Jamás, los libros a la espalda, caminaremos por la mañana otra vez hacia el resbaladero de la puerta del bedel, por la emboscada de las varas en el callejón.
¡Jamás nos mandarán por la férula, ni perderemos el sitio por llegar tarde; jamás cumpliremos setenta y dos años, los que ahora tenemos solo siete u ocho!
Jamás tendremos calderilla para el almuerzo, Jamás nos apretará el cinturón Maclean, Jamás bajaremos a caballeros, Ni seremos nunca más escolares de nuevo.
Pero aún por el bien del pasado, Por el amor de los días de antaño El remanente del setenta y dos Se reunirá para cenar.