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Todas las influencias fueron en vano

No escucharon⁠—comencé a llorar.

Mi cabeza se volvió mareada y débil⁠—Intenté Ahogar mi razón. Todo en vano. Me postré sobre mi rostro y lloré Con amargura a Dios de nuevo.

Dios puso un pensamiento en mi mano, Dios me dio un propósito, una meta. Lo toqué a modo de trompeta: La banda de dispersas fantasías oyó y acudió.

Oyeron los clarines que he soplado— Los vagos pensamientos acudieron; En fiel silencio su formación han tomado— ¿Una hora, y la marcha habrían emprendido?

La marcha empezó; y una vez hecha la seria empresa, el fin cabal, mantuvo mi alma bien sujeta, mantuvo el pensamiento leal.

Desde entonces, las olas callan. La marea fluye firme y honda. El mar brilla tranquilo, lejos y ancho, mi mente ha cruzado la rompiente de la duda.

La estrella polar de mi propósito mantiene la línea constante que debo timonear. Por la noche mi cuerpo cansado duerme, mi cerebro trabaja ordenado y despejado.

Todo ha cambiado desde que fijé la meta ante mi faz; ¡todo cambió, y hoy mi pesar busca un empleo do morar!

“Compañera para un inválido⁠— Se prefiere el de tipo René⁠— distinguido Y ortodoxo”. Le deseo rapidez⁠— ¡Qué bien se guarda el bicho las espaldas!

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