Miles de obreros trabajaban hasta el límite de sus fuerzas día y noche, componiendo e imprimiendo millones de palabras que el correo transportaba por toda Rusia, y nosotros seguíamos enseñando y de ningún modo encontrábamos tiempo para enseñar lo suficiente, y siempre estábamos enojados porque no se nos prestaba la atención debida.
Era terriblemente extraño, pero ahora resulta bastante comprensible. Nuestra verdadera e íntima preocupación era conseguir tanto dinero y alabanza como fuera posible. Para lograr ese fin no podíamos hacer otra cosa que escribir libros y artículos. Así que lo hicimos.
Pero para hacer un trabajo tan inútil y sentir la seguridad de que éramos personas muy importantes, necesitábamos una teoría que justificara nuestra actividad. Y así entre nosotros se ideó esta teoría:
«Todo lo que existe es razonable. Todo lo que existe se desarrolla. Y todo se desarrolla por medio de la Cultura. Y la Cultura se mide por la circulación de libros y periódicos. Y a nosotros nos pagan con dinero y se nos respeta porque escribimos libros y periódicos, y por tanto somos los hombres más útiles y los mejores».
Esta teoría habría estado muy bien si hubiéramos sido unánimes, pero como cada pensamiento expresado por uno de nosotros era siempre rebatido por un pensamiento diametralmente opuesto expresado por otro, deberíamos haber sido llevados a la reflexión. Pero pasamos esto por alto; la gente nos pagaba dinero y los de nuestro bando nos alababan, así que cada uno de nosotros se consideraba justificado.
Ahora tengo claro que aquello era tal como en un manicomio; pero entonces solo lo intuía vagamente y, como todos los lunáticos, simplemente llamaba lunáticos a todos los hombres excepto a mí mismo.