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nydus/The History of the Great American FortunesPublic
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Table of Contents

Prefacio

Al escribir esta obra mi propósito ha sido ofrecer los hechos exactos hasta donde el material disponible lo permite. Necesariamente es imposible, por la propia naturaleza del caso, obtener todos los hechos.

Es obvio que tanto en tiempos pasados como presentes los principales beneficiarios de nuestro sistema social y e industrial han encontrado de su interés presentar sus acumulaciones como las recompensas de la industria y la habilidad, y asimismo han tenido los motivos más fuertes para ocultar las circunstancias de todos aquellos métodos complejos y tortuosos que se han utilizado para amasar grandes fortunas.

En esto han sido asistidos por una sociedad constituida de tal modo que los medios mediante los cuales estas grandes fortunas han sido amasadas han sido generalmente alabados como legítimos y ejemplares.

Los poseedores de fortunas descomunales han sido descritos hasta ahora de dos maneras.

  • Por un lado, se les ha presentado como maravillas del éxito, como ejemplos preeminentes de frugalidad, iniciativa y capacidad extraordinaria.
  • Más recientemente, sin embargo, la tendencia en ciertos sectores ha sido diametralmente opuesta.

Este último grupo de escritores, empeñado en halagar un supuesto apetito popular por el sensacionalismo, acumula una revelación tras otra y exhibe a los blancos de sus diatribas como monstruos del crimen comercial y político.

Ninguna de estas clases ha intentado establecer de manera definitiva la relación entre las grandes fortunas y el sistema social e industrial que las ha propiciado. En consecuencia, estas efusiones y tiradas superficiales —basadas en una falta de comprensión de las fuerzas propulsoras de la sociedad— tienen poco valor más allá de ser el reflejo de cierto espíritu de los tiempos desorientado y caótico.

A pesar de sus volúmenes impresos, nos dejan con una serie dispersa de afirmaciones, con cierto parecido a los hechos, que, sin embargo, no llegan a serlo en la medida en que están distorsionadas para adoptar la forma de elogios aduladores o de ataques salvajes y carentes de sentido.

No dan ninguna explicación de las leyes fundamentales y los movimientos del sistema actual, que han dado lugar a estas vastas fortunas; tampoco hay el menor destello de una interpretación científica de una sucesión de estados y tendencias de los cuales han emergido estos hombres de gran riqueza.

Con una absoluta falta de comprensión, retratan a nuestros multimillonarios como un grupo fenoménico cuyo repentino ascenso a su posición siniestra y avasalladora es motivo de asombro y sorpresa.

Parecen no darse cuenta ni por un momento —lo que resulta evidente para todo verdadero estudiante de economía— de que las grandes fortunas son el resultado natural y lógico de un sistema basado en factores cuyo resultado inevitable es el despojo absoluto de las masas en beneficio de unos pocos.

Siendo esto así, nuestros plutócratas no se clasifican ni más ni menos que como otras tantas creaciones inevitables de un conjunto de procesos que deben producir imperativamente un determinado conjunto de resultados. Estos resultados los vemos en la acelerada concentración de una inmensa riqueza que marcha lado a lado con una multitud desposeída, expropiada y explotada.

El punto dominante de estas emanaciones denunciatorias, sin embargo, es que ciertos hombres de gran fortuna han adquirido sus posesiones mediante métodos deshonestos.

Estos hombres son señalados como criaturas de especial infamia. Sus actos y dichos proporcionan material para muchas páginas de ataque.

Aquí, de nuevo, se observa una absoluta falta de conocimiento y perspectiva. Pues, si bien es cierto que los métodos empleados por estos hombres muy ricos han sido, y son, fraudulentos, también lo es que no son más que los tipos más conspicuos de toda una clase que, en diversos grados, ha utilizado exactamente los mismos métodos, y cuyas fortunas y poder colectivos se han derivado de idénticas fuentes.

En el diagnóstico de una epidemia, no basta con conformarse con los síntomas; la sabiduría y la protección de la comunidad exigen que busquemos y eradicemos la causa.

Tanto la riqueza como la pobreza brotan de la misma causa esencial. Ninguna de las dos, por tanto, debe ser condenada indiscriminadamente como tal; la consideración de suma importancia es determinar por qué existen y cómo se puede abolir un contraste tan absurdo.

Al emprender una serie de tipos de grandes fortunas, como lo he hecho en esta obra, mi objetivo no ha sido el corriente de retratarlas ya sea como éxitos notables o como criminales indescriptibles. Mi propósito es presentar un número suficiente de ejemplos que sean indicativos de todo el carácter de la clase privilegiada y de los métodos que se han empleado. Y al hacer esto, no han intervenido ni los prejuicios ni la declamación. Tal presentación, según creo, no puede dejar de ser útil por muchas razones.

En primer lugar, satisfará un espíritu de indagación.

A medida que pasa el tiempo, y el poder de la oligarquía propietaria se hace cada vez mayor, se hace un intento cada vez más deliberado de presentar el origen de esa propiedad como el producto del trabajo honesto y de un gran servicio público.

Todo buscador de la verdad tiene derecho a saber si esto es verdad o no. Pero lo que es mucho más importante es que el pueblo conozca cuáles han sido los efectos acumulativos de un sistema que subsiste a base de las instituciones de la propiedad privada y el trabajo asalariado.

  • Si posee las muchas virtudes que se dice que posee, ¿cuáles son estas virtudes?
  • Si es un orden superior de civilización, ¿en qué consiste esta superioridad?

Esta obra ayudará a explicarlo, pues por naturaleza un orden virtuoso y superior debe producir hombres virtuosos y superiores. La clase y calidad de los métodos y de los hombres de gobierno exitosos que esta civilización en particular impulsa a la primera línea se exponen en esta obra.

Aún más importante es averiguar de dónde provienen estas colosales fortunas, su origen y crecimiento particulares, y qué significado tienen los métodos e instituciones concomitantes para el gran cuerpo del pueblo.

Puedo añadir que en la Parte I no se ha intentado presentar una descripción exhaustiva de las condiciones de la época de los Asentamientos y la Colonia. Me he limitado a ofrecer lo que considero un resumen suficiente de las condiciones que condujeron a los desarrollos económicos posteriores en los Estados Unidos.

Gustavus Myers.

1 de septiembre de 1909.

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