las manos, é las Mugeres se iban á su aposento dellas, donde eran mui bien servidas; É luego ante el señor allegábanse á sus burlas é gracias aquellos chocarreros é donosos, é mandaba les dar de comer sentados á vn cabo de la sala; é todo lo restante de la comida mandaba dar á la otra gente que se ha dicho que estaban en aquel gran patio; y luego venian 3000 Xicalos i cantaros ó ánforas de brevage, é despues que el señor habia comido ó bebido, é labádose las manos, íbanse las Mugeres, é acabadas de salir de la sala, entraban los negociantes de muchas partes, así de la misma cibdad como de sus señoríos; é los que le habian de hablar incábanse de rodillas quatro varas de medir ó mas, apartados dél é descalzos, é sin manta de algodon que algo valiese; é sin mirarle á la cara decian su razonamiento; é él proveia lo que le parecia; é aquellos se levantaban é tornaban atrás retraiéndose sin volver las espaldas vn buen tiro de piedra, como lo acostumbraban hacer los Moros de Granada delante de sus señores é príncipes. Allí habia muchos jugadores de diversos juegos, en especial con vnos fesoles á manera de habas, é apuntadas como dados, que es cosa de ver; é juegan cuanto tienen los que son Tahures entrellos. Ivan los Españoles á ver á Montezuma, é mandábales dar duchos, que son vnos banquillos ó escabeles, en que se sentasen, mui lindamente labrados, é de gentil madera, é decíanles que querian, que lo pidiesen é dárselo han. Su persona era de pocas carnes, pero de buena gracia é afabil, é tenia cinco ó seis pelos en la barba tan luengos como un geme. Si le parecia buena alguna ropa que el Español tubiese, pedíasela, é si se la dada liberalmente sin le pedir nada por ella, luego se la cobria é la miraba mui particularmente é con placer la loaba; mas si
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