Para considerar estas pocas cuestiones, nos será de ayuda disponer de algunos términos sencillos cuyo significado sea preciso y claro. Demos el nombre de «datos sensoriales» (sense-data) a las cosas que se conocen inmediatamente en la sensación: cosas tales como colores, sonidos, olores, durezas, asperezas, etcétera. Concederemos el nombre de «sensación» a la experiencia de ser inmediatamente consciente de estas cosas. Por tanto, siempre que vemos un color, tenemos una sensación de ese color, pero el color en sí mismo es un dato sensorial, no una sensación. El color es aquello de lo que somos inmediatamente conscientes, y la conciencia misma es la sensación. Es evidente que, si hemos de saber algo acerca de la mesa, ha de ser por medio de los datos sensoriales —color marrón, forma alargada, suavidad, etc.— que asociamos con la mesa; pero, por las razones que se han dado, no podemos decir que la mesa sean los datos sensoriales, ni siquiera que los datos sensoriales sean directamente propiedades de la mesa. Surge así un problema en cuanto a la relación de los datos sensoriales con la mesa real, suponiendo que tal cosa exista.
La mesa real, si es que existe, la llamaremos «objeto físico».
Así pues, tenemos que considerar la relación de los datos de los sentidos con los objetos físicos. La colección de todos los objetos físicos se llama «materia».
Por tanto, nuestras dos preguntas pueden plantearse de nuevo del siguiente modo:
- ¿Existe algo así como la materia?
- En caso afirmativo, ¿cuál es su naturaleza?
El filósofo que expuso por primera vez de manera destacada las razones para considerar que los objetos inmediatos de nuestros sentidos no existen independientemente de nosotros fue el obispo Berkeley (1685–1753). Sus *Tres diálogos entre Hylas y Filonús, en oposición a los