pensantes pueden adoptar conscientemente una actitud de respeto hacia el amor, y abandonar conscientemente en la medida de lo posible la actitud de cínica bufonada con la que con demasiada frecuencia lo tratan,—una actitud que se refleja de manera tan repugnante en el vodevil y la comedia musical actuales.
Es costumbre sonreír ante la idea extravagantemente romántica del amor que tiene la colegiala; pero por muy inalcanzable que sea, la suya es una concepción más noble que aquella que expresa la mayoría de los adultos.
Muy acertadamente, uno no desea hacer públicos sus sentimientos más profundos; pero si temas como el amor y la maternidad no pueden discutirse con naturalidad y sin afectación, más vale dejarlos en paz.
Si hombres y mujeres inteligentes dan el ejemplo, esta actitud mental se extenderá, y al menos las familias cultas se librarán de hábitos tan deplorables como el de mortificar a los niños, que aún no salen de la guardería, hablándoles de sus «amorcitos».