La Existencia de la Materia
En este capítulo debemos preguntarnos si, en algún sentido, existe algo parecido a la materia. ¿Hay una mesa que posee cierta naturaleza intrínseca y sigue existiendo cuando no la miro, o es la mesa meramente un producto de mi imaginación, una mesa-sueño dentro de un sueño muy prolongado?
Esta cuestión es de la mayor importancia. Pues si no podemos estar seguros de la existencia independiente de los objetos, no podemos estar seguros de la existencia independiente de los cuerpos de los demás, y por tanto aún menos de las mentes de los demás, ya que no tenemos más motivos para creer en sus mentes que los derivados de la observación de sus cuerpos.
Así, si no podemos estar seguros de la existencia independiente de los objetos, nos quedaremos solos en un desierto: puede que todo el mundo exterior no sea más que un sueño, y que nosotros seamos los únicos que existimos. Esta es una posibilidad incómoda; pero, aunque no se pueda demostrar estrictamente que sea falsa, no hay la menor razón para suponer que sea verdadera. En este capítulo hemos de ver por qué esto es así.
Antes de embarcarnos en asuntos dudosos, tratemos de encontrar algún punto más o menos fijo del cual partir. Aunque dudemos de la existencia física de la mesa, no dudamos de la existencia de los datos de los sentidos que nos hicieron pensar que había una mesa; no dudamos de que, mientras miramos, se nos aparecen un