fortalece. Todavía me sostengo sobre el abismo gracias a los últimos apoyos que aún no se han deslizado bajo mis pies; sé que estoy suspendido, pero solo miro hacia arriba y mi miedo desaparece. Como sucede en los sueños, una voz dice: «¡Date cuenta de esto, es esto!». Y miro cada vez más hacia el infinito sobre mí y siento que me estoy
Recuerdo todo lo que ha sucedido, y recuerdo cómo sucedió todo; cómo moví las piernas, cómo quedé colgado, qué asustado estaba y cómo me salvé del miedo al mirar hacia arriba.
Y me pregunto: Bien, ¿y acaso no estoy colgado ahora mismo exactamente igual? Y más que mirar a mi alrededor, experimento con todo mi cuerpo el punto de apoyo en el que me sostengo. Veo que ya no estoy colgado como si fuera a caerme, sino firmemente sujeto.
Me pregunto cómo estoy sujeto: tanteo, miro a mi alrededor y veo que debajo de mí, bajo la mitad de mi cuerpo, hay un apoyo, y que al mirar hacia arriba reposo sobre él en la postura de equilibrio más seguro, y que él solo me dio apoyo antes.
Y entonces, como ocurre en los sueños, imaginé el mecanismo por medio del cual me sostenían; un medio muy natural, inteligible y seguro, aunque para quien está despierto ese mecanismo carezca de sentido. Incluso me sorprendí en mi sueño de no haberlo comprendido antes. Parecía que a la altura de mi cabeza había un pilar, y la seguridad de aquel esbelto pilar era indudable, aunque no hubiera nada que lo sostuviera. Del pilar colgaba un lazo, de manera muy ingeniosa y a la vez simple, y si uno se acostaba con la mitad del cuerpo en ese lazo y miraba hacia arriba, no cabía la menor duda de caída. Todo esto me quedó claro, y me sentí dichoso y tranquilo. Y me pareció que alguien me decía: