deba resolverse entre valores límite que no estén demasiado alejados como para ser útiles.
Actividades Existentes.—Dejando a un lado el gasto lucrativo desde un punto de vista puramente monetario, debe tenerse presente la existencia de inmensas actividades voluntarias que tienen fines más nobles. Las contribuciones voluntarias anuales en las islas británicas destinadas únicamente a la beneficencia pública ascienden, en el cálculo más bajo, a catorce millones de libras, una suma que Sir H. Burdett afirma con buenos fundamentos que no es ni mucho menos el máximo obtenible.1
Hay otras actividades que existen desde hace mucho tiempo y que bien podrían ampliarse. No me detendré, por mucho que me tiente, en la dotación de becas y similares, que aspiran a encontrar y educar a los jóvenes más aptos para la labor de la nación; sino que me referiré a esa saludable práctica de todas las épocas en que personas adineradas se interesan por muchachos pobres pero prometedores y los protegen. El número de hombres que han debido su punto de partida a una vida exitosa gracias a una ayuda de este tipo habrá llamado la atención de cualquier lector de biografías. Esta relación entre protector y protegido difícilmente puede expresarse en inglés con una simple palabra que no congele más de lo pretendido. La palabra «patrono» es odiosa. Recordando la aversión del doctor Johnson hacia los patronos de su época, recurrí a una edición temprana de su diccionario con la esperanza de obtener cierta diversión además de instrucción a partir de su definición de la palabra, y no me defraudó. Define «patrono» como «un desgraciado que apoya con insolencia y es correspondido con adulación». Eso se opone totalmente a lo que yo abogaría, a saber, una relación amable y honorable entre un hombre rico que se ha hecho una posición en el mundo y un joven que es declaradamente su igual en dotes naturales, pero que aún tiene que hacérsela. Es una relación de la que