada una de las cualidades tomadas por separado, en la medida en que se distribuyen normalmente.
Como ya se ha mencionado, hace lo mismo para cualquier grupo de cualidades normales; por lo tanto, si las calificaciones de clásicas y de matemáticas fuesen individualmente normales en su distribución, las calificaciones combinadas obtenidas por cada candidato en ambas asignaturas se distribuirían de forma normal también, siendo esta una de las muchas propiedades interesantes de la ley de frecuencia.
Comparación de las Clases Normales con las del Sr. Booth.—Comparemos ahora las clases normales con aquellas en las que el Sr. Charles Booth ha dividido a la población de todo Londres de un modo que corresponde bastante bien con la concepción ordinaria de los grados de valor cívico. Las enumera desde la más baja hacia arriba y da los números de cada clase para el este de Londres. Después trata todo Londres de una manera similar, excepto que a veces combina dos clases en una y da el resultado conjunto.