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nydus/The VampirePublic
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Capítulo I

Creía, en fin, que los sueños de los poetas eran las realidades de la vida.

Era apuesto, franco y rico; por estas razones, al entrar en los círculos alegres, muchas madres lo rodearon, compitiendo por describir con menor veracidad a sus languidecientes o retozonas favoritas; las hijas, al mismo tiempo, con el rostro iluminado al acercarse él, y con los ojos brillantes al abrir los labios, pronto lo indujeron a formarse falsas ideas de su talento y su mérito.

Apegado como estaba al romanticismo de sus horas solitarias, se sobresaltó al descubrir que, salvo en las velas de sebo y cera que parpadeaban, no por la presencia de un fantasma, sino por falta de despabilarlas, no había fundamento en la vida real para ninguna de esa amalgama de gratos cuadros y descripciones contenidos en aquellos volúmenes a partir de los cuales había formado su estudio.

Encontrando, sin embargo, cierta compensación en su vanidad lisonjeada, estaba a punto de renunciar a sus sueños, cuando el ser extraordinario que hemos descrito más arriba se cruzó en su camino.

Le observaba; y la misma imposibilidad de formarse una idea del carácter de un hombre totalmente absorto en sí mismo, que daba pocas muestras de observar los objetos externos más allá del asentimiento tácito a su existencia que implicaba evitar el contacto con ellos: permitiendo que su imaginación se figurara todo lo que halagaba su propensión a las ideas extravagantes, pronto convirtió a este objeto en el héroe de una novela, y decidió observar el fruto de su fantasía antes que a la persona que tenía delante.

Se hizo amigo suyo, le dispensó atenciones y avanzó tanto en su favor que su presencia era siempre reconocida. Poco a poco supo que los asuntos de lord Ruthven estaban embrollados y pronto descubrió, por los preparativos en la calle ⸻, que estaba a punto de viajar.

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