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nydus/The JewsPublic
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Capítulo I. La tesis de este libro

La segunda forma de eliminación —la expulsión—, aunque teóricamente sostenible (pues una comunidad tiene derecho a organizar su propia vida y ningún extranjero en ella tiene derecho a modificar dicha vida o a perturbarla), no deja de ser en la práctica, y por lo que respecta a este problema en particular, solo un grado menos odiosa que la primera.

Significa inevitablemente una masa de injusticia individual, así como despojo común y toda clase de penurias. Es casi imposible disociarla de la violencia y de malas acciones de todo tipo.

Deja tras de sí una herencia casi tan fuerte, si no de vergüenza por un lado, al menos de rencor por el otro, como la que deja la primera. Y lo que la condena definitivamente es que no es, ni puede ser, completa.

Pues está en la naturaleza del problema judío que esta solución solo se intente en momentos y lugares donde la fuerza de los judíos ha declinado; y esto invariablemente significa su fuerza correspondiente en alguna otra parte.

Una sociedad particular que intente esta solución de la expulsión puede tener éxito durante un tiempo en lo que a ella respecta, pero eso significa inevitablemente la recepción del cuerpo exilado por otro distrito y, tarde o temprano, el retorno de la fuerza de la que se esperaba librar.

El mayor ejemplo histórico de esto es, por supuesto, la acción de los ingleses. Los ingleses, solos entre todas las naciones cristianas, adoptaron esta solución en su totalidad.

Una fuerte realeza nacional, un gobierno altamente organizado para su época, una posición insular y una singular unanimidad de propósito nacional propiciaron la expulsión de los judíos de Inglaterra a finales del siglo XIII; durante más de tres siglos y medio se mantuvo dicha expulsión, y sola entre las diversas divisiones de la cristiandad, Inglaterra estuvo en teoría libre del elemento extranjero y casi tan libre en la práctica como lo estaba en la teoría.

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